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Adolfo P. Salgueiro: Estoy muy ofendido

 

El pasado día 13 del corriente mes de agosto coincidió con la fecha del centenario del nacimiento de Fidel Castro. Con tal motivo quienes usurpan el gobierno venezolano llevaron a cabo un acto de homenaje a ese señor, el cual tuvo lugar nada menos que en la sede del Panteón Nacional en presencia y ante la tumba que guarda los restos del Libertador Simón Bolívar.

Hace apenas pocos años habíamos presenciado el insólito atentado contra la memoria del padre de la patria, cuando Chávez cometió el sacrilegio de profanar sus restos con la incalificable idea de realizar un examen de los tejidos corpóreos del difunto destinado a demostrar que su componente racial no era de origen totalmente español, sino que en sus cromosomas albergaba una dosis de contenido africano que terminó dando lugar al importante cambio en la imagen oficial del Libertador, quien de buenas a primeras mutó su apariencia, incorporando rasgos vernáculos que sustituyeron su hasta entonces conocida imagen de señorito español por una más autóctona a gusto de quien inventó el asunto.

A partir de allí cambió la imagen oficial del padre de la patria que desde entonces luce en todas las oficinas gubernamentales.

Cuando la indignación originada en aquel dislate supuestamente avalado por investigaciones científicas aún no se ha asentado, resulta que ahora el mismo escenario del Panteón Nacional acaba de servir para rendir homenaje a una figura política extranjera, Fidel Castro, fallecido hace apenas diez años, cuyo legado sigue siendo objeto de acalorados debates.

Es por eso que desde estas líneas denunciamos nuestra indignación y ofensa a nuestra condición de ciudadanos y demócratas.

No se trata aquí de comparar ni contrastar personalidades y trayectorias de dirigentes históricos, sino de expresar nuestra indignación ante la iniciativa de honrar a una figura extranjera recientemente fallecida, quien además es aún el centro de acalorados debates acerca de su legado político sujeto a diferentes apreciaciones.

Es precisamente para garantizar la prudencia en el manejo de ese tipo de homenajes que nuestra Constitución (art. 187, Ord. 15) reserva a la Asamblea Nacional la potestad de acordar los honores del Panteón Nacional a venezolanos ilustres que hayan prestado servicios eminentes a la república solo después de transcurridos veinticinco años desde su fallecimiento. Entendemos que esta disposición bien pudiera ser aplicable, por analogía, al caso que aquí comentamos.

La ofensa ciudadana que aquí denunciamos se ve potenciada por la presencia en el altar de la patria de quienes usurpan el poder, el embajador de Cuba y otros personajes con notoria militancia política actual que la Constitución y las leyes quisieron dejar de lado en el artículo citado. Fidel Castro, su ideología y su legado son demasiado polémicos y recientes para acceder o ser homenajeados en el Panteón Nacional.

A modo de corolario ese columnista se imagina que el bizarro episodio no debe haber sido del agrado del tutor que quiere imponer directivas desde Washington, sino que tal acto de vacilación a las instrucciones norteamericanas pueda haber sido el resultado de una pulseada política interna entre los chavistas originarios y los más dispuestos a complacer a Mr. Trump. Sea como fuere la vergüenza es enorme.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM