Pedro Morales: La guerra nunca termina

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Al menos son tres los factores, estos son las arrogancia, la vergüenza y el miedo,  los que aprisionan o encierran a cualquier persona en su propia interioridad, que la inhiben a lograr su salvación y felicidad verdadera, e impiden satisfacer a plenitud sus  necesidades espirituales a través de lo que representa la acción propia del Espíritu Santo, esto en lo que respecta fundamentalmente a la grandeza divina de sus dones (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) y sus respectivos frutos (caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad)

La arrogancia, soberbia o prepotencia (falta de humildad o sencillez) característica propia de la persona que se la cree saberlo todo, poderlo todo y decidir acerca de absolutamente todo. La vergüenza, turbación o bochorno atinente a eventos o episodios de la vida, pretendiendo olvidarlos u ocultarlos, pero que significan en la práctica una continua desazón en lo moral, emocional, sentimental, espiritual, etc., y esto con afectación directa o indirecta en el estado de salud integral. El miedo, pánico o cobardía, debido a los apegos materiales, modas o tendencias ideológicas que no se desean renunciar o contradecir la “corriente”, dado  al ímpetu que propicia e impulsa un supuesto grupo que piensa y procede de acuerdo a lo “políticamente correcto”.

Valga la oportunidad para recalcar por una parte, que en lo que refiere a la arrogancia, la misma en términos generales aunque sea duro expresarlo, se logran contrarrestar con episodios de fracaso transitorios o permanentes (de choque o shock) por la cual debe pasar necesariamente una persona, para de esta manera hacerla reaccionar, recibir un “baño de humildad”, y reiniciar de esta forma el camino o “nacer de nuevo”. No obstante, en el caso de aquella persona que esté transitando por este tipo de crisis, no se le haga caso a la voz del demonio, concéntrese por el contrario a escuchar la voz del Espíritu Santo y la Santísima Virgen María, porque ellos lo que quieren es que se descarte o deseche para siempre ese obstáculo de verdadera libertad representada por la arrogancia o pedantería, es decir esa suficiencia, “yo sé”, “yo puedo”, “yo decido”…

Por otro lado, el peligro de la vergüenza es que nos mantiene ciegos frente a la propia realidad. Nos cuesta trabajo admitir cosas que con gusto criticamos en otras personas pero nos duele mucho admitir que nosotros también las tenemos. Pero cuando estamos guiados por cierta vergüenza no se reconocen o no se quieren dar a conocer nuestras propias fallas, lo que en la práctica se traduce en mantener con candado las puertas por donde Cristo quiere entrar, por donde quiere ingresar el torrente bendito del Espíritu Santo.  En relación a ello, son muy importantes los testimonios. Cuando se escucha a otra persona que está hablando, y está diciendo lo que nos da vergüenza decir, pero lo está diciendo, no por un exhibicionismo emocional, sino lo está diciendo porque quiere darle la gloria a Cristo, el enriquecimiento espiritual es vivencialmente maravilloso.

Finalmente en términos generales en lo que concierne al miedo, en el fondo se suele temer a todo aquello que nos cambie lo que se está haciendo.  Se tiene miedo a renunciar a ciertos placeres, a ciertas ventajas, a ciertos privilegios, a ciertas amistades, etc. Se tiene miedo de quedarse solo batallando contra la corriente. Se tiene miedo a renunciar, y como no se quiere renunciar a tal o cual situación, persona u objeto, como no se quiere soltar, entonces no se agarra o se descarta la mano que nos tiende Cristo a través de la Santísima Virgen María. Sea propicio recordar la lección que nos deja la historia del joven rico:

Cuando Jesús salía para irse, vino un hombre corriendo, y arrodillándose delante de Él, le preguntó «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le respondió: « ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo uno, Dios.  Tú sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre”».

 «Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud», dijo el hombre.  Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; entonces vienes y me sigues». Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.” (Marcos 10: 17-30)

Cuando uno descubre la fidelidad de Dios, cuando uno descubre al Dios fiel, verdaderamente fiel, a uno se le acaba el miedo. Como decía aquel gran predicador Luis de Granada en el siglo XVI “El Dios que me trajo aquí no me va dejar aquí”. Dios es fiel y el miedo desaparece. Y el miedo desaparece y vamos a seguir adelante.

No obstante, la guerra nunca termina (es perenne) contra estos factores y todos los demás propensos de inclinación a la maldad o el mal, que incluye a aquellos enemigos asociados a todas las oportunidades en que la inclinación al mal nos tienta a que caer, en hacer lo que no se tiene que hacer… (Deuteronomio 21, 10-14)

¡Al final el Inmaculado Corazón de la Virgen María triunfará!

Por último se reitera la invitación a presenciar este próximo domingo 03-09-2023 una nueva entrega del programa televisivo “Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y la felicidad verdadera”, en este capítulo con el tema: “Mano invisible del mercado vs. La arrogancia, la vergüenza y el miedo”. Transmitido por el Canal 21 (San Cristóbal, Táchira-Venezuela) en el horario de las 9:00 a.m. y 8:00 p.m., y a través de: Canal 21 Táchira

Fuente: Perspectiva Económica y Académica Contemporánea. UNET. Años: 2018 a 2023.Pedro Morales. Postulante a Rector de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET) – pedromoralesrodriguez@gmail.com  @tipsaldia. WhatsApp: +584168735028

 

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Sobre María Corina Machado
     
 
Nuestra Señora del Monte Carmelo
   

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