De docente a vigilante, jubilarse en Venezuela es una vida de penurias

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Luego de entregar su vida a la docencia, los maestros jubilados —quienes gozaban de prestigio social y beneficios económicos que les permitían adquirir viviendas, vehículos, así como hacer viajes dentro y fuera del país—, han visto partir a sus hijos y nietos. Hoy, muchos permanecen solos o con poca compañía, con la esperanza de ver regresar a sus familias a la Venezuela de oportunidades, y de recuperar el respeto a su dignidad, arrebatado junto a sus salarios. 

A sus 84 años de edad, Francisca Josefina “Pina” Peña González tiene en la música, la actitud positiva y el cariño de sus hijos el secreto de su vitalidad.

Docente por disposición de su padre, egresó como normalista del Colegio La Inmaculada. Continuó su capacitación en la Universidad de los Andes (ULA) y encontró en la docencia su vocación, sintiéndose útil y feliz en las aulas de clases, donde pasó 61 años formando estudiantes desde el preescolar, educación primaria, media y universitaria.

Llegó a ser jefa de la cátedra de lectoescritura en la escuela de Educación de la Facultad de Humanidades y Educación de la ULA, a la que le dedicó 42 años de su vida escribiendo e investigando, asesorando tesis, cumpliendo el programa y formando ciudadanía con modales y valores en sus alumnos, pues la información para el conocimiento podía ser obtenida por Internet o en las bibliotecas. Su trabajo fue reconocido con varios premios, entre ellos el “Pedro Rincón Gutiérrez”, entregado en diciembre 2021 a los jubilados.

Francisca Josefina Pina Pena
Francisca Josefina Pina Pena

Francisca Josefina «Pina» Peña. Foto: Yanara Vivas. Diario Los Andes

La profesora Pina, quien aceptó la jubilación en 2016 por razones de salud, tiene dos hijos: una docente ulandina y su hijo dedicado al campo y responsable de su manutención, ambos en el país. Como muchas familias venezolanas ve a sus nietos a través de una pantalla.

Durante sus últimos años como docente, al perder la capacidad de compra y ahorro debido a la merma del salario, la educadora recibió por varios meses la ayuda de una amiga en el extranjero que le enviaba 20 dólares. Con eso, Pina los rendía lo más posible y compraba medicamentos.

Pina cuenta con cierta nostalgia como con su salario de docente universitaria pudo adquirir vivienda, vehículo, ayudar a sus hijos, viajar por vacaciones y congresos, así como formar a sus hijos como profesionales. Hoy, su sueldo de jubilada apenas le alcanza para cubrir algunos servicios públicos, ella depende de su hijo para sus gastos, incluyendo al menos cinco medicamentos, requeridos a diario tras sufrir un ACV y superar en cuatro oportunidades un cáncer de piel.

Decidida a enfrentar sus problemas motores y alejarse de la tristeza, se dispuso a realizar un sueño: tocar el piano que permanecía adornando su sala. Recibió clases, pero decidió ella misma dejarlas por consideración a su hijo, luego que este pasara ocho días en una cola para surtir gasolina en Mérida. Hoy, practica ocasionalmente con algunos textos o material digital.

El maestro es el cimiento, la semilla que crece a través de sus alumnos, atestigua la profesora Josefina. «Antes de ser profesionales, médicos, ingenieros, políticos o cualquier otra profesión, debieron pasar por la primaria, bachillerato y la propia universidad donde fueron formados por docentes. Por ello es importante reivindicar la profesión docente«.

La docente considera que para acabar con el país, el gobierno ataca su base más importante, la educación, con la excusa de formar un hombre nuevo que jamás tendrá la capacidad y preparación de quienes se han formado en una universidad tradicional.

De las matemáticas a reparar lo deteriorado 

Reparar “lo que pueda ser reparado” es una perspectiva diferente en el quehacer diario de un jubilado, que pasó de profesor de Matemáticas en la Facultad de Humanidades y Educación de la ULA, con 41 años, tres meses y quince días de servicio, a realizar mantenimiento de equipos y vehículos, algunos incluso sin cobrar cuando se trata de sus amigos o compañeros de trabajo, a quienes el sueldo de jubilados tampoco les alcanza para nada. Es el caso del profesor Carlos Dávila.

Carlos Davila
Carlos Davila

Carlos Dávila, profesor de Matemáticas de la Universidad de los Andes.

Decepcionado por la escasa defensa de sus derechos profesionales y al no encontrar respuesta institucional al deterioro de la base curricular frente a un gobierno sordo e indolente, el profesor Dávila, aun cuando no estaba en sus planes, decidió jubilarse recientemente. Así, pasó a depender de la ayuda económica enviada por su hija, residenciada fuera del país.

Como profesor universitario pudo adquirir su vivienda, pero su salario dejó de ser significativo hace 10 años, cuando perdió el poder adquisitivo. “Ser docente universitario era un honor, con un desempeño casi religioso, que dejó gran satisfacción”, recuerda el profesor Dávila, quien se ocupó de sembrar en sus estudiantes respeto y humildad, valores necesarios en el día a día como ciudadanos y como profesionales.

Se cayeron todos mis sueños y anhelos con la jubilación

Jairo José Valero Coronado, a sus 60 años de edad, recuerda cómo en 2016 le llegó la orden de jubilación. En su momento, él no pretendía dejar de trabajar porque la docencia era lo que más amaba hacer desde 1982, cuando se inició como un maestro de aula en la Escuela Enrique Flores de la parroquia El Dividive, en el municipio Miranda del estado Trujillo.

“Fue una jubilación directa. Trabajé con mucho empeño y nunca pensé en retirarme. La educación es bonita y en mis tiempos mucho más”, declaró vía telefónica al Diario de Los Andes el profesor, quien actualmente vive en la parroquia La Beatriz del municipio Valera.

Narró que durante su trayectoria, no solo estuvo en un aula de clases, sino que por meritocracia ostentó cargos de subdirector y director en la Unidad Educativa Bolivia, en el municipio Candelaria y la Escuela Prevocacional Los Negros, en el municipio Andrés Bello.

En esta última institución, ubicada en la parroquia El Jagüito, dijo haber luchado por mantener el espíritu de la educación en valores y de calidad, que había aprendido durante su formación docente. Por ese motivo, además de su visión ideológica y política, se convirtió en la piedra en el zapato de los cambios introducidos por el gobierno de Hugo Chávez.

“Luché mucho. Tenían ganas de sacarme y la única manera era por medio de la jubilación directa. Tuve muchos problemas, porque lo mío era seguir el patrón en el cual me formé. Nada de pintar una pared y pasar materias. La educación que promovía era de calidad, una educación en valores. Por eso, mis ex alumnos hoy día son abogados, médicos, odontólogos e ingenieros. Ese es mi gran orgullo”, comentó Valero.

Antes de la llegada de su jubilación, como otros tantos docentes, tenía la esperanza de retirarse y poder tener garantizada su vejez, pero como él afirmó: Al recibir la jubilación se cayeron todos mis sueños, anhelos y alegrías. Esperaba poder mantener a mi familia, pero todo lo que pude comprar fue cuatro kilos de carne y uno de queso”. En ese año, señalado en la historia contemporánea como el inicio de la crisis económica actual, el maestro, que dedicó 36 años de su vida a la educación, solamente recibió tres millones de bolívares.

De docente a vigilante

Actualmente, luego de pasar dos reconversiones monetarias, Jairo percibe no más de 250 bolívares mensuales. “Este gobierno cree que es una dádiva que nos da, cuando no, eso nos costó trabajo. La situación de los jubilados es difícil”, manifestó Valero, quien labora como vigilante en una empresa de la ciudad, gracias a las recomendaciones de un amigo. Alguien que le salvó la vida.

“Empecé a vender tacos, pelotas, todo lo que tenía de implementos para jugar softball. Comencé a dar clases en mi casa, pero no pagaban bien. Estaba delgado, padecía de una enfermedad que inflamaba todas las articulaciones (espondiloartritis), me causaba dolor y me impedía caminar», recordó el docente.

A su mamá en ese tiempo le dio un ACV y era el único que la cuidaba, hasta que murió en diciembre de 2021. «Gracias a la ayuda de mis amigos pudientes, que me depositaban para comprar medicamentos, sobreviví. Fue una etapa muy difícil para mí”, contó el jubilado, a quien poco después le recomendarían el puesto de trabajo.

En ese cargo, gana seis veces su salario de pensionado y puede mantener a la menor de sus cuatro hijos, que apenas tiene 15 años de edad y cursa bachillerato en un colegio privado de Valera. Sus otros tres hijos, dos de ellos educadores, también han padecido las consecuencias de los bajos salarios. “Una se fue a Perú, me ayudó en su momento, pero la vida del inmigrante es fuerte también. Otro de mis hijos es comerciante en El Dividive. Todos me han ayudado y se han sentido afectados por la situación”.

Jairo Valero trata su enfermedad con pastillas y asegura haber asumido una mejor actitud para mantener su salud física y mental, no se deja desanimar y saca a relucir lo positivo de su experiencia en la educación rural trujillana.

“Mi trayectoria es mi orgullo. Desde 1982 he formado a muchos jóvenes, que hoy son profesionales. Me gané el cariño de la comunidad de El Jagüito, formé amistades y contribuí con el fortalecimiento de su economía. También soy fundador de la Escuela Especial en Santa Isabel, mi obra. La fundé con la esperanza de que mi hija diera clases ahí. Ojalá las condiciones mejoren en el país y pueda volver”, finalizó el educador.

Muchos enferman y mueren.

Los profesores universitarios, tantos activos y especialmente los jubilados, no escapan al agravio de salarios no acordes a la realidad social y económica del país. Johny Humbría, presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad de Los Andes en el estado Trujillo, explicó al Diario de Los Andes que los docentes deberían cobrar al menos $600 mensuales para cubrir sus necesidades básicas.

“El salario de los profesores jubilados es similar al de los activos y oscila entre los 20 y los 200 dólares, dependiendo de la categoría con la que se haya jubilado. En algunos casos excepcionales, uno que otro profesor jubilado, con primas por autoridad, doctorados u otras, podría alcanzar los 200 dólares. De esos casos son muy pocos los que devengan ese sueldo. El promedio está en los 60 dólares mensuales”, precisó Humbría.

¿Se puede mantener una persona con la jubilación de la universidad?

-Imposible, solo basta con revisar las cifras del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, que presenta el precio de la Canasta Alimentaria Familiar en más de 2.500 bolívares, es decir, en aproximadamente 415 dólares y mes a mes sigue aumentando. Para cubrirla se requiere un ingreso de 600 dólares mensuales. En términos nominales, las tablas salariales aprobadas discrecionalmente por el gobierno nacional, redujeron el ingreso integral de los universitarios”, detalló el profesor.

 

Actualmente, la Universidad de Los Andes cuenta con más de 2.600 profesores jubilados, cuya calidad de vida desmejoró debido a lo que Humbría considera una política de Estado. Esta se inició después de 2004, cuando el gobierno impuso una Convención Universitaria Colectiva Única, firmada por sindicatos, a juicio del profesor, sin representación legítima. En consecuencia, se desmejoraron las condiciones socioeconómicas de los universitarios.

“La negociación colectiva desapareció, en los años 2009, 2010 y 2012 no hubo aumento salarial alguno para el sector universitario. Para el 2021 un profesor titular tenía un salario mensual de 11 dólares al mes”.

Johny Humbria
Johny Humbria

Johny Humbría: Se ha documentado la progresiva pérdida de peso de gran parte del personal universitario, incluyendo profesores jubilados. 

¿A raíz de los salarios de activos y jubilados, qué otros problemas se pueden estar generando en la Universidad?

-Los bajos y miserables salarios de los profesores activos generan deserción y renuncias, jubilaciones prematuras y procuran que los nuevos talentos profesionales no quieran concursar para ingresar como profesores e investigadores de la universidad venezolana. También hacen que muchos profesores jubilados no se reincorporen como «jubilados activos».

A esto se suma la asignación presupuestaria de la ULA, de la que hasta junio de 2022 solo había recibido el 1%. Algunas dependencias han tenido que trabajar con partidas de nueve bolívares para un semestre.

Una lucha para lograr mantenerse

Sobre los jubilados y su modo de vida post retiro, Humbría explicó a Diario de Los Andes que hay unos más afectados que otros, debido a sus edades. Los más jóvenes han tenido que ejercer de nuevo, migrar o cambiar de campo radicalmente para mantenerse. Aquellos con más de 70 años son los que más padecen.

¿Conoce casos de profesores que se han jubilado y emprendido en otras carreras u oficios?

-Así es, ya son muchos los casos que hemos registrado y estamos comenzando a contabilizar. A los profesores mayores de 70 años se les dificulta dedicarse a otra actividad, pero la mayoría sigue escribiendo y produciendo. Incluso se han reincorporado a sus labores docentes. Es que dar clase en Venezuela se convirtió en una actividad altruista.

Los más activos son los del rango de 50 a 70 años, quienes se han ido del país y aplican en universidades extranjeras o imparten clases de educación media. Los que se quedaron vendieron sus bienes para irse o invertir en el comercio.

En el comienzo de la crisis, hubo quienes sobrevivieron de ahorros, de ventas de sus electrodomésticos, pero finalmente terminaron por depender de remesas enviadas por sus hijos en el extranjero.

Muchos son los profesores que se enferman y mueren. Casi la mitad ha perdido su peso normal. Se ha documentado la progresiva pérdida de peso de gran parte del personal universitario. Esto incluye a los profesores jubilados, cuyos salarios no alcanzan para cubrir terapias, consultas médicas, ni gastos de alimentación, manifestó Humbría.

De acuerdo con el entrevistado, muchos de los casos son atendidos por el Instituto de Previsión del Profesorado (IPP) de la ULA, pero con limitantes impuestas por el déficit presupuestario.

¿Qué propuestas hay desde el profesorado pronto a jubilarse para revertir esta problemática?

Hay una mayoría de profesores que cumplimos el tiempo reglamentario para optar a la jubilación y seguimos activos, muchos se han jubilado y siguen activos. Educar es la labor más loable que un profesional puede emprender. Hoy los profesores jubilados están más activos que nunca y pese a las vicisitudes, están en la vanguardia. Su fortaleza en esta “emergencia humanitaria compleja” ha sido fundamental en los intentos sistemáticos y consuetudinarios del gobierno, al pretender eliminar la autonomía universitaria.

Parte de esas soluciones ha sido la de mantenerse activos y en ejercicio de la educación.

Maduro ha sido una desgracia para jubilados en Bolívar 

Al sur del país, en el estado Bolívar, se registra el mayor número de jubilados en el territorio debido a la presencia de las empresas básicas en sus latitudes. La Corporación Venezolana de Guayana cuenta con alrededor de 11 mil jubilados, según las declaraciones del presidente de la Federación de Asociaciones de Jubilados y Pensionados del estado Bolívar (Fedajupebol), Hugo Medina.

El retiro de oro parecía tener una ubicación: Ciudad Guayana. La bonanza industrial no solo era garante de una vida holgada y beneficios familiares, sino que brindaba la tranquilidad de contar con una jubilación suficiente para vivir dignamente y, además, los retirados del holding CVG contaban con el servicio de Cirugía, Hospitalización y Maternidad (HCM) aun al pasar a situación de retiro.

Hoy los jubilados de estas empresas, quienes también son enfermos ocupacionales debido a las condiciones de trabajo del emporio industrial, mueren por falta de atención médica oportuna y viven rogando que en alguno de los centros de salud a los que son referidos cuenten con medicinas para la tensión, la diabetes o los problemas respiratorios.

El HCM, que en otros tiempos cubría a todo el grupo familiar del trabajador, hoy ya no existe. Los trabajadores han denunciado reiteradas veces que el Hospital de Trabajadores de Guayana no tiene capacidad para atender a las 20 mil familias que comprende la nómina de CVG, ni a sus pensionados.

Luis Diquez trabajó durante 26 años en CVG Venalum, empresa de la cual está jubilado desde 2018. “Solicité la jubilación en 2007. En ese momento la empresa tenía un proyecto para preparar al trabajador para separarse de la compañía. Si se hubiese seguido aplicando, lo podríamos manejar mejor”, explicó Diquez, quien aseveró que en aquel entonces el presidente de la empresa, Isaías Chourio, les aseguró que todo estaba siendo planificado para su bienestar.

“Los primeros años no hubo problemas. Te daban tus medicinas puntualmente. No obstante, años más tarde se nos desgració la vida a más no poder. Lo que nos ha faltado es salir a recoger plástico de las avenidas para vender. La llegada de este presidente obrero fue una desgracia para los trabajadores, pero más aún para los jubilados. Somos el eslabón más débil de la cadena”, dijo el trabajador, quien catalogó la realidad como triste y desconsoladora.

Falta de atención médica, ausencia de medicamentos y una pensión paupérrima son las condiciones de vida de las personas de la tercera edad. Pese a que en marzo de este año el Ejecutivo decretó un aumento de 1704% de salario mínimo, este incremento fijó la pensión en 130 bolívares, es decir, 16 dólares (a la tasa del Banco Central de Venezuela correspondiente al 25 de agosto de 2022), mientras la canasta básica, según el Observatorio Venezolano de Finanzas, está fijada en 392 dólares.

Debido a la gran demanda de profesionales que trajo a Guayana la creación de CVG, la urbe se convirtió también en la ubicación de universidades públicas, las cuales veían sus aulas repletas de jóvenes que esperaban recibirse como ingenieros o licenciados para poder obtener un trabajo en el emporio industrial.

Quienes atendieron esta demanda profesional fueron, evidentemente, los profesores universitarios, quienes contaban con beneficios sociales en el área habitacional y de salud.

El profesor obtenía primas por profesionalización y antigüedad. La Oficina Nacional de Presupuesto (Onapre), órgano presupuestario del sector público, en 2022 rebajó estas primas salariales al 50% desmejorando las condiciones laborales de los educadores, política ilegal según lo establecido en la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras donde se establece la progresividad de los beneficios laborales.

El doctor Elio Sanoja pasó los últimos años de su vida profesional como docente de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), institución que le otorgó la jubilación en 2015. Sanoja laboró durante 26 años como profesor de Botánica en la carrera de Industrias Forestales.

Jubilados en Venezuela
Jubilados en Venezuela

La calidad de vida de un jubilado es deplorable.

El monto no alcanza ni siquiera para sobrevivir y cada vez baja más. Solo se puede comprar comida, las medicinas están fuera de mi alcance”, declaró el profesor universitario, quien por contar con estudios de doctorado tiene el mayor nivel de profesionalización y, por lo tanto, en su gremio es uno de los jubilados que obtiene mayores ingresos.

Las distracciones y mejoras habitacionales son una utopía para el sexagenario, quien asegura que actividades como el cine, el teatro, los deportes o cualquier medio de distracción representan demasiado costoso para sus ingresos.

Yanara Vivas | Diario Los Andes  / María Gabriela Danieri | Diario Los Andes / Francesca Díaz | Correo del Caroní – Cronica.uno

 

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