Seguramente, perdimos hasta la forma de caminar y por ese orgullo rupestre, sandunguero caribeño, no hemos querido darnos por enterados.
O como decimos en el pueblo, “nos quitaron lo bailao”, pese a la circunspecta y bravía irreverencia.
Pero es que mirando solo de reojo, sin entrar en esos sesudos análisis y valoraciones políticas, económicas, geopolíticas, socioculturales, de resiliencia, empatía, y demás, ¡nos quitaron todo! A las pruebas me remito.
“!No hay respeto, no hay estabilidad, no hay educación!, no hay salud!, no hay seguridad, no hay libertad de prensa, ni de partidos políticos. No hay trabajo, no hay salario; Y hasta el otrora robusto Bolívar, se esfumó con sus acariciantes monedas.
Lo que si hay en abundancia, “hasta pa’ tirar pal techo”, “es un alud de impotencia, de frustración, de abatimiento, inestabilidad, de caos generalizado, con daño a nuestra salud emocional. Que al parecer, nos contagió a todos, con “el venenillo del Por Ahora”,
que los catapultó en 1992, los llevó al poder en 1998, y ahora buscan, desesperadamente, traer de regreso.
Como enérgicamente lo denuncia, el post de una protesta digital, iniciada por las redes sociales, por valientes venezolanos que pelean con las uñas. Y que se niegan a aceptar, que todo está perdido.
Sin duda alguna, somos el país potencia, de todos los absurdos. Del “insólito Socialismo del Siglo XXI”. Empezando por el vergatario ministerio eco-socialista, que no solamente ignoró, la brillante trayectoria del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (Marnr), primero en el control y cuidado de la biodiversidad de la naturaleza, en el continente.
Sino que permitió la “razia ambiental” del Arco Minero, y de sus fuentes hídricas de aguas dulces, “las más ricas y envidiadas del planeta”, al sur del país.
Su precaria protección eco-socialista, es tan nefasta, que de repente, nos convertimos, en la capital mundial, del “agresivo y ensordecedor bullicio”.
A tal punto, que la otrora y gratificante Sucursal del Cielo, y acogedora Sultana del Ávila, pasó de ser un sosegado remanso citadino, a un detestable epicentro de ruidosa agonía, merced del caos generado por el descontrol de motorizados por todas partes, y el precario y pésimo transporte público de pasajeros.
Sin duda, es una “dantesca contaminación sónica, que en otros países, sería enérgicamente controlada y penada, pero que en Venezuela, solo ha servido para la “falsa justicia salvadora, y alardes eco-socialistas”.
Volviendo al “País Ausente”, o Estado Fallido, en que devino Venezuela bajo el yugo chavista. Y que ahora con la tutela de Donald Trump, e interinato de Delcy, solo busca garantizar los jugosos negocios gringos, y atender las demandas de sus compañías expropiadas. La transición hacia la democracia, seguirá en veremos.
Se agota la paciencia del pueblo venezolano, como lo admitió, el Secretario de Estado, Marcos Rubio. Pero la repuesta inmediata al país, ahora como que cambió de rumbo e intereses, y seguiremos dándonos golpes de pecho, por poner término a la insufrible agonía.
Según la prestigiosa e influyente revista TIME, en su edición de esta semana, donde muestra en su portada a la interina Delcy, flanqueada por Trump y Rubio: “Venezuela es un nuevo experimento”.
Concepto que por cierto, no figura en ninguna de las tres fases, tan prometidas: “estabilidad, reconstrucción y transición, para rescatar al país.
¿Será que ciertamente, perdimos en silencio, frente a nuestras propias narices, a nuestra querida patria, y no queremos darnos por enterados?
Curiosamente, nos viene a la memorable memoria, aquello de “que el tiempo histórico es un paréntesis en la eternidad, origen y destino del hombre, y de sus retadoras circunstancias” (dixit Fernán Braduel).
Con información de BBC-Mundo, El Nuevo Herald.
ezzevil34@gmail.com

