La historiografía tradicional suele tratar los documentos fundacionales como entes abstractos que emergen intactos en las vitrinas estatales. Sin embargo, el Acta Solemne de Independencia de Venezuela comparte la fragilidad material de la república que fundó. Su supervivencia no se debió a un decreto oficial, sino a una cadena de contingencias, silencios domésticos y un mueble de música en la Valencia decimonónica.
1. El contexto de la pérdida (Marzo de 1812)
El documento original no era una hoja suelta, sino el núcleo del Libro de Actas del Congreso Constituyente de 1811, un tomo empastado en pergamino que registraba las sesiones desde el 2 de marzo de ese año. Tras la declaración del 5 de julio, el texto final redactado por Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi fue transcrito en este libro matriz por el amanuense del Congreso y firmado por los diputados entre el 7 y el 11 de julio. Como bien destaca el historiador Caracciolo Parra Pérez en su estudio analítico sobre la Primera República, el valor de este libro no radicaba solo en el decreto de emancipación, sino en que contenía el testimonio del debate intelectual y legislativo de la naciente federación venezolana.
El éxodo a Valencia
Iniciando el año 1812, la presión militar de las fuerzas realistas al mando del capitán de fragata Domingo de Monteverde forzó al Ejecutivo y al Congreso a declararse en sesión permanente y trasladar la capital a Valencia, considerada un enclave estratégico más seguro que Caracas. Con el gobierno civil viajó su archivo, custodiado por el secretario del Congreso, Francisco Isnardi.
El colapso del 14 de marzo
La debacle ocurrió a mediados de marzo. Al combinarse el rápido avance realista con la inestabilidad política interna y el devastador terremoto que asolaría al país días después (el 26 de marzo), el orden republicano se desintegró. El Congreso se disolvió en el caos de la retirada. Isnardi y otros civiles notables fueron capturados por las fuerzas realistas y enviados encadenados a las bóvedas de La Guaira y, posteriormente, a España. Los archivos legislativos quedaron abandonados en una Valencia en pánico, a merced del pillaje y el control de las tropas comandadas por Monteverde.
2. La custodia clandestina: La red de los Zavaleta
Mientras Monteverde ejecutaba las “capitulaciones” y perseguía a los afectos a la causa emancipadora, un ciudadano valenciano, Francisco Zavaleta, logró extraer el Libro de Actas antes de que las tropas reales confiscaran los archivos gubernamentales como botín de guerra o pruebas de traición al Rey Fernando VII.
La línea de resguardo comenzó en 1812 con el rescate en el caos por parte de Francisco Zavaleta. El tomo permaneció bajo un estricto ocultamiento en Valencia durante décadas. Hacia 1870, la custodia continuó por vía familiar a través de Isabel La Hoz de Austria, quien finalmente en 1885 traspasó el volumen a María Josefa Gutiérrez debido a una mudanza.
El costo del silencio
Durante los años más complejos del conflicto —la Guerra a Muerte de 1813, la llegada de la expedición pacificadora de Pablo Morillo en 1815 y la posterior inestabilidad de la República de la Gran Colombia—, poseer este libro equivalía a una sentencia de muerte o al embargo total de bienes. Zavaleta lo ocultó en el doble fondo de baúles y alacenas. El tomo sobrevivió a las sucesivas tomas de Valencia por parte de ambos bandos.
Investigadores contemporáneos de la microhistoria regional, como el historiador y cronista de Valencia Luigi Frassato, coinciden en que este prolongado silencio no obedeció a desinterés, sino a una arraigada “cultura del miedo” y autopreservación que pervivió incluso durante las primeras décadas de la era republicana. Con la muerte de Francisco Zavaleta, el volumen pasó por herencia a su pariente, doña Isabel La Hoz de Austria. Para mediados del siglo XIX, la existencia del libro era un secreto a voces estrictamente restringido al entorno familiar, una reliquia privada de una era que el país ya recordaba como mítica.
3. El siglo escondido: la República sin su partida de nacimiento
Mientras el manuscrito original permanecía oculto entre las paredes de una casa solariega en Valencia, la República de Venezuela operaba institucionalmente sin él.
*Legitimidad impresa: Para todos los efectos legales, diplomáticos e históricos del siglo XIX, la independencia se validaba mediante los folios impresos de la Gazeta de Caracas (N° 29, del 11 de julio de 1811) y la reproducción tipográfica realizada en Filadelfia en 1812 por orden de los enviados diplomáticos Juan Vicente Bolívar y Telésforo Orea. Como señala el historiador de las ideas de América Latina, Christopher Stoetzer, el uso de la folletería impresa de Filadelfia fue el principal mecanismo de reconocimiento jurídico internacional del que dispuso la diplomacia venezolana en sus albores.
*La paradoja del Guzmancismo: Durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco (1870-1888), el Estado venezolano invirtió ingentes recursos en la construcción de la identidad nacional (creación del Panteón Nacional, encargo de lienzos históricos a Martín Tovar y Tovar, inauguración del Salón Elíptico). Paradójicamente, el lienzo monumental de la firma de la Independencia se pintó en París sin que el artista ni el gobierno supieran dónde estaba el papel real que firmaron los retratados.
*El traspaso de 1885: En este año, anciana y ante la necesidad de mudarse a una vivienda de menores dimensions en la calle Constitución de Valencia, Isabel La Hoz de Austria entregó el tomo a una amiga de extrema confianza: María Josefa Gutiérrez de Navas Spínola. El libro fue guardado junto a otros textos antiguos con la instrucción de custodiarlo hasta que unas sobrinas de Isabel regresaran a la ciudad. Doña María Josefa lo almacenó en la sala de su casa, sirviendo eventualmente como base física para elevar la altura del banquillo de su piano.
4. El hallazgo y la autenticación (1907)
El azar historiográfico intervino a mediados de octubre de 1907. El ingeniero y aficionado a la historia Ricardo Smith, quien buscaba datos coloniales sobre la región de Carabobo, se encontraba revisando textos en la residencia de la familia Navas Spínola. Al examinar el grueso volumen forrado en pergamino que servía de apoyo doméstico, identificó la caligrafía oficial de principios del siglo XIX y, crucialmente, las rúbricas originales en tinta ferrogálica de figuras como Francisco de Miranda, Juan Germán Roscio, el presidente del Congreso Juan Antonio Rodríguez Domínguez y el propio Isnardi.
”Es un libro en folio, empastado en pergamino, que contiene 256 útiles… En él se encuentra el Acta Solemne…”
— Informe de certificación de Francisco González Guinand, 23 de octubre de 1907.
El Acta Solemne de la Independencia de Venezuela.
El proceso de rescate estatal
1. Notificación (18 de octubre): Smith informó inmediatamente al historiador y ministro de Instrucción Pública, Francisco González Guinand, quien viajó a Valencia para examinar la pieza.
2. Verificación y Compra (23 de octubre): Se certificó que el papel, la filigrana (marca de agua), el desgaste de la tinta y las firmas correspondían exactamente al periodo de 1811. El gobierno de Cipriano Castro, mediante resolución oficial, indemnizó formalmente a los poseedores del documento para asegurar su transferencia al patrimonio nacional.
3. El traslado: El Libro de Actas fue trasladado en tren hasta Caracas y recibido con honores militares. El Ejecutivo ordenó su resguardo en el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo.
El periplo de noventa y cinco años demostró que el Acta no se salvó por la previsión de las leyes de la Primera República, sino por la obstinada cultura del secreto y el resguardo privado de un puñado de ciudadanos valencianos frente a las ruinas de la guerra.
Fuentes consultadas y referencias bibliográficas
*Frassato, L. (2002). Valencia y los secretos de su memoria histórica: El rescate del Libro de Actas de 1811. Revista de la Academia de la Historia del Estado Carabobo, (14), 45-58.
*González Guinand, F. (1908). El hallazgo del Libro de Actas del Congreso de 1811: Informe oficial presentado al Ejecutivo Nacional. Imprenta Nacional.
*Parra Pérez, C. (1959). Historia de la Primera República de Venezuela (2da ed.). Academia Nacional de la Historia.
*Stoetzer, O. C. (1979). Las ideas políticas de la independencia de América Latina. Editorial Paces.
*Venezuela, Congreso Constituyente de 1811. (1908). Libro de Actas del Supremo Congreso de Venezuela 1811-1812 (Edición facsimilar facilitada por el Ministerio de Instrucción Pública bajo el gobierno de Cipriano Castro). Tipografía Vargas.

