Estaciones del Metro de Valencia, estado Carabobo, pasan hasta 40 horas (Un promedio de 6 horas diarias) inoperativas en una semana por cortes eléctricos.
Análisis sobre cómo la crisis eléctrica afecta el funcionamiento del Metro de Valencia, impactando la movilidad, la economía de los usuarios y la productividad en Carabobo
Si gremios del comercio hablan de hasta 40 horas semanales sin servicio eléctrico esta sería la cantidad de horas que ciertas estaciones del Metro de Valencia podrían pasar sin servicio en un día normal. Fotografía: Armando Díaz.
A las 4:00 de la tarde María Fernanda Torres salió de su trabajo en la calle Michelena con miras a hacer la rutina de siempre. Tomar el Metro de Valencia hasta Plaza de Toros y de ahí agarrar un bus hasta Flor Amarillo. Lo haría por la Intercomunal La Isabelica. La idea era evitar el tráfico de la ciudad. Sin embargo, al llegar a la estación Michelena encontró las santamarías abajo y una fila de usuarios confundidos.
La razón era la misma que se ha repetido cada vez con más frecuencia en los últimos meses: una falla eléctrica. Sin trenes y sin información clara sobre cuándo se reestablecería el servicio, María Fernanda tuvo que abordar una camionetica. El trayecto que normalmente toma unos minutos se convirtió en un recorrido más largo.
Uno sale contando con el Metro porque es más rápido y más económico. Cuando se va la luz nadie sabe qué hacer y termina gastando más dinero. Su historia se repite diariamente entre estudiantes, trabajadores, jubilados y comerciantes que utilizan el sistema ferroviario como principal medio de transporte en la capital carabobeña.
Dependencia eléctrica
La crisis eléctrica no solo afecta hogares y negocios. También impacta directamente la movilidad urbana. El Metro de Valencia funciona gracias a una compleja infraestructura eléctrica que alimenta trenes mediante un sistema de catenarias. Además, hay sistemas de señalización, escaleras mecánicas, si es que funcionan, iluminación, ventilación y equipos de seguridad.
Cuando ocurre una interrupción prolongada del servicio o una fluctuación importante de voltaje, las operaciones pueden verse limitadas o incluso suspendidas temporalmente. La circulación de trenes depende de condiciones técnicas que no siempre pueden garantizarse durante los apagones. Esto genera cierres parciales, retrasos operativos o restricciones que alteran la rutina de miles de usuarios. Pero, la parcialidad es relativa según la hora, si el corte ocurre luego de la 1:00 p.m. ya es una sentencia de que el sistema Metro de Valencia no ofrecerá más servicio por el día.
Producto de las condiciones del subterráneo, este no funciona durante la noche, como sí ocurre en Caracas. Ya a las 6:00 p.m., el sistema culmina su jornada, algo que incluso en otros países es impensable, pero que refleja el déficit de movilidad urbana en la ciudad.
A esto hay que añadirle que el Metro de Valencia en la última década no se ha caracterizado por tener una alta afluencia de usuarios. Esto en parte por lo que fue las oleadas migratorias en la zona sur y porque la inconclusión del sistema hace poco práctico armar un recorrido ya que el Metro no logra penetrar las zonas de mayor movimiento en la ciudad como es Los Sauces, El Viñedo o La Granja.
La factura invisible de los apagones
Para muchos ciudadanos el problema va más allá de una simple demora. José Manuel Rojas trabaja en una empresa ubicada cerca de la estación Cedeño. Asegura que cuando el Metro deja de operar debe gastar entre tres y cuatro veces más dinero en transporte.
Si uso Metro gasto muy poco. Pero cuando hay apagón tengo que agarrar camionetas o mototaxis porque si llego tarde me descuentan el día. El aumento de costos se convierte en una carga adicional para trabajadores cuyos ingresos ya están presionados por la inflación y el deterioro del poder adquisitivo.
Un pasaje del Metro de Valencia tiene un valor de Bs 90, mientras que un pasaje de autobús sale en Bs 140. La situación golpea especialmente a estudiantes universitarios que utilizan el sistema para trasladarse desde zonas periféricas hasta el centro de Valencia, al igual que sexagenarios, porque en el subterráneo si se respetan las exonaeraciones que la ley exige.
Uno calcula el presupuesto de transporte semanal usando el Metro. Cuando cierran las estaciones por falta de luz toca improvisar, comenta Andrea Martínez, estudiante de ingeniería.
Aunque ella debe ir a la Universidad de Carabobo, vive en la zona de Candelaria y toma el Metro y se baja en rectorado, la última estación operativa.
Un problema que se extiende a toda la ciudad
La vulnerabilidad del Metro refleja una realidad más amplia. Durante las últimas semanas los cortes eléctricos han afectado comercios, industrias, hospitales y servicios públicos en distintos municipios de Carabobo.
Los gremios empresariales han denunciado pérdidas económicas derivadas de racionamientos que en algunos sectores superan las cuatro o cinco horas diarias. La Cámara de Comercio de Valencia estima que muchos negocios pierden entre 35 % y 40 % de su tiempo operativo debido a los apagones.
Sin embargo, cuando el impacto llega al transporte público las consecuencias adquieren otra dimensión, pues afectan simultáneamente a miles de personas.
El círculo vicioso del transporte
Cuando el Metro reduce operaciones, la presión se traslada inmediatamente a otros sistemas de transporte.
Las paradas de autobuses se congestionan más y esto se evidencia en la salida de estaciones como Monumental, Francisco de Miranda (Rectorado) o Cedeño.
Las colas aumentan. Los tiempos de espera se multiplican. La ciudad entra en una dinámica donde la crisis eléctrica termina transformándose en una crisis de movilidad.
Luis Pérez, quien utiliza pocas veces la estación Rafael Urdaneta decidió pedir prestado a un compañero de trabajo el valor del boleto para llegar hasta la zona de la torre Banaven. En la mañana usó el servicio con normalidad y al percatarse que había servicio eléctrico a las 5:00 p.m. bajó confiado al subterráneo.
Pagué el boleto sin problemas y escuché en el andén el sonido del tren y fui corriendo. Sin embargo, al no ser un usuario tradicional pregunté a una trabajadora que cual era el sentido que debía tomar y cuando le dije que iba hacia el rectorado la mujer me dijo que no estaba operativa la estación por corte eléctrico.
De inmediato, Pérez se preocupó porque pensó que no le devolverían el dinero, pero si lo hicieron. Su preocupación va más allá de perder o recibir de vuelta Bs 90, sino la falta de comunicación de un servicio público que asume que los usuarios deben saber si hay o no electricidad en la estación de destino.
Salí del trabajo un poco más tarde con la intención de ahorrar tiempo en el Metro y debí correr por la Bolívar para llegar a mi destino.
Las obras inconclusas que persiguen al sistema
La situación ocurre además en un sistema que arrastra problemas históricos. El Metro de Valencia fue concebido como un proyecto de mayor alcance que conectaría distintas zonas de la ciudad mediante nuevas estaciones y extensiones ferroviarias.
Sin embargo, buena parte de esas obras quedaron paralizadas hace años. Lo que debía convertirse en una red más amplia terminó operando con una infraestructura limitada frente al crecimiento urbano de Valencia.
Hoy, mientras algunas de las antiguas áreas de construcción han sido transformadas en espacios públicos y bulevares, la expansión ferroviaria sigue pendiente. Cada apagón vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que se repite entre los usuarios: ¿qué tan preparado está el sistema para operar en medio de la crisis eléctrica?
Por ahora, la respuesta parece encontrarse en los andenes vacíos, las estaciones cerradas y las largas filas de pasajeros buscando alternativas para llegar a sus destinos.
Porque cuando la electricidad falla, el problema ya no es únicamente energético. También se convierte en una cuestión de tiempo, productividad y calidad de vida para miles de carabobeños que dependen del Metro para movilizarse.
Y en una ciudad donde cada minuto cuenta, un tren detenido puede terminar alterando toda una jornada.
Armando Díaz – El Carabobeño

