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Oscar Fuenmayor: La rebelión de las mascotas

 

¿Moriremos de sed antes que de hambre o peste?

Me comentó una vecina que estaba muy preocupada por su perrita Perry, la cual  estaba manifestando un comportamiento muy extraño. Cada vez que ve  políticos en la televisión se pone como medio rabiosa y se hace difícil controlarla. Dijo que la ha estado observando hace varios días para estar segura no vaya a ser que la pandemia y el desastre de servicios públicos que todos estamos padeciendo le estuvieran afectando el juicio. Según ella, su mascota siempre ha sido sociable y tranquila, pero eso sí, que no aparezca un  político en la pantalla  porque entonces le da por gruñir y ladrar y hasta ha llegado a aruñar el único sofá de la casa que les ha quedado por causa de la crisis.

Le pregunté si era con todos los políticos o solo con algunos.

“Voy a fijarme, pero por lo que he visto hasta el momento se enfurece con los que casi siempre están declarando del lado del Gobierno y del lado de la oposición esa que pide que nos invadan. Se pone así inmediatamente cuando estoy cambiando los canales buscando algo para olvidarme de los bajones de luz que me dañaron la nevera y el aire acondicionado y, si  aunque sea por instantes, aparece Diosdado en la pantalla con su famoso mazo, es cosa de ver, se pone como loquita y pela los dientes; es claro que no le gusta ese programa. También se pone rabiosa cuando ha visto a Donal Trump o a Guaidó; a veces creo que mi perrita entiende de política”.

Como no soy ni veterinario ni he tenido mascotas le recomendé que escribiera a César Millán, «El Encantador de Perros», que fue lo mejor que se me ocurrió en aquel momento.

Podrá parecer que lo estoy inventando, pero he recibido por  mis chat y por otras vías  reportes parecidos desde distintas partes del territorio nacional

acerca del comportamiento de las mascotas. Misia  Concha, por ejemplo,  quien vive justo al lado de mi casa y que siempre se queja del miserable monto de La pensión, reportó que su gata venía subiéndose a la batea con una frecuencia mayor a la acostumbrada y armando tremendos zaperocos, pocos días después de haber visto a Guaidó asegurando que sí devolvería al país los 80 millones de dólares que tomo prestados, pero seis meses después que cese la usurpación.

El loro de mi comadre Petra, quien siempre la acompaña cuando ve la tv, enmudeció inmediatamente después de haber oído a un funcionario del partido que el Gobierno garantiza la soberanía alimentaria del país. Desde entonces, está que ni habla ni quiere dar la patica pese a los esfuerzos abnegados de su dueña. Hay rumores de que la cabra mocha de Josefita Camacho, luego de haber estado viendo a Sandra Oblitas en un papel periódico que se estaba comiendo,  ahora sí se estaba dejando agarrar por los  muchachos, cosa que nunca se había visto.

Jackson Galaxy Quintero, quien  tiene varios gatos en su casa y vive en la capital, refiere su propia anécdota:

“Unos segundos después de comenzar cierta alocución presidencial acerca del socialismo territorial y el Estado Comunal observé como mis gatos salían despavoridos de la casa. Salí muy sorprendido a la calle a buscarlos  y noté por los alrededores varias aglomeraciones de estos peludos animalitos.  Llamó mi atención que por aquí y por allá los gatos se hubieran concentrado en pequeños grupos en silencio. No sé por qué me pareció que estaban como a la expectativa de algo, como esperando una señal. De repente comenzaron a maullar todos al mismo tiempo, lastimeramente, como si presintieran que más cosas malas van a pasarnos dentro de poco, emitían un solo miau miau monótono como un mantra, acompasado y triste, que traspasaba el alma”.

Según Hoskjar Fhuenmahllor, miembro distinguido de mi parroquia, “Es natural el comportamiento de nuestras mascotas dado que se han integrado de tal forma a nuestras vidas y a nuestros sufrimientos que ya hasta pueden adivinar cuando algo va a afectarnos. De tanto compartir con nosotros  se nos van pareciendo al punto de que compartimos problemas  comunes de nutrición y de salud. Es más, tanto se nos parecen ya que por eso no es raro ver tantas caras de perro en las instituciones del Estado. Observemos a nuestras mascotas pues en su comportamiento podríamos encontrar las señales de algo que va a ocurrir o está ocurriendo ya en la naturaleza o en el país”.

Después de reunir testimonios y opiniones de ciudadanos de a pie cualquiera podría pensar que no se trata de casualidades aisladas y que algo muy extraño está ocurriendo en el país con nuestras mascotas. Desde gallinas acostándose después de las 10 de la noche, o el ladrar prolongado de perros el mismo día de una cadena, podrían estar dando cuenta de que no estamos solos del todo en la tragedia de la vida cotidiana que confirmamos en nuestros estómagos vacíos. Que si bien parecemos abandonados a la intemperie económica por el  Gobierno y la oposición que pide  mas sanciones y hambre, al menos nuestras mascotas siguen leales con nosotros en el sufrimiento y por eso nos acompañan a escudriñar en la basura como parte entrañable de la familia. Nuestras mascotas y otros animales estrechamente relacionados con nuestra vida cotidiana presienten y sienten lo que nos pasa porque también los afecta a ellos.

Si usted nota que los burros cambiaron su ancestral hora ritual  de la 01:00 PM a pleno sol para las 03:00 PM de la tarde,  o que las hormigas entran y salen frenéticamente de sus galerías subterráneas sin la inminencia de una tempestad, entonces tome previsiones: los  altos precios de alimentos y medicinas  van a desatarse sobre usted,  su familia y sus queridos animalitos.

¿Qué está pasando con nuestras mascotas?

¿Por qué los perros aúllan al ver a los políticos por los medios?

¿Los gatos  presientes acontecimientos políticos?

¿Volverá a hablar el loro de Doña Petra?

¿Cuánto más sobrevivirá misia Concha con esa pensión?

¿Quién se responsabiliza por los electrodomésticos dañados?

 

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