Finalmente bajé a La Guaira. Por invitación de la Asociación de Egresados de nuestra universidad Simón Bolívar. Y, porque teníamos el compromiso de hacer una entrega de donación al personal de Seguridad y Planta Física que a pesar de todo sigue su compromiso con nuestra institución, echándole rigor para preservarla. Así nos hizo saber y lo solicitó la, exdirectora de la sede y, ahora, directora de división litoralense tan injustamente vituperada, pero trabajadora con energía: la profesora Sara Chikhani.
El tránsito hasta allá fue, cuando menos, horrido. Pude, pudimos, constatar la desgracia generada por los dos terremotos y complementada con los años anteriores de abandono en toda su magnitud. Todavía buscan desesperadamente rastros de vida. Edificios hechos polvo. Vimos, sentimos, la muerte sin ver muertos. Pero, descompuestos, cumplimos el cometido. Nos esperó Sara para la entrega. Entregamos en el trapiche y subimos a los espacios académicos.
En medio de la emergencia, los espacios allá de la USB han sido facilitados, como corresponde, para atender damnificados. Niños corretean, jóvenes juegan ping pong, deambula la tristeza con una sonrisa amable, agradecida. La universidad cumple su función en tiempo de crisis profunda: servir a la sociedad, a la humanidad. Hay agua potable, una antena de comunicaciones, donada por los egresados y otra que les llevaron del gobierno. Comedor habilitado y limpio. Comida. Después de la visita del chivo gobiernero, hay arreglos mayores en la planta física, por daños sufridos ahora, con los eventos sísmicos, y de antes.
Hay militares y policías y bomberos y médicos y enfermeros. Una pantalla enorme en la Plaza Techada, en procura de distraer e informar a los cientos de habitantes temporales de la sede. Mientras cumplíamos esta importante actividad, otro camión de la colecta en el centro de insumos que habilitaron los egresados y donde participa toda la comunidad USB en el Centro Venezolano Americano de Las Mercedes, repartía a nuestra comunidad afectada y más allá otras ayudas con nuestra lidereza estudiantil: Wilmary Venal. La universidad de nuevo cumpliendo su función social, humana.
La USB cuenta cerca de 50 muertos en su comunidad, otros desaparecidos. Entre ellos colegas muy queridos, como Elizabeth Martínez o Lilian Pineda. Y así, estudiantes o personal administrativo. Duele en el alma y más profundo. Algunos lo perdieron todo. La vida cotidiana hundida. El honor a ellos debe ser el cambio de mentalidad, que surja también de la universidad unidad en función del giro político y vivencial.
Vamos a otro país después de los varios eventos de este año, los sísmicos y los otros. Tenemos la obligación de entendernos, de compartir la nación que nos pertenece. En unidad, en medio de la diversidad, como lo demuestra la universidad, a pesar de sus “autoridades”. En medio de la tragedia, un vicerrector tuvo la genial idea de invertir el tiempo, el esfuerzo del personal sembrando arbolitos frutales. Vaya distracción. Pero bueno, no existe, no debe existir, más el aplastamiento del otro que no sea accidental. Todos debemos sobrevivir a la calamidad prolongada anterior, a la calamidad impuesta por la naturaleza. No será fácil. Claro que no. Tendremos que tolerar cosas que antes considerábamos intolerables. Tendremos que avanzar a la democracia y la libertad, no de un día para otro, no como justamente queremos. Pero sí con esperanza en nuestro nuevo país. Los abrazos fueron y serán fundamentales. Todos venezolanos y los extranjeros que nos acompañen a la recuperación. Allá vamos.

