Julieta Cantos: ¿Ciudades más humanas?

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En 1981, un Fruto Vivas, vigoroso, difundía su discurso a quien quisiera escucharlo…y a quien no también, sobre por qué la lucha debía ser por ciudades más humanas.

Planteaba que si no había un cambio estructural a fondo que hiciera retroceder el éxodo hacia las ciudades, sería imposible detenerlo, y se enfocaba principalmente en las áreas metropolitanas de las ciudades venezolanas. Justamente, la elaboración del Plan Rector del Área Metropolitana de San Cristóbal estaba en pleno apogeo. Se veía como la alternativa para redireccionar el crecimiento de las poblaciones que lo conformaban, lo que implicaba una revisión exhaustiva de las ordenanzas existentes, así como una visión distinta. La norma debe existir, pero debe formularse con sentido de realidad, pertenencia y pertinencia de las circunstancias y realidades sobre las que se va a aplicar. Este era un equipo interdisciplinario e interinstitucional, lo cual le daba una diversidad poco común, además de ser un equipo íntegramente de aquí. Es decir, que se elaboraban los planes con visión regional y no central. Los errores eran propios, no importados, ni réplicas de los errores de otras realidades.

Pero el papel aguanta todo. Las directrices eran interesantes y hasta creativas e innovadoras para el momento, pero necesariamente, como todo plan, debía ser revisado periódicamente para su adecuación y adaptación. Esto nunca se hizo. Aquellas guarderías ambientales coordinadas por el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, MARNR, a las que tanto apostamos para vigilar las zonas protectoras y el respeto de cómo debía ser su funcionamiento para proteger los desplazamientos de uso por presión urbana, la protección de las quebradas, y cabeceras de nuestros afluentes, que son uno de los valores más importantes que como estado tenemos, es decir, nuestros recursos hídricos, fueron ignoradas, y cedidos esos espacios que eran parte importante de la garantía que requería el Área Metropolitana, para un funcionamiento orgánico, armónico, equilibrado. Resguardar las cabeceras, consolidar la presencia campesina regulada, con cultivos y actividades cónsonas con esas zonas, la delimitación de la expansión urbana, la racionalidad en el uso y distribución de los servicios públicos…todo esto no se hizo, se nos escapó de las manos, como se le escapó a Caracas, y a las principales ciudades de Venezuela, y no hubo dolientes, salvo casos aislados. El negocio se impuso, y los garantes del resguardo se volvieron cómplices. Y aquí es donde volvemos a lo de siempre…el desarrollo de la consciencia individual es necesario, para no fregarnos en lo colectivo, que a fin de cuentas es lo que garantiza no solo la supervivencia, sino el buen vivir para todos. El día que cada uno de nosotros defienda el deber ser (la norma diseñada), y se oponga al no deber ser, aunque signifique estar en contra de nuestros propios intereses, podremos avanzar como sociedad, y lograremos alcanzar estadios superiores de convivencia.

Pero continuando con la disertación de Fruto, en ese mismo 1981, él comentaba cómo un apagón de tres horas en un pequeño rincón de Caracas paralizaba toda la ciudad, con los motores de los carros vomitando veneno. Y sentenciaba cómo Venezuela, yo diría que el mundo entero, no iba hacia la eliminación del motor de combustible, sino todo lo contrario, se incentivaba su producción…igual que ahora. Él hablaba de migrar hacia el uso de vehículos con gas para disminuir el índice de contaminación, pero que lo ideal era el motor eléctrico. Y hablaba sobre la decisión de no comprar ni producir motores envenenadores del medio, y de cómo lo que se necesitaba era tener gobiernos preocupados por la calidad de la vida. Y hablaba cómo con el Guri teníamos suficiente electricidad para cada uno de los venezolanos. El pequeño problema de esto, es que significa violentar todo lo establecido en el plano económico, social, humano. Esta es la verdadera revolución. Migrar hacia tecnologías ecológicas, y nuestras. Descentralizar todo lo grande. A ver si me explico. En vez de grandes centrales eléctricas, como el Gurí, estaciones menores, independientes, por regiones; en lugar de grandes hospitales, pequeños centros de atención; en vez de grandes hipermercados, fortalecer nuestras bodegas (lo que significa proximidad y, por tanto, evitándose costos por traslado y consumo de combustible), con mejores precios y productos frescos, con ganancia pero sin usura. Es manejar la escala humana de la que siempre hablamos para generar ciudades humanas. Esto significaría ser realmente libres e independientes, con un desarrollo científico y tecnológico propio, con una reorientación en la utilización de nuestro petróleo. Generando riqueza, no solo dinero. El dinero genera dinero, pero no genera riqueza. El trabajo productivo genera riqueza. Pero, como dije antes, el papel lo aguanta todo. La concentración facilita las cosas para el productor y el comerciante. Ello obligaría a redefinir el cómo se produce para abastecer sectorialmente…y una vez más obligarnos a nosotros mismos a redefinir cómo queremos vivir.

 

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Sobre María Corina Machado