Un jugador pequeño y ágil, como cuando saltaba charcos en las sencillas calles de La Bajada, entre el esfuerzo de los trabajadores y la escasez en el hogar de los más pobres en la Rosario de los escapularios desgastados por tanto sufrimiento y súplica. La ciencia determinó que tenía un déficit en la hormona del crecimiento. Para poder alcanzar un poco de estatura, iba a necesitar un costoso tratamiento. El fútbol se convirtió en el combustible que lo transformó en un gigante con la grandeza de la tierra. Sus inicios mostraron que era un fenómeno en desarrollo. Aquellos malabares de un zurdo casi enano deslumbraban a una tribuna que cada semana se llenaba más para verlo. Su talento estaba ahí, desarmando a los rivales, que debían formarse en fila india frente a su arco intentando evitar que la magia los ridiculizara, como ocurría casi siempre. Sin embargo, el excepcional artista enfrentaba una patología que actuaba como un severo árbitro capaz de sacarle tarjeta roja a la ilusión. Llamaron a las puertas de River Plate en Buenos Aires, pero lamentablemente no se abrieron. El tratamiento era lo suficientemente costoso y muchos dudaban de que pudiera superarlo. Su padre, Jorge Messi —quien lamentablemente ya no está— se arriesgó y, con solo trece años, lo llevó al Barcelona. Meses de incertidumbre, lágrimas y dudas sucedieron. Hasta que un día, Carlos Rexach, secretario del Barça, lo firmó en un club de tenis, con la particularidad de que el acuerdo se formalizó en una servilleta. Lo demás es historia. Lionel Messi transformó al Barcelona en una obra maestra. Nunca ha existido un equipo que jugara de manera tan esplendorosa que incluso los más acérrimos adversarios reconocieran que estaban ante la magia que convertía el balón en súbdito de una corte de reyes. Ese equipo rompió todos los paradigmas. Lionel Messi era el director de la más grandiosa orquesta que ha existido. Con la selección argentina, comenzó siendo campeón juvenil y olímpico. El error de Néstor Pekerman al dejarlo sentado en un partido crucial durante el Mundial de 2006 pudo haber costado el título. Las experiencias con la albiceleste no siempre fueron dulces. Hubo duras derrotas en la final del Mundial de Brasil 2014 y en dos Copas América consecutivas. El retiro de la selección y el viaje del entrenador Edgardo Bauza a Barcelona para invitarlo a regresar. Esa vuelta y la llegada de Lionel Scaloni a la dirección técnica de Argentina cambiaron todo. Los títulos comenzaron a brotar como cascadas, siendo el más importante el campeonato mundial de Qatar 2022. Hace un mes enfrentó una gran selección española y aunque no ganó, ese subcampeonato no debe ser menospreciado. Se enfrentó a una furiosa campaña mediática con oscuros intereses que intentaron manchar su carrera. Eran las eternas críticas de aquellos que dolían por las derrotas que les infligió Messi. Con 39 años, realizó un torneo espectacular. El universo acogió su talento y lo extendió por todos los rincones, cada partícula de su genio se volcó en el balón, convirtiéndolo en una melodía escuchada por todas las generaciones. Donde quiera que ruede un balón, sabrán que existió alguien que lo convirtió en un ser viviente, colmado de una pasión que atrapó el amor del mundo. Esa técnica asombrosa que llenó la vista. Su lugar en la historia es en la cúspide. Se despide de la selección argentina. La camiseta albiceleste lo echará de menos. Esos colores legendarios que siempre han luchado ya no contarán con el genio. Lo entregó todo desde un lugar donde estar siempre será un gran desafío. La memoria evocará sus goles y de nuevo las tribunas se llenarán para eternizarlo. Un jugador sin escándalos ni actitudes grandilocuentes. Nunca necesitó del ruido mediático para ser el mejor. La pelota habló con tal fuerza que la red se convirtió en su prisionera. Más allá de su éxito, siempre estuvo su familia, hoy con su buen padre ausente; su triunfo no le otorgó la medalla de la odiosa egolatría, la humildad de saberse humano fue una guía que le trazó Dios. Los innumerables lauros seguirán en el estante sentimental de la gente de bien. Los malabares serán siempre el recuerdo de sus inicios. Se marcha una leyenda, cuánto duele este retiro; no será fácil encontrar a otro jugador tan extraordinario. Existen grandes jugadores, pero completos como él: Ni cerca.
@alecambero

