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José Ríos Lugo: Inútil mayoría

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Durante los primeros 14 años del presente siglo XXI la oposición venezolana fue, irrefutablemente minoría frente al chavismo, quienes ganaron holgadamente todos los procesos electorales, a excepción del Referendo Constitucional del 2007. Gracias al fenómeno en popularidad que fue Hugo Chávez Frías, al ventajismo gubernamental, al abuso de poder y a la conformación de una estructura partidista-electoral realmente demoledora, el PSUV. Que ni la unidad de todos los partidos de oposición agrupados en la llamada Coordinadora Democrática pudo superar.

Con sus altos y gran cantidad de bajos (errores garrafales), la oposición venezolana expresada en esa CD, enfrentó por todas las vías posibles al gobierno de Chávez: grandes marchas, golpe de Estado 2002, paro petrolero, abstención 2005, guarimbas del 2014 y participación electoral (gracias a la cual y a pesar de ser minoría logró ganar en 2007 el RC, así como alcaldías, asambleas legislativas, concejalías, gobernaciones y escaños en la Asamblea Nacional que permitieron conquistar y mantener importantes espacios de poder para hacer contrapeso al “omnipotente” Poder Ejecutivo chavista).

Con el repentino fallecimiento del líder de la revolución bolivariana Hugo Chávez, y ayudado por la falta de liderazgo y una pésima gestión de gobierno que desde sus primeros días realizó Nicolás Maduro, la oposición gradualmente en tan solo 3 años (2013 a 2015) pasó de ser minoría a convertirse en la gran mayoría. Como quedó irrefutablemente demostrado con el triunfo arrasador del 6D de 2015. Donde la oposición obtuvo 112 de los 167 diputados que conforman el parlamento. Sin dudas, la “unidad perfecta” de la oposición de entonces, ya agrupados en la MUD, fue un factor determinante para el triunfo.

El 7 de diciembre de ese año 2015, la oposición venezolana se veía como invencible y en la embriaguez que produce la victoria, en dirigentes inexpertos, con muy poca formación política y rose de calle la oposición se fue desviando del camino que la llevó a ese gran triunfo, por vez primera, frente al ahora chavidurismo. El camino de la participación electoral.

Los factores radicales y/o extremistas de la oposición liderados, principalmente, por Leopoldo López, Julio Borges, María Corina Machado y Alberto Federico Ravell. Volvieron a tomar las riendas de la conducción de la oposición con el objetivo claro de sacarla de la vía electoral. Vía mediante la cual ellos no podían llegar al poder (con López en la cárcel completamente anulado), por no contar con el liderazgo requerido. Con el respaldo popular necesario que se tradujera en votos.

Esos factores tóxicos de la política, que venían de rotundos fracasos, ya aquí descritos, lograron su mezquino objetivo, anteponiendo sus intereses individuales y grupales, a los del país. Así nos condujeron a las marchas y protestas del 2017 (“la salida”), cuyo resultado (por cierto, conveniente a los intereses de los extremistas aquí señalados) fue la muerte EVITABLE de 170 venezolanos, a quienes enviaron o en todo caso no impidieron (pudiendo hacerlo) que enfrentarán a los cuerpos armados del Estado con piedras, botellas, palos y escudos de cartón.

En 2018, como ya todos sabemos, los mismos personajes siguieron apartándonos de la ruta electoral. No realizaron primarias entre los partidos de oposición a finales del 2017, aún y cuando sabían que el gobierno adelantaría las elecciones presidenciales para el primer semestre del 2018. Claro, la ruta y el objetivo seguían siendo los mismos, apartarnos de la única vía exitosa que ha tenido la oposición en estos 21 años, la electoral. Ya para entonces, y usando o aprovechándose perversamente las terribles muertes de nuestros valientes y nobles muchachos en 2017, perseguían contar con el apoyo de la comunidad internacional y que fuere está y no los propios venezolanos quienes resolvieran el problema.

Conforme a sus intereses sectarios llevaron al país, nuevamente, a la abstención a pesar de la nefasta experiencia del 2005 que no había producido ningún resultado favorable para la causa opositora, sino que por el contrario, le había dado la posibilidad al chavismo de hacerse con el control de todos los poderes del Estado, al haberles regalado la Asamblea Nacional, gracias a la abstención.

Prometieron lo que no estaban ciertos a cumplir, salir de Maduro como consecuencia de la abstención. Eso no pasó en 2018 como habían asegurado. Entonces volvieron a engañar a los venezolanos haciéndoles creer que en 2019 sería la comunidad internacional la que sacaría a Maduro del poder presionando las FANB para que dieran un golpe de Estado, con las sanciones (que al igual que en todos los países en que se han aplicado solo afectan la calidad de vida del pueblo, no la de los gobernantes) o con una invasión militar de EEUU. Igual nada de eso pasó. En el presente 2020, la apuesta aventurera fue la contratación de mercenarios en la infame Operación Gedeón o “Macutazo” y la apuesta por una explosión social que derroque a Maduro, lo que solo ha sumado nuevos rotundos fracasos a la larga lista, en 21 años, de esa oposición extremista.

Hoy, esos factores tóxicos de la política y del país, persisten en su agenda del fracaso. Sin voltear a ver las amargas experiencias, lo inútil que fueron la abstención del 2005 y del 2018, para el objetivo de la gran mayoría de los venezolanos que es salir del gobierno de MADURO. Una vez más colocan al pueblo en la falsa disyuntiva de “si votar o no votar”. Guaidó sabe que de ir al proceso electoral parlamentario él y los otros diputados de la improvisación y el fracaso, no contarán con el respaldo del pueblo, que está tan decepcionado de esa gestión que no presenta ningún logro en función de mejorar su vida, como de la de Maduro. Todas las encuestas así lo reflejan.

No están dispuestos a poner en riesgo su permanencia en el poder (el que les da la Asamblea Nacional, con la presidencia virtual de Guaidó), participando en el proceso electoral de diciembre. Poder que les permite privilegios como el de la fortuna en ingresos mensuales que reciben $5000 entre otras asignaciones. Por lo cual, se han dedicado a desprestigiar al nuevo CNE, porque lo nombró el TSJ. Lo que no dicen es que fue gracias a que ellos en 5 largos años no tuvieron la voluntad política, no quisieron designarlo.

El nuevo CNE, supera en todo al anterior del Tibisay Lucena. En el de Lucena la oposición tenía un solo rector y lo presidía ella. En este nuevo CNE la oposición tiene 2 rectores y no está Tibisay. Con el CNE de Tibisay, que también fue nombrado por el TSJ y en aquella ocasión se aceptó sin chistar, la oposición ganó, arrasó en las parlamentarias del 2015. Hoy, teniendo 2 rectores y lo más importante contar con más del 80% de los venezolanos que quieren salir del gobierno, si al igual que en 2015 esa gran mayoría sale a votar, no habrá trampa, ni CNE que pueda trucar una avalancha de votos mucho mayor que la de las parlamentarias pasadas.

La oposición fue minoría en los primeros 14 años del chavismo (a pesar de eso ganamos importantes espacios de poder, que ya hoy no tenemos), le costó un mundo transformarse en la gran mayoría que hoy es y no ha sabido aprovechar ese hecho. Las dos principales preguntas que debemos hacernos los venezolanos hoy es: ¿de qué nos sirve el ser, quienes queremos salir de este gobierno, la gran mayoría? ¿Si decidimos hundirnos nuevamente en la nada de la abstención, cuál es el plan concreto, realista y viable que tenemos, alternativo al voto, para lograr un cambio en Venezuela?  Exijamos a los dirigentes de la oposición que contesten estas preguntas, que no la sigan evadiendo o respondiendo con clichés como “en dictadura no se vota”.

@joserioslugo

 

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