A siete meses del desarrollo de la transición que se adelanta en Venezuela, tutelada por el gobierno de los Estados Unidos, los logros en algunos ámbitos, como el político y el
económico, han sido objeto de importantes cuestionamientos. Con la mesa de negociación que en su segunda ronda deberá considerar asuntos fundamentales como el
restablecimiento de las libertades políticas y la elección del Tribunal Supremo de Justicia para la reforma integral del Poder Judicial, se estima que se podrá hacer más efectivo el
referido proceso de transición que tiene como la meta final y la más importante el restablecimiento de la democracia.
Pero no se trata solamente de recuperar la democracia. La profunda crisis institucional que se ha generado en el país pone de manifiesto la necesidad de construir una nueva
democracia, y ese debe ser uno de los objetivos prioritarios de un Nuevo Sistema Nacional Electoral, que es otro de los retos de la referida mesa de negociación, concebido como
herramienta clave para que los venezolanos podamos, de manera autónoma, recuperar la institucionalidad democrática.
Este nuevo sistema electoral debe concebirse bajo la premisa de que la calidad de una democracia depende, en buena medida, de la calidad de su sistema electoral, y
entendiendo igualmente que las reglas electorales influyen decisivamente en la representación, la gobernabilidad y la confianza pública en las instituciones. Por ello, Venezuela enfrenta hoy una urgencia histórica: configurar un sistema electoral confiable que permita garantizar una democracia real, recuperar la estabilidad política y contribuir a la sólida reconstrucción institucional del país. Debe entenderse que el derecho al voto, por sí solo, no es suficiente. Lo decisivo es que todo el proceso electoral —antes, durante y después de la elección— sea libre, transparente, competitivo, verificable y sometido a controles independientes y efectivos.
El Nuevo Sistema Nacional Electoral debe estar presidido por un Consejo Nacional Electoral (CNE) como autoridad electoral verdaderamente independiente, profesional y completamente autónoma del Gobierno y de cualquier partido político. Debe, además, disponer de un Registro Electoral íntegro, actualizado y auditable, abierto a la verificación ciudadana y técnica, de manera que todos los actores puedan tener confianza en la autenticidad del padrón electoral.
El sistema debe garantizar el sufragio universal, libre y secreto, sin persecución política, exclusiones arbitrarias ni inhabilitaciones discrecionales. Todos los ciudadanos deben tener igualdad de derechos para elegir y ser elegidos. La campaña electoral debe desarrollarse en condiciones auténticamente democráticas, con plena libertad de expresión, libertad de organización política y acceso equitativo a los medios de comunicación.
Debe existir, además, una prohibición efectiva del uso del aparato estatal y de los recursos públicos para favorecer a una determinada opción política. Es fundamental garantizar la transparencia integral de cada etapa del proceso electoral, mediante observación nacional e internacional independiente, acceso oportuno a la información y participación efectiva de los
partidos y organizaciones de la sociedad civil.
Se requiere un sistema de escrutinio plenamente verificable, con actas públicas, cadena de custodia garantizada, auditorías independientes y publicación detallada de los resultados, de manera que cada ciudadano pueda tener la certeza de que su voto fue correctamente contado y respetado.
Pero un sistema electoral moderno no puede limitarse a garantizar el acto de votar. Debe asegurar también mecanismos eficaces para resolver las controversias electorales mediante una justicia electoral independiente, imparcial y oportuna.
Asimismo, resulta indispensable establecer reglas transparentes para el financiamiento de las campañas, con mecanismos de fiscalización que impidan el uso de recursos públicos o de fondos de origen ilícito para alterar las condiciones de competencia. La representación política debe responder, finalmente, a la voluntad real de los ciudadanos y no a mecanismos destinados a favorecer artificialmente a una determinada fuerza política.
El objetivo de este Nuevo Sistema Nacional Electoral no debe ser simplemente organizar unas elecciones. Su verdadera finalidad debe ser crear las condiciones institucionales para que el poder político que surja de ellas tenga una auténtica legitimidad de origen y pueda conducir el proceso de reconstrucción democrática y nacional. Por ello, la reforma electoral debe ocupar un lugar central en la agenda de la transición y formar parte de los acuerdos fundamentales y prioritarios de la mesa de negociación.
La liberación incondicional de todos los presos políticos, la recuperación de las libertades públicas, la reconstrucción del Poder Judicial y la reorganización de las instituciones del Estado son condiciones indispensables, pero no suficientes. Todo ese esfuerzo perdería buena parte de su significado si Venezuela regresará a un sistema electoral vulnerable a la manipulación del poder de turno.
Por ello la reconstrucción del sistema electoral no puede limitarse a ajustes superficiales ni a reformas cosméticas. Debe ser una transformación estructural como la hemos planteado, basada en estándares internacionales verificables. Y debe concebirse como condición urgente e indispensable para recuperar la democracia, restablecer la seguridad jurídica y facilitar el camino hacia la estabilidad política y el desarrollo nacional.
Venezuela necesita algo más que una elección. Necesita nuevas reglas para que ninguna elección futura pueda volver a ser secuestrada por el poder político. Esa debe ser la diferencia entre una simple transición de gobierno y una verdadera transición democrática. El Nuevo Sistema Nacional Electoral debe constituir, por tanto, uno de los grandes acuerdos nacionales de la transición y convertirse en la partida de nacimiento de una nueva democracia venezolana. Una democracia en la que el ciudadano vuelva a ser el verdadero titular de la soberanía; en la que el voto recupere plenamente su valor; y en la que el poder político vuelva a tener una condición esencial que durante demasiado tiempo se perdió: La legitimidad que solamente puede otorgar la voluntad libre, soberana y verificable de los ciudadanos.
Tres decisiones fundamentales deben ser consideradas en la mesa de negociación para asegurar el desarrollo eficiente del nuevo Sistema Nacional Electoral, decisiones que deben ser acordadas como mandato previo a la designación de los miembros del Consejo Nacional Electoral:
1. Definir oportunamente el calendario electoral que incluya, como prioridad, la elección presidencial y del Parlamento para permitir que los venezolanos se expresen libremente en la escogencia de quien debe liderar, por mandato popular y sin tutelajes, el inicio del cambio hacia la nueva democracia y un poder Legislativo para superar el vacío actual que representa una Asamblea que no reconoce la mayoría de los venezolanos.
2. Establecer el sistema de votación con papeletas y el conteo manual, como se aplica en la gran mayoría de los países de América Latina, Estados Unidos, Canadá y Europa, descartando el uso de las máquinas de votación electrónica por la mala experiencia que se ha tenido en nuestro país. Debe reconocerse que el uso de las papeletas de papel sigue siendo el método más extendido en el mundo porque facilita las auditorías y el recuento manual en caso de controversias.
3. Incluir el voto por internet para facilitar la participación de los venezolanos en el exterior en el proceso electoral presidencial. Debe entenderse que este método reduce los costos logísticos de la impresión y transporte de papeletas y permite votar desde lugares remotos, aumentando la participación por la importante cantidad de venezolanos de la diáspora. Obviamente esta novedosa opción requiere que el Consejo Nacional Electoral promueva una infraestructura digital confiable que asegure la confianza pública en esta modalidad de
votación externa que tiene una amplia y exitosa experiencia como voto electrónico porinternet, en países como Italia, México, USA y varios países de América Latina.
Para más detalles de la propuesta para facilitar la votación electrónica de los venezolanos en el exterior, conviene referir algunas características de este proceso, en uso en varios de los países que permiten el voto por internet. Se permite que el elector emita su voto desde una computadora, una tableta o un teléfono móvil, lo que excluye la asistencia física a un centro de votación.
El sistema referido incluye el siguiente procedimiento: 1. Establece un registro previo del votante, verificando su identidad por internet. 2. El día de la elección el votante se identifica en una plataforma con certificados digitales y documento de identidad electrónico o código de seguridad. 3. Se selecciona el candidato en una boleta electrónica.
4. El voto se cifra antes de transmitirse para que nadie pueda conocer su contenido durante el envío o almacenamiento. 5. El sistema garantiza que, una vez validado el elector, no puede vincular
su identidad con la opción elegida. 6. Los votos cifrados se descifran y cuentan al cierre de la elección.
Independientemente de lo novedoso y eficiente que pueda resultar un sistema electoral como el propuesto para la conquista de una democracia libre del morbo de la corrupción,
del populismo y del clientelismo político, que han sido lacras causantes el deterioro democrático, la verdadera solidez de la institucionalidad democrática para asegurar la
correcta actividad política y la eficiente gobernabilidad, se conquista con un esfuerzo de educación en valores y principios para fomentar la conciencia cívica y para resolver el grave
déficit de capital social que explica el surgimiento de las lacras referidas.
Promover este proyecto fundamental debe ser igualmente responsabilidad del nuevo Consejo Nacional Electoral, en alianza con instituciones fundamentales con una verdadera vocación democrática. Sobre este tema de educar para la democracia para asegurar una democracia de ciudadanos, trataremos con más detalles en nuestra próxima entrega.
El futuro de la democracia depende de la educación de los ciudadanos. John Dewey.

