Desde nuestros territorios ancestrales, los hombres y mujeres de los pueblos originarios de Venezuela alzamos la voz para dirigirnos al premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, a la nación y a la comunidad internacional para manifestar nuestra posición en esta hora crucial para la república. Zenaida Fernández (Vestido morado)
Los pueblos indígenas hoy agonizan bajo una crisis humanitaria sin precedentes, en la que la pobreza extrema supera el 80% en nuestras comunidades del Zulia, Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, condenando a nuestros niños a la desnutrición y a nuestros ancianos al abandono estatal. Vivimos en extrema desigualdad respecto de nuestro derecho a la salud y la educación.
El estado venezolano ha violado sistemáticamente el Artículo 119 de la Constitución, al negarse por más de dos décadas a completar la demarcación de nuestras tierras ancestrales, lo que permite la devastación del Arco Minero, la contaminación de nuestras aguas con mercurio y la invasión de grupos armados irregulares que masacran nuestra cultura y soberanía.
Así mismo, se ha secuestrado nuestro derecho político al voto libre, directo y secreto, imponiendo reglamentos que cercenan la voluntad de nuestras comunidades y nos arrebatan nuestra voz legítima en la representación legislativa a todos los niveles.
El Acuerdo de Panamá, anunciado por la líder María Corina Machado, y las fuerzas políticas democráticas de Venezuela, representa una ruta clara de transición democrática, justicia y rescate de la soberanía nacional, principios que coinciden plenamente con nuestra lucha por la autodeterminación y el respeto a la vida.
En consecuencia, anunciamos NUESTRO RESPALDO TOTAL a María Corina Machado y al Acuerdo de Panamá, como el camino legítimo para restaurar la democracia y la libertad en Venezuela mediante ELECCIONES PRESIDENCIALES libres y sin fraude a la soberanía popular.
Asumimos el compromiso de sumarnos activamente a la ruta de la libertad, aportando la sabiduría de nuestros pueblos para la reconstrucción de Venezuela, donde ser indígena no sea sinónimo de exclusión, sino de orgullo y derecho.
Ratificamos nuestra EXIGENCIA de que cese de inmediato la explotación extractivista que destruye nuestro hábitat y que se reconozca de una vez por todas nuestra propiedad territorial como garantía de supervivencia.
Desde nuestras selvas, sabanas, montañas y costas, alzamos la voz. No pedimos dádivas, exigimos justicia.
El Acuerdo de Panamá es el acuerdo de los pueblos originarios por una Venezuela Tierra de Gracia.
¡Por la dignidad, la vida, la libertad, por nuestra tierra y la memoria de nuestros ancestros!
Suscriben los dirigentes indígenas:
Zenaida Fernández Jusayu. Economista, exparlamentaria indígena del Zulia.
Edison Palmar. Trabajador, líder indígena comunitario.
Carmen Fernández de Peña. Educadora, dirigente comunitaria.
Martha Atencio. Educadora, líder indígena comunitaria.
Amelia Fernández. Educadora, dirigente comunitaria.
Esta es la entrevista con Zenaida Fernández, exparlamentaria venezolana y una de las principales dirigentes de los pueblos ancestrales de Venezuela.
Comencemos con una especie de recuento histórico para que quienes nos leen tengan una idea del último período de la República de Venezuela y los pueblos ancestrales. Hay dos momentos importantes. El primero comienza en 1999, año 2000, durante los cuales el gobierno de Hugo Chávez logra un apoyo considerable de la mayoría de los pueblos originarios. ¿Por qué fue así?
Porque veníamos de un proceso de exclusión, nosotros, como pueblos originarios, no aparecíamos en la Constitución. Solo un artículo decía que éramos un pueblo de excepción. Así lo decía un literal de un artículo de la Constitución del 61. Pero el gobierno de Hugo Chávez abrió un espacio de inclusión. Eso hizo que muchos de nuestros pueblos adhieran a ese proyecto y que el reconocimiento de las comunidades ancestrales se reflejara en la Constitución. Esa es la gran razón por la cual estas comunidades, de las que hago parte, lograron que se las considerara y se reconociera que vivimos en un Estado pluriétnico.
Luego viene un segundo momento que podría fijarse en el año 2010, en el que se produce un desapego, un alejamiento de los pueblos ancestrales del gobierno de Venezuela.
En ese momento había pasado una década. No se veía la respuesta que los pueblos querían en su calidad de vida. Hay muchas conquistas constitucionales mediante leyes favorables: la Ley de demarcación del hábitat natural de los pueblos indígenas, la Ley de Idiomas, la Ley de artesanos; es decir, una serie de legislaciones que deberían haber restituido una calidad de vida digna. Pero no se ve, no se implementan. Eso hace que muchos comprueben que no hay mejoría, que lo que se prometía no se estaba cumpliendo. Ahí está la razón honda de la decepción.
Los pueblos ancestrales publicaron un manifiesto de apoyo al Manifiesto de Panamá, que busca la recuperación democrática del país encabezado por María Corina Machado. Hay varios detalles significativos. Por ejemplo, dice el documento que los pueblos originarios agonizan. Hay un 80% de pobreza extrema. ¿Qué significa esto en la práctica?
Significa desnutrición de los niños. Desmejora en las escuelas; desocupación que impide que gran cantidad de personas de los pueblos indígenas no consigan cómo solventar su existencia diaria. La pobreza que en Venezuela se ha incrementado, no en estos últimos 20 años. Y por supuesto, el sector más vulnerable son los pueblos indígenas. Por ejemplo, acá yo vivo en la zona de Maracaibo, en el estado Zulia, donde existe más o menos un 43% de población indígena wayuu en una zona en donde prevalecen condiciones que afectan gravemente la calidad de vida del indígena wayuu. Pero no solo ellos están afectados, también es el caso de los cinco pueblos del Zulia y así en toda Venezuela.
Quienes creemos en un Dios eterno pensamos que no dio vida para vivirla con dignidad y abundancia. El Estado no garantiza el acceso al trabajo. La mayoría de los indígenas, en este caso, se dedicaban a la construcción. Al no haber inversión en esa área -tenemos más de 10 años sin construcción- muchos de nuestros hermanos emigran a Colombia, hacia otros países y hasta ahora nunca se había dado ese lamento. Vemos que indígenas están por los Estados Unidos. Que trabajan para vivir y enviar ayuda a sus familias. Hay ancianos enfermos solos en sus casas porque no hay acceso a los hospitales que están totalmente colapsados. Si uno va a una emergencia, no es posible recibir atención, y mucho menos el indígena. Los jóvenes, según las últimas encuestas de la Universidad Andrés Bello, establecen que en las zonas indígenas el acceso al estudio es difícil. Entonces un joven llega a ser bachiller, y de allí no tiene posibilidades para ir a la universidad. Anteriormente los que tuvimos oportunidad de estudiar vemos que ahora no existe esa alternativa.
En consecuencia, tenemos una población que está perdiendo la oportunidad de profesionalizarse, aunque fuera un estudio técnico para aportar al desarrollo del país. Por eso la llamada inclusión se ha convertido en una verdadera exclusión de nuestra población.
Otro de los aspectos importantes del documento es cuando señala que no se ha cumplido el artículo 19 de la Constitución sobre la demarcación de las tierras ancestrales. Tiene una importancia singular por estos días cuando se trata de la crítica a las actividades mineras en la zona, porque continúan llegando noticias de balaceras, de problemas con gente armada en la región.
Ciertamente nosotros hacemos en ese pronunciamiento referencia a la explotación indiscriminada. Para nosotros es un ecocidio. Hay una explotación irracional en esas zonas. Durante la pandemia, solicitamos ayuda humanitaria de muchos países por la misma necesidad. Varios líderes indígenas que se manifestaban para pedir las condiciones de sobrevivencia de esa población fueron asesinados por guardias nacionales que arremetieron contra la población. Estamos hablando más o menos de ocho años atrás, sin embargo, la persecución y el crimen han continuado. Los dirigentes denuncian, y con razón, que esas han sido sus tierras ancestrales y que el Estado debía haberlas protegido. Porque así mismo dice el artículo 119. La demarcación de tierras y hábitats indígenas debe ser garantizada por el Estado. Pero las autoridades se desentienden. De ahí que nosotros reiteremos en este pronunciamiento que, a nivel internacional, debe haber una respuesta efectiva que detenga la explotación minera indiscriminada, que trae muerte a la zona. Los empresarios y el Estado están sacando dinero, pero para los pueblos indígenas lo que traen es la pobreza, la muerte, la desidia y el ecocidio.
¿Con qué ojos ven los pueblos ancestrales esta curiosa, inédita, extraña relación entre la encargada del Gobierno, Delcy Rodríguez, y la administración de los Estados Unidos del señor Donald Trump?
Nosotros no somos espectadores, sino que, desde nuestro movimiento, estamos interviniendo, observando de muy cerca el proceso. Entendemos que hay una transición que tiene su tiempo. Nosotros creemos, como pueblos indígenas, que el gobierno del presidente Trump es un aliado, porque de otro modo no hubiese ocurrido el 3 de enero. Lo que anhelamos es que, a través del liderazgo de María Corina Machado, se logre establecer un diálogo entre lo que ha quedado del gobierno de Maduro, que hoy está liderado por Delcy Rodríguez. Para nosotros no es la presidenta, es una encargada de los Estados Unidos y está desmontando todo lo que han construido por más de 25 años. Nuestra esperanza es que se estén dando los pasos y que ellos mismos desarman la maquinaria de persecución. Nosotros fuimos víctimas de esa persecución. De hecho, nuestro líder, estuvo secuestrado por más de 13 meses en una cárcel y en los primeros seis meses no supimos del exdiputado Eduardo Labrador y luego también el mismo Rodrigo Cabezas también estuvo secuestrado.
Hoy la represión ha bajado bastante y de hecho tenemos por lo menos la oportunidad de hacer pronunciamientos, de hablar. ¡Imagínese! Nos habían cercenado hasta poder dar una entrevista. O sea, una dictadura. Gente que está afuera dice que no es así. Sí, es así. Nosotros fuimos víctimas de persecución, apresados, amenazados. Lo que hacemos actualmente es luchar por la verdad, por la justicia y por una mejor calidad de vida de todos los venezolanos.
Es cierto lo que usted dice, pese al panorama todavía difícil, complejo de la realidad venezolana, hay buenas noticias. Una de ellas es justamente este pronunciamiento de los pueblos ancestrales, otra, la actividad de la Coalición Nacional Sindical de Venezuela que crece día a día. Sin embargo, es inevitable preguntarle que, frente al deseo de diálogo de María Corina Machado con el Gobierno encargado, sale el señor Diosdado Cabello diciendo que no lo vamos a hacer.
Es una respuesta que tiene que darla de esa manera, pero nosotros sabemos que el momento va a llegar, porque no es una petición de un gobierno, no es una petición de un movimiento o de un partido, es una solicitud a gritos de una nación. Toda la población venezolana espera esa transición. Debe haber una democracia en donde todos no tengamos que pensar igual, una nación con diversos pensamientos, con diversas realidades y así mismo lo dice la Constitución.
Todos podemos aportar a la reconstrucción, para que no haya más niños desnutridos, no más enfermos muertos en los hospitales, para que la calidad de vida del venezolano sea digna. Ese es el empeño de todos nosotros como nación.
Diosdado puede decir cualquier cosa, pero la Nación ya habló, se manifestó. Ellos secuestraron esa verdad del pueblo, pero ahí está y se ha mantenido durante todo este tiempo. Es la voz del pueblo la que habla.
No quiero sacar conclusiones, pero me da la impresión de que las comunidades ancestrales experimentan un momento de optimismo.
Estamos esperanzados, porque fíjese, la participación de nosotros como pueblos indígenas por elección popular, es totalmente ignorada. Quienes están ahorita de voceros pertenecen al propio gobierno. Nunca van a decir realmente lo que pasa. Lo que cuento jamás lo diría un diputado indígena del PSUV. Entonces esa es una de las cosas que hay que reconstruir: la participación de los pueblos indígenas, en una elección abierta y no de primer grado como lo hacen ahora, en donde es designado el vocero.
La líder lo tiene claro, porque hemos tenido la oportunidad de conversar con ella. Le hemos dicho que nada vale que los derechos estén en la Constitución, que exista una serie de leyes, si todo ello no se refleja en la vida del indígena. Tenemos que mirar hacia el desarrollo de los pueblos, y que sea letra viva en beneficio de las comunidades ancestrales.
Periodista de Radio Media Naranja y de Razones de la Palabra. – https://www.facebook.com/razonesdelapalabra?ref=hl -http://radiomedianaranja.com/ – Colaborador de https://www.opendemocracy.net/es/ – Teléfono:0031653348852 – Correo: zepedavaras@gmail.com

