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Nelson Morán: Salvemos a Venezuela I

 

En estos momentos aciagos, donde estamos amenazados por varios factores, internos y externos; pandemias (Corona virus/Covid-19), hambre, miseria, ausencia de medicinas, pésimos servicios públicos, y pare usted de contar; se hace más que necesario ejercitar nuestra memoria, y acabar con aquello de que somos olvidadizos, de memoria frágil y corta.

Evoquemos, entonces, cuántas veces no se ha invocado el salvar a la patria para ganar tiempo y mantener la impostura, a los impostores; hagámoslo y recordemos, también, que siempre han estado presentes los insultos, expresiones despectivas y la prepotencia, aunque está última sea de careta. Con ese comportamiento, aún temerosos, quien puede creerles y confiar en ellos.

La desconfianza ha llegado y por los momentos no se irá, ha ganado fuerza en todos los campos y sectores; muchos falsos positivos, generados principalmente por los impostores; muchas dobles caras y gente que miente descaradamente, o en todo caso habla con medias verdades/mentiras para conservar privilegios (en todos los sectores), que a la postre de nada le servirán, a menos que su intención sea causar más daño al país. Recordemos el teatro de la Asamblea Nacional (AN); y por cierto J Parra andaba desaparecido y se auto nombró para el mamotreto de Consejo de Estado, sin suplente. Será que no confía en nadie más?

Así está la situación que hoy confrontamos y queremos terminar para dar paso a una visión renovada y futurista de país, con garantías ciertas de una vida mejor para todos; y  si por circunstancias ajenas la triste historia intenta repetirse, nos veremos obligados a volver a levantarnos y seguir la lucha por el establecimiento de la Venezuela que anhelamos y queremos para vivir.

En esta hora de mengua, en verdad digo que está planteado un Gobierno de Salvación Nacional o de Emergencia; donde confluyan diversos factores de la sociedad política venezolana; eso sí no mucha gente, y mientras más pequeña sea la estructura gobernante mejor, y de carácter transitoria, con plazo fijo de vencimiento.

Y dije todos los sectores de la clase política, menos quiénes no deben estar y a esos los conocemos.

Ahora bien. Qué hacer en la cuyuntura de transición? Indudablemente preparar el escenario para la reconstrucción de la Patria, cómo les gusta decir a algunos; reconstrucción que necesitará el aporte, el concurso de todos.

Consideró que J Guaidó y su equipo entienden la prudencia de conformar una estructura transitoria de gobierno donde no estén presentes algunos dirigentes actuales, eso es perfectamente comprensible; y así esperamos que en el otro sector lo consideren y aprecien, igualmente. Aunque las motivaciones para no estar sean muy diferentes.

El problema es el tercer o quinto personaje, su absoluta y total independencia; el equipo gobernante ideal es de tres, pero en todo caso no debe pasar de cinco; y podría denominarse Junta de Gobierno Transitoria o cómo lo proponen los aliados externos (guste o no la ayuda externa es importante y necesaria, solo las mentes muy cortas la piensan como intervención), Consejo de Estado. Lo de Consejo de Estado puede tratarse y explicarse en otra oportunidad; más no sé trata del vano intento de los impostores, que por su forma y apresuramiento violentó toda normativa, además de provenir de un ente irritó.

Lo que hicieron no fue más que otro reciclaje y esperanzas o ganas vanas de fortalecer ciertas ideas que ya nadie se las compra, lo que indican que están muy mal. Y si los “rumores” de nuevos cargos y abandono de las funciones actuales, de las que pretendían hacer tanta gala, y tanto de ufanaban, son ciertas, esto vendría a ser la confirmación de sus temores secretos, tan secretos como la clave de las tarjetas de débito, que todo el mundo las grita para que la ingresen, ya sin temor de clonación; temor, en sentido general, que viene desapareciendo en los ciudadanos, en pro del cambio necesario.

Bueno, eso es lo que estamos pasando, y de seguro que todo, pero todo, pasará y lograremos una mejor sociedad donde se pueda estar y disfrutar la vida a plenitud.

Pero como siempre digo: “Quien no se arriesga no vive”. Y eso es verdad, puesto que la vida es un constante riesgo, entre las alternativas de morir y vivir. Y por supuesto, optamos por la vida.

Vivamos pues.

 

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