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Carolina Espada: Dios es de celofán

  Es como un envoplast, una película, una pakita, una membrana finísima que nos contiene. Es redondo. Redondazo. Transparente, pero opaco. Es una especie de planeta, de pecera blanda (a veces un tanto ovalada dependiendo de las catástrofes internas). Es un globo acuoso que nos contiene. Nosotros estamos adentro flotando, nadando, surfeando, evadiendo escollos, estrellándonos inevitablemente contra esos mismos escollos, sobreviviendo. Muriendo. No es un Dios bueno, justo, amable. Él tiene

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Carolina Espada: La clase de Renny

  «El Show de Renny» se veía todos los mediodías en la mesa del comedor, un hecho absolutamente insólito, pues el televisor apenas si se prendía en casa. Éramos una familia de grandes lectores, pero con Renny se hacía la excepción. Almorzábamos en silencio y escuchábamos al animador, quien, cargando a un chimpancé, le hacía propaganda a un jugo. Cada uno con su pitillo y ambos bebieron simultáneamente de la misma

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Carolina Espada: Prêt-à-porter

  Al padre Fernando Arellano, s.j. In memoriam “¡Ese Fidias es un ladrón! ¡Ese corrupto se cogió ese oro y cuidado si tiene un chanchullo montando con Pericles!”. Al noroeste de la Acrópolis, pasando el bosquecillo de olivos y luego a la derecha, estaba el ágora, y el escándalo que estaba formando Cleón -el vendedor de aceitunas negras- era de dimensiones ciclópeas. Atenas era la cuna de la democracia y, por lo tanto, también

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Carolina Espada: Pueblito de luz

  Para El Entusiasta Grupo de Teatro ¿Pero eso es verdad o serán embustes tuyos? Ningún embuste. A mí me lo contó el catire Raúl hace ufff y yo, a cada rato, espepito la historia porque me encanta. Bueno, dale. En el pueblo de Ortiz, a principios del siglo XX, había un señor que se llamaba don Tertuliano Seijas. Nadie se puede llamar así. ¿Quieres que te eche el cuento, sí o no? Está bien. Me callo. Ortiz era

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Carolina Espada: Amén

  Era un febrero bisiesto, bisextil, bisextilis, que tiene dos “6”, 366. Uno como el del año pasado. Era un febrero bisiesto y no como este febrero en cuarentena, hablando con las almohadas que están sentadas en la sala haciendo la visita desde hace meses. Era un febrero bisiesto hace muchos muchos años, pero como si hubiera sido ayer. Hay cosas que no se olvidan. Altagracia, que no se había convertido

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Carolina Espada: Un tigre duro de matar

  «Se aplican inyecciones y se escriben cartas de amor», indicaba un cartelito en la puerta de la casa de Pili, pues para eso es para lo único que ella había quedado. Años atrás, había sido una excelentísima escritora de televisión, pero, tal y como suele suceder en la mayoría de los casos, a Pili se le habían fundido casi todos los chips. Su colega Mili Margarita la llamó un día: «¡Me

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Carolina Espada: Tras un pase de Jingle Bells

  Usted se viste todo de verde; se pega unos regalitos en la punta de los zapatos; se encasqueta una estrella en la frente; se guinda unas bolitas rojas en los bolsillos y en el cinturón y en los ojales; se enrolla en un cable con lucecitas intermitentes y, en la primera fiesta a la que lo inviten, va y se enchufa en un tomacorriente. ¿¡Por qué!? ¡¡¡Porque usted se disfrazó

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Carolina Espada: ¿Bendito o bendecido?

  Comencemos con un hashtag y una afirmación: #LaGramáticaEsSexy. Prosigamos con otra aseveración: “La letra con sexo entra”. Iniciamos así nuestra clase con la certeza de que va a ser algo muy excitante. Pregúntese ahora: ¿cómo se dice: “Bendito” o “Bendecido”? ¿Qué cree usted? Tome en cuenta que la mayoría de la gente dice “bendecido” y, por lo general, lo que quiere decir en realidad es “bendito”. Considere que muchas personas oyen eso de “bendecido”,

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Carolina Espada: Fin de la tiranía

  A don Claudio Nazoa El Emperador abrió los ojos y se sintió un tanto perezoso. Por un momento no supo si comerse un higuito maduro (que le hacía guiños apetitosos desde la mesita de noche y de mármol), o estirar el brazo, tomar su lira y ponerse a tocar: tirulín… tirulín… ¡Suspirar y meditar! “¡Qué solo se puede estar en una autocracia!”. ¡Suspirar y cavilar! “Si tuviera un fosforito capaz que

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Carolina Espada: Más sangre, por favor

  (“De cómo un productor resabiado ilustró a un escritor iluso”) —¿¡Pero y en dónde están los muertos?! —No hay muertos… —¿¡Cómo que no hay muertos?! —No hay… —O sea: ¿¡tú pretendes que yo te produzca una serie policial –full acción– sin muertos, ni heridos, ni estaponados contra la pared y sin ni siquiera uno al que, por zoquete, le clavaron la punta de un lápiz en la barriga cuando iba pasando desprevenido?! —Sí… —¿¡Y entonces cómo hago

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