“Donald Gringo Escándalo”. Tal vez sea el nombre que mejor le calce al impredecible Donald Trump, y a su desastrosa diplomacia de retroexcavadora. Un alias que le viene a la medida de sus tumultuosos disparates.
No es un secreto, que ha hecho méritos de sobra como picapleitos del mundo, como guapetón de ese gran barrio que algunos llaman Aldea Global, para que en vez de violador, pedófilo, asesino, destripador, maniático desquiciado, seamos más benévolos, y le apodemos “Donald Gringo Escándalo”.
Su amplio repertorio de pleitos, querellas y escándalos internas, desde que asumió su segundo mandato, el 20 de enero 2025, son apenas el abre boca. La lista de una pequeña muestra, de peligrosas confrontaciones.
Sin duda, que el aluvión de desafiantes hostilidades, vía diplomacia de micrófono, o mediante el uso de drones, misiles, invasiones y bombardeos directos, pican y se extienden por todo el globo terráqueo.
Ahora mismo, “dentro de casa” (EE.UU), para millones de aterrados ciudadanos de todo el mundo, en especial no europeos, que escogieron a EE.UU, como su segunda patria, o país de asilo, es como si estuvieran en “la caldera del diablo”, por no haber podido completar, el engorroso y costoso proceso de permanencia en la gran nación.
Sus instrucciones deben cumplirse al pie de la letra, al punto, que los migrantes deben huir desaforados de las garras del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (U.S.ICE), esa suerte de Gestapo, en que se ha convertido su locuaz y controvertida administración.
Previo a ese telúrico escenario de último momento, el “Donald Gringo Escandaloso”, ha protagonizado un histórico volumen de litigios, desafíos institucionales y enredos legales contra las autoridades de su propio país.
Una de sus mayores apuestas fue imponer aranceles radicales y unilaterales (especialmente a China, Canadá y México). Sin embargo, en febrero de 2026, la Corte Suprema le propinó un duro golpe al dictaminar que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional no le autoriza a imponer aranceles de forma ilimitada, devolviendo los casos a tribunales inferiores y limitando su poder comercial. Un tira y encoje, que no aporta beneficios.
Motus propio, quiso poner fin “de la ciudadanía por derecho de nacimiento y abolir la ciudadanía automática para hijos de inmigrantes indocumentados nacidos en suelo estadounidense”, pero fue parado por la Suprema Corte.
Igualmente confrontó, “Enredos Migratorios con las deportaciones masivas, en el que los tribunales se convirtieron en el principal dique de contención contra su política migratoria”.(sic).
Cuando quiso cancelar masivamente los registros de estudiantes extranjeros surgieron más de 100 demandas simultáneas, obligando a su administración a dar marcha atrás en abril de 2025.
Tampoco tuvo éxito cuando se propuso utilizar el Departamento de Justicia (DOJ), en “su guerra fiscal para atender demandas pasadas contra su propio gobierno.
Sobre el “chantaje presupuestario a estados, ciudades y la guerra contra la diversidad”, “para que se congelaran miles de millones de dólares en fondos de seguridad nacional y ayuda contra el terrorismo destinados a ciudades de todo el país. Más de 20 estados y coaliciones de municipios lo demandaron, logrando que varios jueces federales bloquearan temporalmente el congelamiento de recursos”. (sic).
Todo un laberinto de querellas innecesarias, que lo único que han hecho es alimentar su desbordada egolatría.
Hasta el momento, no ha podido concertar un acuerdo que ponga fin a la guerra entre Rusia y Ukrania, como lo prometió, al asumir su 2do mandato en enero 2025.
En relación al desenvolvimiento de la guerra con Irán, la situación no ha podido ser más tensa y peligrosa. Es tan tirante, como cuando empezó formalmente en febrero, es decir, a punto de reiniciarse en cualquier momento.
Y en cuanto a su loca diplomacia de retroexcavadora, no termina de armar un conflicto para meterse en otro, tanto, o más, escandaloso que el anterior.
En el ámbito internacional, existe una larga lista de promesas, e incluso, de amenazas, incumplidas, pues solo se han quedado como aspiraciones, pues nunca se concretaron en el tiempo y lugar en que se prometieron.
Los casos más emblemáticos son los de la Unión Europea (UE), pues Trump ahora no ve a la UE como un aliado automático permanente, sino como un competidor económico y un rival en la guerra cultural. Últimamente, por sus anuncios de querer adueñarse de Groenlandia.
Los duros enfrentamientos y cruce de amenazas contra Canadá y México por la guerra de aranceles y posteriormente por los cambios de nombre al lago Ontario y al Golfo de México, por el nombre de América no dejan de ser episodios donde se mezclan sin rubor, la frialdad estratégica con la fantasía delirante.
Pero definitivamente, ningún escándalo mayor. Que el ruinoso gobierno interino y la ilegal firma del leonino Contrato Petrolero Histórico, entre Donald Trump y la tilegal Delcy Rodríguez, impuesto a Venezuela.
Con información de BBC.News- Revista Time -The Washington Post.
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