A mucha gente le gusta y le interesa la política. Opinan sobre ella con entusiasmo, aunque no participen con la regularidad debida. Ello, porque como bien lo acotó Max Weber, esta ciencia social es de tal amplitud, que se puede identificar como el estudio del Estado y del funcionamiento de sus Instituciones, incluidos los partidos políticos, sin los cuales no habría Gobiernos y para ello esas mismas organizaciones, deben formar y auto formar ciudadanos con sentido de solidaridad, responsabilidad social y acuciosidad, a fin de que sean protagonistas de la actividad política de la Nación, por los efectos que ésta tiene sobre sus vidas.
Para incursionar en el mundo de la política, además de tener nociones mínimas sobre ideologías, asociaciones partidistas, gremiales o sindicales, economía y sociología entre otras ciencias que se relacionan con ella, se debe practicar en la conducta de los dirigentes políticos, tomando en cuenta los principios que la soportan, tales como: tolerancia, pluralismo, respeto a la dignidad y al honor de los adversarios entre otros, pues tal actitud permitirían una sana y pacífica convivencia en procura del crecimiento y desarrollo personal y social, dónde también se privilegien la paz, el trabajo y el bien común, tan menoscabados en estos difíciles tiempos de gobierno y de pandemia.
Y es que la política encarna una actividad humana, social, creadora y libre por los distintos enfoques que se tienen de nuestras sociedades y comunidades, lo que reclama de sus operadores respeto a aquellos principios y a la dignidad humana de los contrincantes; la tarea no es fácil, es casi que titánica, imposible tal vez. Pero no se puede bajar los brazos, por los riesgos que implicaría dejar el ejercicio de la política a la antipolitica o al populismo exacerbado. Sin embargo, a pesar de esas buenas referencias, se ve como se promueve en el debate político el insulto, la injuria, la difamación o en el peor de los casos la “viveza criolla” para acomodarnos como mejor podamos en esta sociedad de sobrevivencia o para humillar o degradar a quien no comparte ideas políticas.
Para coadyuvar a resolver esos vicios de la política, la sociedad necesita políticos que coadyuven a construir una sociedad justa y amante de la paz, como enseña el texto constitucional, como finalidad del Estado, distinta a ésta que tenemos hoy en día; en dónde ese contrato social de convivencia se encuentra bastante erosionado en casi todas las relaciones institucionales, incluidas la de los ciudadanos entre sí. Anhelamos una sociedad de oportunidades, inclusiva, que promueva al ciudadano en la búsqueda de igualdades de superación personal y colectivo. Hoy estamos agotados del depredador socialismo actual; pero también de la distopía que nos segrega cada vez más, por los intereses de sectores, para tranquilidad del Régimen.
Sobre este delicado asunto de los “ciudadanos para la política”, leía en días pasados con cierto pesar al distinguido abogado y profesor José Vicente Haro adversario del gobierno central y defensor de derechos humanos, quien en su cuenta twitter @JOSE VICENTE HARO publicó: “Venezuela nunca logró consolidar valores y principios sólidos de una verdadera Nación. Nunca dejó de ser un cuartel. Es sólo un pedazo de tierra con riquezas, siempre saqueada, sin una ciudadanía con espíritu Republicano. Su Independencia un mito. Su Democracia una utopía”
Ante estas duras palabras nos corresponde a los ciudadanos de Venezuela, reactivar ese espíritu Republicano y no seguir inmovilizándonos o fraccionándonos cada vez más en pleitos estériles, por intolerancia y soberbia política; mientras la expansiva crisis se torna cada día más demoledora.
Enfrentamos entonces a un Régimen Despótico y Hegemónico, frente al cual debemos ejercer ciudadanía, la que no se debe confundir con sedición o subversión; tampoco queremos más división o inmovilización política o social; para que así este cuartel imaginario que es Venezuela en la actualidad, no siga haciendo de nuestra convivencia un mito o una utopía, como nos lo señaló el profesor Haro, refiriéndose a nuestra Independencia y democracia.

