El debate sobre los acuerdos/contratos petroleros ha desplazado la preocupación por otros temas, como derechos humanos y, más concretamente, la liberación de los presos políticos y el sufrimiento que padecen. Las opiniones de comentaristas, analistas y dirigentes políticos se centran en la validez de dichos instrumentos, cuyo contenido, por cierto, no ha sido publicado, aunque la Asamblea Nacional parece haberlos aprobado, como lo hizo cuando adoptó la tan cuestionada e ineficiente Ley de Amnistía, días después de la celebrada extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Se afirma, con razón, que la “representante” de Venezuela, quien todavía controla el poder gracias al tutelaje de los Estados Unidos, no tiene capacidad para concluir tratados internacionales. Igualmente, que se han violado todas las normas constitucionales y las reglas más elementales de las negociaciones y de la contratación internacionales, especialmente la consulta y la transparencia, más cuando se trata de temas de Estado que afectan la soberanía nacional.
Mientras se “avanza” en la economía, nos olvidamos de los presos políticos, de aquellos que por pensar diferente han sido secuestrados por los órganos de seguridad y los jueces de la tiranía y que pensaban que después del 3 de enero iban a regresar a sus hogares y que sus derechos no iban a ser más vulnerados. También olvidamos a quienes habiendo sido excarcelados siguen padeciendo la cárcel fuera de las rejas.
Ni la mesa de trabajo, ni las fuerzas políticas del país, aunque sí la sociedad civil y las ONG que han luchado todos estos años por los derechos humanos, recuerdan a esos civiles y militares, hombres y mujeres, que en condiciones pésimas, algunos desaparecidos, sufren en lo que podríamos llamar, sin temor a equivocarnos o ser exagerados, campos de concentración, donde la vida de un grupo de personas inocentes y luchadoras padecen la tortura física y psicológica de un régimen que desprecia al ser humano y su dignidad.
¿Dónde están los diputados que “cohabitan” en la írrita Asamblea Nacional que dirige el arquitecto del terror y de la maldad Jorge Rodríguez? ¿Dónde están los dirigentes de los partidos políticos que también conviven con la tiranía? ¿Dónde está también el tutelante, quien se supone debería facilitar el camino hacia la transición y el restablecimiento de la democracia? Ausencia y olvido.
Se habla de petróleo, de economía, de dolarización, de inversiones, pero dejamos de lado al ser humano y no solamente el que está detrás de las rejas, sino aquellos que sufren desde afuera el dolor de sus padres o hijos, amigos y compañeros de lucha.
Para la tiranía instalada en Miraflores, el delincuente común es una carga social abandonada por el Estado y de allí que sus derechos más elementales sean violados constantemente. El delincuente común no es para ellos un ser humano, es algo que está allí, condenado o procesado o simplemente detenido en esos sitios espantosos que son las cárceles venezolanas.
A la tiranía le importa todavía menos el preso político, al que tortura física y mentalmente en forma sistemática y a quien trata de forma indigna e inhumana, a quien le prohíben visitas o las regulan hasta impedirlas, a quien tienen como ficha de cambio para obtener beneficios en las “negociaciones” con el tutelante o la “oposición”, a quienes desaparecen ante los ojos de todos, algunos fallecidos bajo custodia (25 presos políticos), otros abandonados en sus dolencias y enfermedades, tal como alega Cilia Flores en su proceso en Nueva York, quien solicita por una “afección cardíaca”, casa por cárcel, lo que ha sido, con razón negado, por la Fiscalía del caso.
Es cierto que la economía y el petróleo son fundamentales, pero el respeto a la dignidad humana, a los derechos humanos de todos, sin discriminación, lo es aún más. No puede haber crecimiento económico mientras haya presos políticos. No puede haber economía sin seres humanos. Es una aberración concluir que primero el bolsillo, antes que la dignidad.
La ciudadanía, la sociedad civil, debe sugerir, presionar y lograr que quienes en estos momentos deciden el destino del país y la vida de todos liberen sin condiciones a todos los presos políticos y rindan cuenta de los desaparecidos que son muchos.

