Lo dijimos ayer, lo reiteramos hoy: la Transición no es un acto, es un proceso. Un proceso exigente. Así fue en Chile y en España y en Polonia y en todos los países en los que se han producido transiciones exitosas. Un proceso que requiere inteligencia, patriotismo, paciencia y perseverancia.
Además, como lo dijimos ayer, la Transición es un proceso multifacético: es político pero también es económico y social y cultural y, sobre todo, moral.
En mi artículo anterior aborde el tema de los cambios politicos que deben producirse de la Venezuela que tenemos a la Venezuela que queremos. Cambios que giran, básicamente, alrededor del compromiso de cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República.
Hoy quiero aportar algunas reflexiones acerca de los cambios económicos que debe producir la transición. Esos cambios deben estar orientados a curar las dos graves enfermedades que nos deja el socialismo del siglo XXI: la Recesión y la inflación.
Ambas enfermedades tienen su origen en la infinita ignorancia de los asuntos económicos de quienes asaltaron el poder al iniciarse el nuevo siglo. Ambas enfermedades comenzaron alrededor de aquella expresión irresponsable de poder que se concretó en la orden ejecutiva: “exprópiese”. Allí está el comienzo de todos nuestros males.
Pero hay otros errores del gobierno saliente que deben ser corregidos y cuya solución es indispensable para superar la recesión y la inflación. Me refiero a temas como por ejemplo el déficit fiscal. El empeño en incrementar el gasto público y en financiarlo con dinero inorganico.
El nuevo gobierno debe contar con la ayuda de un Banco Central independiente, autónomo y competente para defender la estabilidad monetaria y para impedir el desorden y la irresponsabilidad que ha caracterizado a la política económica del gobierno saliente.
La transición debe conducirnos de la Venezuela que tenemos, pobre, humillada y debilitada a la Venezuela que queremos: unida, próspera, democrática y orgullosa de sus realizaciones.
Es indispensable recuperar la confianza en Venezuela y en su economía. Eso solo podrá lograrlo un nuevo gobierno legitimado por el voto popular.
Ese nuevo gobierno debe asumir políticas ortodoxas que disciplinen el gasto público y que promuevan la inversión privada.
¡Seguiremos conversando!

