De cuando en cuando, surgen canallas que se disputan la manera de convertir la otrora apacible ciudad Metropolitana de Caracas, en un pequeño gran infierno… (Voces irreverentes de caraqueños de a pie).
Debemos precisar, que al frente del desarrollo y modernidad de la ciudad Metropolitana de Caracas, han estado muchos venezolanos ilustres, movidos solo por el supremo interés de embellecerla. De hacerla tan atractiva y respetable, como otras urbes del mundo.
Quedan para el recuerdo de esa prodigiosa transformación, nombres como el de los arquitectos Carlos Raúl Villanueva, Luis Roche, Cipriano Domínguez, Manuel Mujica. Más recientes, Tomás Sanabria, Fruto Vivas y Leopoldo Provenzalli.
Lamentablemente, con los años, “aguas abajo”, como gustan decir a los expertos planificadores, se han infiltrado tantos colaboracionistas y politiqueros, con poder de decisión, más interesados en el culto ideológico, los negocios, que en el bienestar citadino.
Son, “los eternos carcamanes de los conciliábulos ideológicos izquierdosos”, que proponen las más insólitas excusas, para urdir y camuflar, claves y reglas que les permitan actuar a sus anchas. Y al final, imponer su dominio: “El imperio de la revolución, con sus retorcidas retóricas vacías de cambio y futuro”.
Paradójicamente, en la última centuria, el destino impuso a Venezuela dos tiranías aterradoras. La primera, la de Marcos Pérez Jiménez, que apenas duró 10 años, pero dejó un apreciado legado de desarrollo urbano. (Basta señalar la autopista Caracas-La Guaira y la carretera Panamericana).
En tanto, la segunda, la del comandante eterno, Hugo Chávez, ya lleva 27 años de desmanes, corrupción, torturas, persecuciones, violaciones de toda índole, anarquía, y no termina de seguir devastando al país.
No deja de ser curioso, que el chavismo asumió el poder, investido de la tan cacareada y burlada Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999, “que establece en el artículo 18, la unidad político territorial de Caracas. El desarrollo integral y armónico a dos niveles: del Distrito Capital y de los correspondientes municipios del estado Miranda. Chacao y Sucre.
Y lejos de consolidar un desarrollo armonioso capitalino, prefirieron apostar al caos, eliminando la Alcaldía Metropolitana, y con ella el Instituto Metropolitano de Urbanismo, ente a quien le correspondía actuar como autoridad superior, en la ordenación del territorio y quedó partido a dos mitades. Y obviamente, a la deriva.
Lo que reina en la abandonada capital, a partir de la supresión del gobierno metropolitano de Caracas es una suerte de negligencia y anarquía generalizada.
Negligencia que se aprecia en “unas inexistentes autoridades”, “siempre muy prestas a impulsar un desarrollo urbano destinado a construcciones de lujo en zonas muy exclusivas de la ciudad, dejando al resto del amplio territorio capitalino en total abandono y encadenado al pasado”, según criterio de expertos analistas, que insisten en proyectar la ciudad.
Lo que si tiene presencia, o mejor, mala presencia en calles y avenidas del área metropolitana de Caracas, son las hileras de destartaladas busetas y autobuses, habilitados para el transporte público de pasajeros. Y casi siempre circulan abarrotados de personas.
La mayoría son unidades, que ya cumplieron su ciclo de vida útil, y no solo afean el ambiente de la ciudad, sino que hacen pesado, negligente y caótico el transporte de pasajeros, el tránsito en general.
Pero quizás, lo más desconcertante y peligroso que confrontan los caraqueños de a pie y los propios automovilistas, es la amenazante incursión de legiones de motorizados que surgen como bestias en desbandadas, por calles, avenidas, autopistas, o cualquier recoveco, muchas veces, contra el flechado.
Surgen por doquier, en peligrosos zigzagueos como si la vía pública se hubiera hecho solo para ellos.
Ni hablar, de los osados, que hacen piruetas en plena vía, poniéndose a riesgo, a otros motorizados, y a los demás los automovilistas en las vías.
“No tienen alma”. “Son los propios vándalos”. “Son los demonios del socialismo”. “Hasta cuando el terror de los motorizados”, son algunas de las quejas que recogimos de la gente de a pie, en alusión a los conductores de los rugientes bólidos de dos ruedas.
Como dijimos al principio, de cuando en cuando, surgen canallas, que vienen a satanizar a los demás.
Con información de El Nacional, y portal del Colegio de Arquitectos de Venezuela – ezzevil34@gmail.com

