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Eligio Damas: La injerencia y el fascismo nos acosan. Hay que llegar acuerdos para enfrentarlos

 

No voy a asegurar ahora que hay un plan novedoso. Los acontecimientos se vienen desarrollando de manera atropellada; son más veloces y abundantes. Por esas circunstancias se puede decir que, no hay plan nuevo, sino que el mismo de antes aumenta de tamaño y velocidad, tiene más cosas y hasta más piernas. Hay un viejo y manido plan que marcha por inercia, pero repotenciado. Cambian los rostros, pero sigue tal como venía.

Tanto es así que, la diplomacia de Estados Unidos ha optado por importarle muy poco lo que los demás digan y no se ocupa en nada de disimular sus actos de injerencia. Estos se le salen de las manos y hasta tienen autonomía. Volvió a aquello del garrote, según el cual, en nuestro espacio no hay más ni mejor razón que la fuerza, atropello y la procacidad. Es una vaina de meter miedo en el barrio, tanto como para que la gente apenas se mueva para respirar. Quienes en Venezuela se negaban a admitir que ese era el viejo plan de la gran potencia del norte puesto en movimiento, lo tomaban a risa y hasta a uno lo descalificaban por denunciarlo, porque no era sino una manía o maña vieja de, vainas de los comunistas, que son todos los nacionalistas, democráticos y optaron por decir “eso no importa con tal que salgamos de Maduro”.

No importa lo que venga, ni nos vamos a preocupar por eso, lo importante ahora es haber sacado “al usurpador de Miraflores”, pues él es el comienzo y fin de las calamidades. Tanto es así que, hasta un tipo como Guaidó, pudiera servir para eso. Se desarrollaron así las cosas porque no hubo un plan nuevo, de paquete, todo aconteció tal como el que siempre ha operado. Y, en efecto, lo hay, el viejo que, como suele decir Trump, siempre ha estado y “está sobre la mesa”.

Decir que hemos vuelto a la doctrina Monroe y los tiempos de cuando éramos el patio trasero, no es una manera figurada, una inventiva o recreación literaria porque es la pura realidad. Trump, si algo positivo tiene, desde nuestra perspectiva, es que no se guarda el odio racista que alberga contra los pueblos que califica de inferiores. Al contrario, lo derrama sin ninguna simulación y abundan quienes eso no les importa con tal algo les quede. Como manejó el tema o asunto de los migrantes y su empeño de construir el muro que separe su país de México, es una inequívoca manifestación de racismo. Y eso tiene su lado positivo, pues es como quitarse el velo y exhibirse tal cual es. Y al mismo tiempo pone al descubierto a quienes a lo interno, como figuras destacadas, le sirven; ya no pueden fingir, ocultar sus mórbidos deseos ni seguir pasando como inocentes víctimas del engaño. No hay manera de negar ser racista y hasta contrario a su propia nacionalidad, en el caso de un latinoamericano, para sólo hablar de nosotros, si se solidariza con lo que hace Trump.

Si algo nuevo hay, es que el crecimiento del capitalismo en los últimos años con la formación de nuevas potencias y focos competitivos frente a EEUU y sus aliados, que a estos han desplazado de determinados espacios, tanto que la OTAN parece como en decadencia y dislocada, ha obligado a ese país ha enfocarse en espacios antes “en el patio trasero”, en lo inmediato, pero como una reserva para el futuro; un futuro que se le volvió presente.

Años atrás, Trump no sólo se limitó a advertir que no se limitaría a congelar por un tiempo bienes venezolanos, lo que ya era y fue un atropello e injerencia injustificada, sino que los entregarían al señor Guaidó y no conforme con eso, la determinación “para que éste los use eventualmente”.

Esos anuncios y la “orden” dada a quien ellos “apoyaban” como “presidente interino de Venezuela”, para que usaran esos recursos “eventualmente”, indican la mentalidad o idea que siempre prevaleció y prevalece, que el escogido por EEUU y particularmente Donald Trump, deberá proceder de conformidad como él señale.

Uno de los argumentos usuales de factores de la oposición venezolana es el relativo a la injerencia del gobierno cubano en Venezuela. A partir de la relación íntima o estrecha que pareció prevalecer entre ambos gobiernos y resultado de la admiración de vieja data, totalmente ajena a cualquier crítica, que nos llegó de los mismos días del arribo de Fidel Castro y los guerrilleros al mando a la Habana, que se traduce en ciertas prácticas, que pudieran ser simples imitaciones, traslados mecánicos por aquello que, “allá no se pelan y tienen como interpretar cabal y hasta dialécticamente el mundo real y el movimiento todo”, la oposición levantó le tesis de la injerencia cubana y el sometimiento de Maduro y quienes le acompañan a los dictados del gobierno antillano. Una especie de comparación sin medida entre lo que representa Cuba y EEUU. Desaparecida la URSS y aquel Kremlin, asiento del gobierno del PCUS, se usó para sustituirle, sin equidad ni sensatez alguna, al gobierno cubano. Como si Cuba de ahora tuviese la “la capacidad de persuasión” de la URSS o el poder de “convencimiento” y “ayuda humanitaria” de USA.

Pero EEUU no dice ahora tanto eso. Sabe que es un argumento no creíble, sobre todo cuando por haber tenido y tener a Cuba bajo el mismo asedio que a Venezuela y las dos naciones hasta en la carraplana, terminó alentando a los llamados “comunistas” cubanos, a optar por el regreso. A partir del 3 de enero, desapareció la propaganda del “Cartel de los Soles” y en los tribunales donde se enjuicia a Maduro, según reportes tal narrativa o acusación no se maneja.

Desapareció la URSS, China y Rusia son dos potencias capitalistas sin interés ideológico alguno en Venezuela. Sus inversiones están sujetas a la seguridad con todo lo que eso significa en la lógica capitalista, por eso antes que Trump irrumpiera con lo del 3 de enero, se aprobó la llamada Ley de Zonas económicas especiales, destinadas a satisfacer las demandas de ese capital; lo que no fue suficiente, dado que aquellas potencias, cuidaron y cuidan, hubiese seguridad.

Por todo eso, ya Trump, para nada disimula, no se ampara en discursos pro democracia y libertad, sino está diciendo la verdad, todo eso es por el petróleo y los demás minerales con que la naturaleza nos dotó. Sus altos funcionarios tampoco lo hacen y muestran su disposición a “negociar”, con quien sea el gobernante, siempre que este que les permita imponer las reglas; a ellos no les importa si quien lo encabeza se llama Guaidó o de otra manera, pues si este, como dicen los muchachos, se les pone “pepito”, también se lo llevan en los cacho. Y voy a insistir en decir algo que muchos eluden mencionar, Trump con su irrupción del 3 de enero, logró un cuadro inmejorable, uno donde todos los poderes coinciden. Esa ventaja no se la daría la oposición en caso que, habiendo ya elecciones, surja una nueva figura presidencial con un poder legislativo opuesto. Y, hasta en caso de haber elecciones para ambos poderes, no tiene la garantía que, el cuadro, le resulte mejor que, el pintado y guindado en la pared.

Y la estrategia para sus fines estuvo y está impregnada de violencia. Las medidas de distinto tipo para acorralar al gobierno que navega sin orden ni concierto, como si no tuviese brújula ni capitán con fuerza para guiarse por las estrellas, están llenas de ella. Las redes se ocupan de difundir el odio e indisponer a unos venezolanos contra otros. Quien piense distinto y hasta simplemente se suponga que lo haga es un enemigo a quien hay que destruir. En las redes abundan ejemplos de cómo se difunde el odio y desconoce el derecho a pensar diferente.

El odio y el fascismo nos acosan. Por esa aberración hay que abrirle espacio a la tolerancia, el entendimiento y buscar acuerdos que aquello y al injerencismo, resten fuerza. Gobierno y oposición, igualmente responsables, tienen la palabra. Toda propuesta que abra el diálogo, es buena.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM