Carlos Ñáñez: El retorno del control de precios, un Uróboro económico

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Todo es más fácil en la vida virtual. Zygmunt Bauman.

El Uróboro o la serpiente que se come la cola, es una representación mitológica del alquimismo griego que representa en eterno retorno a una posición de inicio a un sempiterno punto de partida y por ende la imposibilidad de repetir las mismas lecciones, la economía como ciencia social demanda la modificación de los procesos de abordaje de los fenómenos a los fines y medios de encontrar resultados distintos, sin embargo vemos como el castillo de naipes de la recuperación económica se desmorona bajo el peso de la fatal arrogancia del comunismo instalado en el poder.

Frente al ascenso de la inflación que para el corte a octubre daba señales de un sólido avance de 155,7%, aunado a un mercado cambiario que no parece encontrar límite de ascenso y oscila para fecha de publicación de esta columna en 13,78 bolívares por dólar mientras que su contraparte oficial, iniciaría toda la jornada del lunes hasta las cinco de la tarde en 11,69 bolívares por dólar, suponiendo una brecha de 17,88%, que redunda en expectativas alcistas y nocivas sobre la estabilidad del tipo de cambio y por ende en la reversión de fallas de base que sostienen la alta inflación y la contracción del consumo, la demanda y el bienestar. El gobierno acude de nuevo al mecanismo por demás adverso de imponer controles de precios y para insuflar mayor grado de incertidumbre la lista presentada en dólares el pasado primero de diciembre, en el portal web de la Superintendencia nacional para la defensa de los derechos económicos, desapareció al día siguiente sin tan siquiera ofrecer una nota explicativa en el portal, se reafirma entonces la condición líquida de las decisiones en materia económica o quizás el trabajo de presentar este listado en bolívares.

En esencia el óbice, para encontrar estabilidad económica reside en la absoluta imposibilidad de insuflar confianza, un elemento harto necesario en cualquier economía y que el régimen de Maduro es incapaz de garantizar, los controles de precios son mecanismos ineficientes, rudimentarios y promotores de mercados desregulados que finalmente promueven el contrabando, la especulación y una economía gris que parece ser la ritornata feroz de esta hegemonía instalada en el poder, la política de intervención cambiaria comienza a dar luces de un franco fracaso para noviembre se han inyectado más de 470 millones de dólares y el ascenso del tipo de cambio ya obliga a corregir pronósticos ofrecidos por el gremio de economistas, pues en medio de semejante entropía es técnicamente imposible predecir algo con certidumbre.

La meta del tipo de cambio a 7 bolívares al final del año es un efluvio igualmente mantener la tasa de inflación en 100% anual luce cuando menos imposible, se proyecta una inflación entre 150% hasta 170%, con lo cual la posibilidad de seguir peligrosamente caminando en el contorno kafkiano de la alta inflación somete a toda la población a una condena de pobreza multidimensional de 81%.

El socialismo es infinitamente torpe en el manejo de la economía y su arrogancia fatal condenan a toda la sociedad a un descalabro cada vez más ostensible, la primera reacción ante el anuncio fue el retorno a los mercados grises y sin regulación, a los revendedores y a las colas infinitas para procurarnos de una cantidad racionada, pues de esa manera actúa la planificación centralizada, el atavismo que atornilla a esta gente en el poder y es el progenitor de esta atroz desigualdad, asimétricos en ingresos, en consumos, en accesos a servicios y en justicia, el país entero gime bajo una posverdad que es cada vez más utilería y menos entidad humana, despersonalizados, sin sustrato en lo óntico cada vez somos más dependientes de códigos y cuentas, de barras y cupos, de símbolos que sustraen el drama de lo humano.

Un país a lo Zygmunt Bauman, líquido regido por redes, por “última hora”, por titulares de tubazo periodístico que hacen cada más más antifragil nuestra existencia disruptiva, no hay seriedad alguna, los anuncios se hacen llegar bajo el imperio de la intangibilidad de los algoritmos de las redes sociales, en donde todo es nimio, intangible, incorpóreo y líquido, lo único verdaderamente tangible e incontrovertiblemente cierto es el ruido cacofónico y ensordecedor de una realidad ígnea, pétrea e inhumana que nos hace ser cada vez menos humanos y más códigos, que nos obliga al ostracismo impuesto para no contravenir la verdad oficial.

Venezuela no se arregló, las mismas recetas para el tratamiento de la situación económica, nos hacen ver que estamos frente a un Uróboro que se come a si mismo, en una suerte de replique de lemniscata infinita de resignación, obediencia y control. Esperemos la lista de regulaciones representada en bolívares, dólares, pepitas de oro, pesos colombianos o en angustia, el resultado es el ir y venir de Giambattista Vico, en este ciclo de errores y horrores que representa el chavismo y su carga retórica inútil en materia del tratamiento económico.

Las redes sociales son una trampa. Zygmunt Bauman.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado