Gustavo Coronel: Cuando el duelo no termina

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A un poco más de tres años de la muerte de Marianela aún estoy en duelo.  En sus obras Sigmund Freud hablaba del duelo prolongado y melancolía como una forma patológica.  La Organización Mundial de la Salud define en sus manuales el duelo prolongado como una variedad del síndrome del estrés post traumático.

En un notable artículo de prensa del 3 de Diciembre, 2023, en el NYT,  titulado “It’s OK to never get over your grief”, el profesor de la universidad de Varsovia Mikolaj Slawkowski-Rodes presenta otra perspectiva sobre el duelo prolongado y explica  por qué ello es  normal y en línea con la calidad de la relación que se ha tenido con la persona ausente.

La tesis que predomina hoy en día, apunta el profesor, es contraria al duelo prolongado y promueve la aceptación de la muerte del ser querido como algo inevitable.

Gustavo Coronel y su esposa

En las montañas de Maryland, 2009.

Sin embargo, en una relación de genuino afecto lo fundamental para cada una de las personas es el interés por el bienestar de la otra persona. Nuestra dedicación hacia la otra persona predomina sobre nuestro propio bienestar. De allí que nuestro duelo sea la tristeza por no verla viva, más que por el vacío que nos genera a nosotros.

El profesor añade que no es solo ese sentimiento de obligación hacia el ausente lo que nos lleva al duelo. Mantener un lugar en nuestro corazón para esa persona nos permite extender lo que había sido nuestra relación en vida, tratando de compartir con la persona ausente nuestros momentos de alegría y buscar apoyo en ella durante nuestros momentos de pesar.

El duelo prolongado nos hace sentir que el mundo ya no es el mismo de antes, que ahora le falta algo. Esto es normal porque, gracias a nuestra relación nuestra propia experiencia de la vida había sido influenciada por la experiencia de vida de la otra persona. Nuestra experiencia de la vida estaba integrada en buena medida por nuestra experiencia de su experiencia.

El duelo está orientado a mantener, en la medida de lo posible, esa experiencia compartida. Yo hago de manera instintiva las cosas en el hogar que Marianela hacía, como ella las hacía: el café en la mañana, lavar y ordenar la ropa, cambiar sábanas y fundas, mantener el sitio limpio en todo momento y no solo cuando tenemos una visita, adoptar y continuar aquellas rutinas que eran de ella.

Esto para mí es una especie de homenaje reconfortante y trata de extender la experiencia que habíamos compartido por 62 años.

Me hace sentir muy cerca de ella, hasta el punto de imaginar intensamente que su espíritu ahora reside en mí.

sp;

Traducción »

Sobre María Corina Machado