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Soledad Morillo Belloso: El efecto mágico de Clara Vegas

  Una Miss Venezuela que no está impuesta por el poder es un relámpago que irrumpe…

Soledad Morillo Belloso: El aguaito se conversa

  Anaïs tenía la costumbre de despertar antes que el sol, como si quisiera ganarle la…

Soledad Morillo Belloso: El amor sabe a chocolate

  La torta de Clementina no era un simple dulce: era un rito que comenzaba con…

Soledad Morillo Belloso: Esto cura el corazón herido

  El asado negro de Gertrudis no era comida: era estribillo mágico. Lo preparaba como quien…

Soledad Morillo Belloso: ¿Te sirvo una arepita?

  (De la serie Cuentos de fogones). María despertaba antes que el sol, cuando el cielo…

Soledad Morillo Belloso: Milcolores, el camaleón que temblaba

  En Pampatar, las tardes huelen a salitre y a mango maduro. Allí vivía un camaleón…

La maleta amarilla, por Soledad Morillo Belloso

    Volver, Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos Van marcando…

Soledad Morillo Belloso: Esto lo escribió Manuela

  En la esquina de la calle El Sol, justo donde el viento se arremolina con…

Soledad Morillo Belloso: Una buena cena acaba con todo lo malo

  Encarnación decía —y lo decía con la certeza de quien ha vivido más de una…

Soledad Morillo Belloso: Un ratón piadoso

  En la iglesia de Pampatar, donde las paredes sudan secretos como si fueran cofres de…

Soledad Morillo Belloso: Juan del Val, el escritor que saluda al zapatero

  Yo no conozco a Juan del Val. O sí. Porque a los escritores se les…

Soledad Morillo Belloso: El sentido de la vida

  Imagínate que esto no es un texto, sino una conversación sin hora de cierre. La…

Soledad Morillo Belloso: Nota para quienes insultan

  El insulto es violencia. Eso ya lo sabemos. No hay que hacerle un simposio. Pero…

Soledad Morillo Belloso: Compasión en terapia intensiva

  Hubo una vez un país que se desbordó. No por conquista, sino por herida. No…

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