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Ezequiel Aranguren: El realismo mágico choca contra una realidad concreta

 

La Democracia puede derrumbarse si cedemos ante el miedo. Barack Obama.

Definitivamente los venezolanos somos un caso “objeto de estudio”, unas veces nos sorprende y otras nos traslada rumbo a lo desconocido. Somos un país rico, pero empobrecido; se nos marchan 9 millones de compatriotas, pero, somos resilientes; la República se disipó entre nuestros dedos, pero, vamos a fortalecer la Democracia; nos arrebatan 8 horas diarias de nuestras vidas, pero, lo que pedimos es horario de cortes de electricidad; somos el único país en el mundo con el salario de 1 dólar mensual, pero, la producción petrolera aumenta vertiginosamente; le quitaron 14 ceros a la moneda, pero, nuestro signo monetario es el bolívar. “Cosas veredes mi querido Sancho”. Por cierto, ¿alguien recuerda cómo es el bolívar?

Así llevamos 27 años observando cómo, paulatinamente, se va destruyendo a una sociedad, otrora una de las más felices del mundo, como decía, Chávez, pero, la realidad concreta era otra, el país se diluía en nuestras manos, ¡ah, pero tenemos Patria comandante!

Sólo una mente tan brillante como la de Gabriel García Márquez, y su inmortal obra, Cien años de soledad, podía incorporar lo maravilloso en un país similar al nuestro. Ha llegado el momento de separar la fantasía con la realidad concreta, de hacernos preguntas, ¿Qué nos pasó? ¿Por qué hemos permitido que en nuestros ojos nos arrebatasen lo que en justicia nos pertenece? ¿Acaso nuestra dignidad tiene precio? ¿Es que no vemos que día a día vamos envejeciendo y nuestros nietos recibirán como castigo un país donde ellos estarían condenados al fracaso? ¿Y, si nosotros no podemos, quién? Si Bolívar, nuestro Libertador, nos legó un país libre, ¿Por qué permitimos que enterraran la República? Qué pena García Márquez.

Leyendo El Espíritu De La Esperanza. Contra la Sociedad del Miedo de Byung-Chul Han, me ha hecho meditar con relación al diálogo Gobierno Interino- Sector de la oposición, ya que me había declarado optimista ante un eventual resultado “positivo” de la mesa. Pero Byung-Chul Han me recuerda que no es lo mismo pensar con esperanza que ser optimista y tiene toda la razón. El optimista carece de toda negatividad, desconoce la duda y la desesperación.

Me abruma la duda cuando Delcy lanza loas a Fidel Castro. Cuando se resiste a liberar a los presos políticos. Cuando Jorge Rodríguez lanza propuestas a la mesa que nada tienen que ver con el objetivo planteado en la idea de ganar tiempo y son aceptadas, cuando despacha con furia la idea lanzada ahora por el diputado Antonio Ecarri y reivindica el bolívar como moneda nacional la misma que ellos liquidaron.

Me saltan dudas cuando el gobierno interino se niega a permitir que María Corina Machado ingrese al país a pesar de ser reconocida por la gran mayoría de los venezolanos como una líder fundamental. Pudiera pensar que terminarían aceptando el veto que le pondrán a Machado como condición sine qua non para realizar elecciones (ya no serían libres) en Venezuela. Además de aceptar que a Perkins Rocha no le quitan el grillete porque sencillamente no le da la gana a uno de los tantos grupos que sostienen el poder interino que ya pareciera que no es tal.

Por ahora, como dice Byung-Chul Han, prefiero bajar al escalón de la Esperanza ya que ella supone “un movimiento en búsqueda”. La esperanza pone rumbo a lo que está por nacer, es un intento de encontrar asidero y rumbo.

Rescato en ese repensar, en el porqué de Delcy desafía a Marco Rubio enrostrándole a Fidel y Jorge al sistema norteamericano con una moneda que no existe y que aún así es mejor que el dólar que se dieron los estadounidenses y me pregunto, ¿será porque son comunistas? NO, ¡por favor! La respuesta es sencilla. Miedo. El miedo mata la posibilidad de esperanza. El miedo es incoado al pueblo. El miedo fue el arma secreta de Chávez para hacerse imprescindible inclusive ante su misma gente.

En Venezuela están en juego dos proyectos de país. La continuidad del Sistema Totalitario y el otro, Reconstrucción Del Sistema Democrático. Ante esta realidad necesario es enfrentar los miedos, para así acabar con una de las amenazas hacia la democracia.

Cuando se cuenta con el apoyo popular se acorta el camino hacia el objetivo central, pero, ese sector popular es el que lleva el peso más importante de la crisis, por ello los tiempos son vitales. El miedo y la desesperanza conspiran contra la propuesta democrática. No se puede pedir más sacrificios a quienes todo lo han dado, entonces, los acuerdos deben llevar consigo cronogramas con fechas ciertas. No basta con decir, “yo quisiera, pero….”.

Es importante destacar que esas instituciones que han de renovarse por la salud de unas eventuales elecciones presidenciales, no pueden ser definitivas, son necesariamente transitorias, ya que una vez que tengamos a un presidente o presidenta electa en comicios avalados por el soberano, se deben renovar los poderes que no son objeto de elección popular y serán ellos los encargados de reconstruir a la nueva República.

Así las cosas, las mesas actuales deberían de abocarse a lo que exactamente les compete y no constituirse el Poder Ejecutivo. La reconstrucción del desastre dejado por el doble terremoto le incumbe al gobierno interino que preside Delcy Rodríguez y si ellos no pueden hacerlo, una Junta De Gobierno lo haría.

Por muchas razones tengo esperanzas de que volveremos a la Venezuela soñada, donde la pobreza será erradicada. Nuestros nietos tendrán un país donde podrán desarrollar todas sus potencialidades. Pero, el diálogo no debe medirse por la existencia de una mesa, tal como fue mi impresión inicial y de allí mi optimismo, debe medirse por la capacidad de transformar acuerdos políticos en instituciones independientes, de allí mi esperanza.

Por ahora ratifico que no es lo mismo pensar con esperanza que ser optimista”, bajaré un peldaño. Me iré acompañado del poeta Andrés Eloy “Me voy hacia mi propio nivel, ya estoy tranquilo.

Sociólogo.

 

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