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Eligio Damas: Por los terremotos de junio 2026 y porque el Guaire volvió a desbordarse

 

Ríos y espacios, reclaman su derecho a acomodarse.

Parte I

Unos días atrás, 22 de agosto, se produjo en Caracas, un desbordamiento del río Guaire que produjo resultados trascendentes. Un efecto no tanto por la naturaleza o caudal del río, sino por las agresiones del hombre a la naturaleza. Como si la población acorralase al río y le restase sus derechos.

Lluvias torrenciales en Caracas: Se registran fuertes inundaciones, vehículos atrapados y desbordamiento del río Valle.

Caracas o Distrito Capital, que no incluye el área del Estado Miranda, pero que forma parte de lo que llaman “la Gran Caracas”, alberga 4.280.8 habitantes por kilómetro cuadrado. Mientras que, en todo el territorio nacional, la densidad de población es de 25.2 habitantes para el mismo espacio”.

Nota: Este trabajo fue publicado en un medio extranjero, el 25-02-11; ahora, sólo hemos modificado el título por razones obvias. Dado que en él se abordan asuntos que llevan a reflexionar por lo sucedido el 24 de junio pasado y ahora mismo, he creído pertinente publicarlo ahora en este espacio. Dada su extensión, lo publicaré en dos partes.

De la dramática historia venezolana

El hacinamiento como proyecto político

De “Casas Muertas” a “Oficina N.º 1. De Ortiz, “La Rosa de los Llanos” a “El Tigre”.

De los combates guerrilleros, de los viejos caudillos, a la lucha sindical con el movimiento obrero.

De la bucólica vida agraria y campesina al desasosiego urbano.

De Río Caribe a Caracas.

1.- De la economía agraria a la petrolera

Caracas y sus zonas aledañas se han vuelto muy vulnerables. Aparte de los problemas climáticos, las intensas y hasta inesperadas lluvias, se destaca la sobrepoblación del área y la intensa contaminación. El estrecho valle caraqueño, aposentado en las faldas del Ávila o Guaraira Repano, se llenó de gente. Tanto que pareciera no poder alojar a más personas.

Habrá que impedir que esa ciudad siga creciendo. No da para más. Prestar los servicios indispensables, como agua potable, electricidad, drenaje de las aguas residuales, etc., se ha convertido en un muy serio problema, más allá de los recursos financieros o voluntad política. Ha llegado el momento de tomar acciones de las cuales se habla en Venezuela hace más de cincuenta años. Eso significa, diseño y ejecución de políticas, que inviertan el proceso de distribución de la población que ha imperado desde el momento mismo que se inició la explotación y comercialización del petróleo. Es necesario desconcentrar y modelar la sociedad toda de modo que, podamos explotar equilibradamente los importantes recursos que poseemos y ocupemos los espacios con holgura.

Esas desgracias que se producen de manera reiterativa en Caracas y sus alrededores, aparte de las dificultades a las cuales el caraqueño pareciera haberse acostumbrado, como angustioso tránsito vehicular, transporte de personas, inseguridad y hasta cambio climático, que han elevado sustancialmente la temperatura en la que fue llamada “sucursal del cielo”, son el resultado también, y en muy buena parte, de la alta densidad de población que se ha alcanzado en ese espacio. Tanto que, Caracas o Distrito Capital, que no incluye el área del Estado Miranda, pero que forma parte de lo que llaman “la Gran Caracas”, alberga 4.280.8 habitantes por kilómetro cuadrado. Mientras que, en todo el territorio nacional, la densidad de población es de 25.2 habitantes para el mismo espacio. Es decir, en el territorio de una nación que podría calificarse de despoblada, si nos atenemos a la cifra antes citada, presenta espacios con densidades de población ostensiblemente altas. El desequilibrio es obvio y explica por sí solo dificultades y deficiencias que experimentamos

En líneas generales, el área norte costera centro-occidental, alberga un porcentaje determinante de la población venezolana. Esta anormal e irracional distribución, causante de infinidad de calamidades, fue el resultado de un proceso que se inició desde el mismo momento que en nuestro país comenzó a explotarse y comercializarse el petróleo.

El personaje central de una novela aún inédita de este escribidor, habitante de un pequeño pueblo oriental, todavía en la adolescencia, tomó una caja de cartón pedida al bodeguero, colocó en ella sus escasas cosas personales, la ató con un guaral de atarraya encontrado en una cerca de alambre de púas y en una friolenta madrugada se dirigió a la salida del pueblo, decidido a irse a Caracas.

“Me cansé de la misma vaina de todos los días. De ver las mismas caras; escuchar exactamente los mismos lamentos y gritos de ¡muchacho del carajo quítate de aquí, de allá y más allá!”

“Iba en busca de nuevas aventuras que lo liberasen de hacer hoy exactamente lo mismo de ayer. Porque a él, el pueblo se le había hecho chiquito para todo y se lo sabía de memoria.”

Caracas era la Meca de los venezolanos. A ella se dirigían todos en busca de lo que en los pueblos no había.

Cuando la economía venezolana, abruptamente pasó de agraria y pastoril a petrolera, comenzó a producirse un proceso que todavía continúa aunque en menor medida, de concentración de la población en ciertos focos.

La instalación de los campos petroleros atrajo hacia ellos pobladores que antes estuvieron ocupados en tareas agrarias en los sitios donde habían nacido.

Miguel Otero Silva, uno de los mejores novelistas de Venezuela, poeta fecundo, excelente periodista y fino humorista, hizo de este drama el tema de su celebrada novela “Casas Muertas”. Ortiz, pueblo guariqueño, llamado “La Rosa de los Llanos”, por la robustez de su economía agropecuaria, a causa del impacto petrolero, comenzó a decrecer. A ritmo vertiginoso se iba quedando solo, pues sus pobladores por distintas vías se desplazaban hacia los sitios donde los mechurrios habían comenzado a quemar intensamente los gases que emanaban del subsuelo y sus casas se destruían por el abandono y la soledad.

Observando cómo el pueblo se iba quedando vacío, fantasmal, despedazándose y el pasar de caravanas hacia el llano oriental, en “Casas Muertas”, Carmen Rosa y Olegario entablan el siguiente diálogo:

“¿Y cómo se funda un pueblo, Olegario?

  Yo qué sé niña”.

“Debe ser maravilloso, Olegario”.

“Sí, mi niña, así debe ser”.

“No como esto, Olegario, de ver caerse todo.

“¿Y cómo es ese gentío que pasa en los camiones?

“De todas clases niña. Van conuqueros que se quedaron sin sus conucos y hombres con grasa de mecánicos. Pero pasan también otros con caras de bandoleros y mujeres.”

De Ortiz, en el corazón del llano, pueblo próspero de la época de la economía agraria, venta de carnes y ganado fino a gran parte de Venezuela y exportación de cueros, a los llanos de oriente, donde había brotado el oro negro y una nueva se perfilaba, iban las caravanas que despertaban la atención y provocaban los comentarios de Carmen Rosa y Olegario.

Su novela “Oficina Número Uno”, se anuncia en “Casas Muertas”; de ésta última es el siguiente diálogo:

“Buenas tardes, Carmen Rosa”.

“Buenas tardes, Celestino.”

Luego del saludo, Celestino interrogó a Carmen Rosa:

“¿Es verdad que te vas de Ortiz?”

“Si. Me voy con mamá y Olegario”.

“¿Es verdad que te vas a oriente?”

“Si. Nos vamos a oriente.”

También en “Casas Muertas“, al final encontramos este texto que conducirá a “Oficina Número Uno”:

“Cuando el camión pasó frente a la última pared tumbada y enfiló hacia la sabana parda, dijo doña Carmelita:

 “¡Qué espanto, Dios mío!”

“¡Qué espanto!”, respondió Carmen Rosa.

“¡Qué espanto!” Repitió Olegario.

“Rupert, el trinitario, aceleró el camión y canturreó una canción de su isla”.

Fue la manera de despedirse no sólo del pueblo donde nacieron y vivieron durante años, sino de una parte de la historia venezolana. De esa forma, los salidos de Ortiz, de la economía agraria, se incorporaban a otra Venezuela que “renacía” en oriente, con las inversiones extranjeras, curiosa y hasta sarcásticamente en los mismos espacios de los heroicos guerrilleros de la independencia; aquellos que nunca abandonaron sus puestos de combate. La soledad y la ruindad de Ortiz, provocaron aquella despedida:

“¡Qué espanto!”

“Oficina número Uno”, es esencialmente la fundación y crecimiento de la población petrolera de El Tigre, en el Estado Anzoátegui, parte de la región oriental de Venezuela. Pero las dos novelas, narran el tránsito de la economía venezolana, de la agraria a la petrolera y del desplazamiento de la población venezolana, del pueblito campesino decadente a la zona petrolera, en donde con prontitud se aglomerará la gente, atraída por aquel rutilante y engañoso espejismo. De la mano de obra campesina a la de obrero petrolero. De las luchas de montoneras, de los caudillos, al combate sindical de los trabajadores petroleros de la economía semi feudal a la entrada de la economía capitalista asociada al capital internacional.

Todos los días, a la salida del sol, muy de mañana, en los portones de la compañía gringa, los hombres se apretujaban buscando les reportasen o enganchasen en la nómina. Esta aspiración, convirtió a las zonas petroleras venezolanas, en la meta hacia donde se dirigían todos los humildes, arruinados por la decadencia de la economía en busca de una nueva vida y oportunidad.

Pronto, los espacios se comenzaron a llenar de casas improvisadas. Se construía sin cesar y hasta con avidez, sin atender a ningún plan o simple acuerdo entre vecinos. Las calles de pronto terminaban en la puerta de una vivienda y habría que regresar para seguir por el otro lado donde también había una puerta.

En las caravanas que se dirigían adonde se había descubierto petróleo y se iniciaba la explotación, iba todo tipo de gente, con intereses y fines diferentes, como dijo Olegario a Carmen Rosa, “bandoleros y mujeres”. Miles de personas salieron de sus territorios ancestrales a cambiar de vida, en la misma medida que cambiaba con prontitud la economía nacional. De agraria y pastoril, tranquila, sencilla vida campesina al congestionamiento urbano, primero en torno a los improvisados campos petroleros.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM