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Antonio Urdaneta Aguirre: Unidad o conformismo

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Ha concluido ese corto período que, durante muchas décadas, fue conocido como la “Semana del Maestro”. Ya hace varios años que esos siete días perdieron el sentido que tuvieron para los educadores, así como también para el resto de la sociedad venezolana, en especial para la comunidad educativa nacional. En el transcurso de ese lapso, los trabajadores de la enseñanza hacían un inventario de los logros laborales, socioeconómicos y profesionales alcanzados.

Del mismo modo se revisaba la contratación colectiva existente, en función de los ajustes y reclamos a los que hubiere lugar. Asimismo se recogía el clamor del sector en cuanto a sus exigencias y aspiraciones. Lógicamente nunca faltó en la agenda de la “Semana del Maestro” la evaluación de la situación del sistema educativo nacional, a objeto de sustentar planteamientos sobre las rectificaciones o innovaciones requeridas para el mejoramiento y la calidad de la educación.

Aunque sea para seguir arando en el mar, es saludable recordarle al magisterio y a sus dirigentes, una vez más, que la “Semana del Maestro” y casi todas las reivindicaciones económicas, laborales, profesionales, sociales y sindicales que se habían conquistado, las cuales han debido consolidarse definitivamente, se perdieron. Por supuesto, nada se gana o se pierde sin que haya una causa para que eso ocurra. Sí, y en lo que respecta a los educadores la causa fue la ruptura de la unidad del magisterio.

Efectivamente, la proliferación de sindicatos y federaciones teñidas de colores políticos, aunque hoy sobran los defensores interesados de esta atomización del ejercicio y la lucha sindical, pulverizó la unidad que durante varios años hizo del magisterio el sector laboral más respetable por los patronos respectivos. En la actualidad el proceso se ha invertido; ahora los poderosos, y que además se hacen respetar a juro, son los empleadores.

Se ha dicho siempre que todo tiene solución. Pues bien, esta premisa y la capacidad de reflexión y análisis que es propia del ser humano, y que debería ser una condición intrínseca del educador, tal vez logre, en el transcurso de un tiempo preferiblemente corto, sustituir las actuales coyunturas de la división, por la auténtica unidad estructural de los educadores de los diferentes niveles del sistema educativo y todas las tendencias sindicales que hoy están dispersas en un archipiélago de siglas y acrónimos.

Sobre los dirigentes recae esta responsabilidad; pero mayor es la del colectivo magisterial, porque éste también reflexiona y analiza y, por lo tanto, debería activarse. Si esto se pospone más, entonces a conformarse con la miseria.

Educador / Escritor -urdaneta.antonio@gmail.com – @UrdanetaAguirre

 

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