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Marcos Hernández López: El discurso populista sin carisma de Delcy Eloína

 

El discurso populista es, ante todo, una estrategia de construcción de identidad política y un estilo de comunicación que simplifica la realidad social en una lucha binaria. Más que una ideología con contenidos fijos puede ser de izquierda, de derecha o ecléctico, el populismo funciona como una forma de articular el malestar colectivo.

Ahora bien, el discurso populista opera como una gesta pasional capaz de movilizar e inspirar, disimulando sus inconsistencias técnicas tras el magnetismo del líder. Por el contrario, el discurso populista sin carisma expone el cálculo político: la apelación al pueblo suena procedimental, la polarización se percibe como agresión ensayada y la falta de sustancia queda vulnerable ante la crítica. Un discurso populista sin carisma se refiere a un fenómeno político donde un líder, a pesar de carecer de un magnetismo personal extraordinario, logra mantener o ejercer poder a través de la movilización de un movimiento y la adopción de tácticas populistas. Esto desafía la noción tradicional de que el carisma es un requisito indispensable para el éxito de los líderes populistas, sugiriendo que la combinación de una crisis de legitimidad, instituciones deficientes, y la capacidad del líder para movilizar a sus bases a través del discurso de conflicto y la radicalización puede permitir la existencia de un populismo sin la figura de un líder mesías.

El populismo es propio de la demagogia, la simulación, hipocresía política más conflictiva, muchos ciudadanos solamente quieren que les digan lo que, desean escuchar. El populismo también es querido, tanto en el lado de las ideologías de derecha e izquierda, ya que los que lo utilizan son conscientes de que, en el caso de ser aceptadas sus propuestas, tendrán éxito en el campo electoral, que es lo fundamental para los dirigentes o líderes políticos, traducido en poder. El populismo en su especificidad tiene toda una intención revelada, manipular al pueblo con palabras básicas para enfrentar situaciones económicas y sociales, menospreciando el intelecto humano. Lee Kuan Yew, el “padre de Singapur”, decía: “Nosotros decidimos lo que es correcto, no importa lo que la gente piense”.

Para los expertos en la temática del populismo “no todo liderazgo carismático es necesariamente populista, pero los liderazgos populistas son casi siempre carismáticos. Por su forma de apelar al pueblo, prometiendo su salvación, el populismo requiere una jefatura extraordinaria capaz de encarnar esa promesa. Aunque la relación entre populismo y carisma no ha sido trabajada suficientemente, por lo general las aproximaciones al populismo, incorporan al carisma como característica regular. Esa asociación entre ambos fenómenos quizá se entienda mejor cuando constatamos que para el populismo el orden político no es asumido como producto de un vínculo racional-legal, sino como derivado de un “orden revelado” según ha puesto de manifiesto Loris Zanatta, quien ha intentado establecer la conexión entre populismo y ethos religioso. El carisma, esa cualidad extraterrenal que, como indicara Weber, permite al líder que lo posea ser percibido como enviado de Dios, viabiliza la ruptura populista.

El caso venezolano como ejemplo, Delcy Rodríguez es citada como un caso de estudio para este concepto, ya que, a pesar de no replicar el liderazgo carismático de Hugo Chávez, ha mantenido y radicalizado su discurso populista para enfrentar la pérdida de fidelidad política y afectiva de las masas. La interina Delcy intenta compensarse replicando profusamente el discurso populista de su mentor al mantener la “frontera política entre el pueblo y su otro”. Como bien señala Laclau, “no hay populismo sin una construcción discursiva del enemigo”.

El estilo discursivo de Delcy Eloína Rodríguez se caracteriza por una retórica de confrontación ideológica y defensa oficialista carente de la efervescencia popular tradicional, apoyándose en la gestión técnica, la negociación de cúpulas y el control institucional más que en la conexión masiva. El déficit de carisma ha sido compensado por Delcy perpetuando las prácticas en las diversas narrativas populistas que distinguieron al liderazgo de Hugo Chávez. Con ello es posible conjeturar que es factible replicar el discurso populista aun sin la presencia del ingrediente carismático.

La realidad actual de Venezuela es una advertencia a todos los ciudadanos del mundo, situación que convoca a una reflexión final, para darle paso a la razón. El populismo es un tránsito complejo y hasta contradictorio que, al principio, puede resplandecer como una democracia. No obstante, cuando se analiza, llegamos a la conclusión lógica, el populismo puede provocar que la democracia se debilite o, incluso, se convierta en autoritarismo; caso concreto, Venezuela.

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