El cambio avanza de manera indetenible entre las sombras de palaciegas. Aunque a primera vista veamos incertidumbre, hay elementos para suponer que se están produciendo cosas que ayer eran impensables en nuestro país. Es la dinámica de la política, considerada el arte de lo posible.
A comienzo de año era insospechable para muchos que con la extracción de Nicolás Maduro quedara en el poder uno del régimen. Ocurrió lo contrario. Donald Trump dejó a más de uno boquiabierto al anunciar que Delcy Rodríguez se haría cargo del poder. Pragmatismo puro, sentido de la realidad o como haya sido. Pero así fue.
Tampoco era improbable hace algunos meses que Dinorah Figuera, una exparlamentaria con bajo perfil, estuviera hoy en un rol estelar sentada con quienes la satanizaron y juraron meterla presa si regresaba al país. Pero así son las cosas en la política. Trump metió en cintura a los del régimen y los puso a hablar con ella.
Además, estamos viendo un fenómeno que no había ocurrido en estos largos y tenebrosos años de “Socialismo del Siglo XXI”. Sus propios voceros se despedazan públicamente. Es un claro síntoma de que el régimen no aguanta más y se desmorona ante los ojos de todos. Si algo había caracterizado al chavismo es que sus hijos se mantenían coherentes hacia afuera, a pesar de sus diferencias y rivalidades internas.
Las voces del régimen emergen de la podredumbre. Se rebelan entre sí y ponen al descubierto hasta donde son capaces de llegar para mantenerse en el poder. Hablan de traiciones, delaciones y entreguismo frente a los gringos. Claro, en la práctica no deja de ser una retahila más ante el verdadero temor de abandonar el poder y los grandes privilegios que adquirieron indebidamente, a expensas del sufrimiento y dolor del pueblo venezolano.
Aunque durante estos años han reinado los sinsabores y los sueños incumplidos, todo indica que el viento sopla a favor de la Venezuela libre y decente. Los hijos del régimen se devoran entre sí, mientras las fuerzas democráticas tratan de alinearse en torno a una propuesta de país. Cada una de ellas lo hacen a su estilo, pero se unifican. El tiempo avanza y la oportunidad está allí para asumir con crispina sensatez los retos que se avecinan. La Venezuela esperanzada así lo requiere.

