José Antonio Kast llegó al poder con promesas de cambios en seguridad y economía. Pero la apuesta por un gabinete tecnocrático, la ausencia de mayorías parlamentarias y una serie de errores de gestión convirtieron el inicio de su mandato en una prueba de gobernabilidad.
Tras los cuatro años de mandato del presidente de izquierdas Gabriel Boric, las expectativas sobre el nuevo presidente chileno, José Antonio Kast, eran altas. Se esperaba que llevara a cabo el cambio de rumbo que se necesita con urgencia en materia de seguridad y política económica. Unos cien días después de la toma de posesión, muchos chilenos se sienten decepcionados. Las reformas anunciadas se hacen esperar y ya debió enfrentar la primera crisis de gabinete.
Con más del 58% de los votos, el candidato del ultraconservador Partido Republicano (PR) fue elegido presidente en segunda vuelta. Kast fue apoyada por la coalición electoral de centroderecha Chile Grande y Unido, formada por la conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), la liberal Evolución Política (Evópoli), el ya disuelto partido de centro Demócratas (DEM) y Renovación Nacional (RN). Otros partidos pequeños representantes del centro político también lo apoyaron en la segunda vuelta.
Pero en Chile no existe una coalición de gobierno. Los partidos de la coalición electoral Chile Grande y Unido solo aseguraron a Kast que apoyarán a su Gobierno para elaborar y aplicar conjuntamente las reformas necesarias. Sin embargo, esto no supone un cheque en blanco para una colaboración incondicional. Se trata únicamente de una oferta de apoyo flexible, que puede rescindirse en cualquier momento.
El gabinete meritocrático
La formación de un gabinete que abarcara el espectro político de la coalición, desde posiciones socioliberales hasta ultraconservadoras, parecía una tarea compleja. Kast tomó una decisión inesperada: formar un gabinete meritocrático en el que la competencia de los futuros ministros prevaleciera sobre la afiliación partidista y la experiencia política. Esto fue recibido con preocupación por Chile Grande y Unido.
Los retos políticos en seguridad y economía son tan importantes que se considera necesaria la experiencia política para conseguir las mayorías para llevar a cabo las propuestas de reforma. El Gobierno no cuenta con mayoría parlamentaria, ni en el Senado ni en Diputados. Se necesita tacto político y habilidad negociadora para convencer a que la oposición respalde los proyectos de reforma.
El nombramiento de tecnócratas sin experiencia política para ocupar ministerios clave provocó malestar entre los partidos políticos, incluso el propio Partido Republicano. De los 25 cargos ministeriales, 16 se asignaron a expertos independientes. Solo dos políticos del PR, así como un representante del RN y otro de la UDI, fueron nombrados ministros.
Gobierno de emergencia y primeros proyectos de ley
Inmediatamente tras asumir el cargo, Kast anunció que, debido a la grave situación de seguridad y al estancamiento del crecimiento económico, era necesario proclamar un gobierno de emergencia.
En materia de seguridad, el gobierno planteó como necesaria la construcción de una zanja en la frontera entre Perú y Chile y Bolivia y Chile, para impedir la cruzada de migrantes ilegales. Además, el Gobierno anunció la repatriación de los migrantes en situación irregular a sus países de origen y el endurecimiento de las penas por delitos de todo tipo.
Para contrarrestar la falta de crecimiento económico, se prevé la promulgación de leyes destinadas a facilitar y acelerar las inversiones. A tal fin, Kast anunció la revisión de 43 decretos sobre protección del medio ambiente aprobados por el Gobierno de Boric. Su objetivo es acelerar los proyectos de inversión existentes y fomentar nuevos proyectos, sobre todo en el sector minero. Los decretos objeto de controversia refieren principalmente a la descontaminación de zonas contaminadas, el control de las emisiones y la creación de áreas de protección ambiental.
Además, el Gobierno de Kast anunció una amplia reforma fiscal destinada a lograr una importante desgravación fiscal para las inversiones. La denominada Ley de Reconstrucción Económica y Desarrollo prevé reducir la carga fiscal de las empresas en varios puntos porcentuales, hasta 23%, y adoptar medidas para facilitar la contratación de nuevos empleados y la formalización de los trabajadores informales. Se espera que las pequeñas y medianas empresas se beneficien especialmente de la reforma fiscal. Las inversiones importantes por un valor superior a 50 millones de dólares (sobre todo en los sectores minero y energético) contarán con la garantía de que la legislación fiscal permanecerá inalterada durante 25 años.
Impacto del conflicto en Oriente
Justo antes del inicio del nuevo mandato, el 11 de marzo, estalló la guerra con Irán. Como consecuencia del bloqueo del estrecho de Ormuz y del consiguiente aumento del precio del petróleo y materias primas, el Gobierno tuvo que reaccionar con celeridad.
Chile depende de la importación de petróleo crudo y sus derivados, como combustibles, ya que no posee yacimientos ni reservas. El recién nombrado ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, decidió suspender el mecanismo de estabilización de los precios de los combustibles (MEPCO). Esto provocó que los precios aumentaran en un día el equivalente a casi cuarenta céntimos por litro de gasolina y sesenta céntimos por litro de gasóleo. Desde 2014, el MEPCO sirve como mecanismo regulador para amortiguar las fuertes fluctuaciones de los precios internacionales del crudo, la gasolina y el gasóleo.
Diez días después de la toma de posesión del nuevo Gobierno, la medida provocó una caída drástica en los índices de popularidad. Solo el 36% de los chilenos apoyaba la gestión del nuevo Gobierno (10% menos que al inicio de su mandato). La desaprobación alcanzaba el 58%.
Problemas y primera remodelación del Gobierno
Además del malestar por la suspensión del MEPCO, hacia finales de marzo se hicieron evidentes las primeras debilidades políticas y comunicativas del gabinete. El ministro Quiroz anunció la subida de precios con falta de empatía. La portavoz del gobierno, Mara Sedini, apenas tenía experiencia en el trato con los medios de comunicación. Y la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, no presentó el nuevo plan de lucha contra la delincuencia que la población esperaba inmediatamente.
Todo esto provocó el descenso significativo de la popularidad, y también la primera reorganización necesaria del gabinete. Los tres pilares del programa de gobierno de Kast se vieron comprometidos: la rápida elaboración y aplicación de una estrategia para combatir la delincuencia, la creación de condiciones marco para aumentar las inversiones y la transparencia absoluta en la comunicación.
Tras el discurso anual a la nación, que en Chile se celebra tradicionalmente el 1 de junio, la ministra Steinert y la portavoz Sedini fueron destituidas. Así, el presidente Kast llevó a cabo su primera remodelación ministerial. Tras el nombramiento de los nuevos ministros (Martín Arrau en Seguridad y Claudio Alvarado como portavoz, también ministro del Interior) los índices de popularidad del Gobierno volvieron a situarse en el nivel que tenían al asumir el cargo en marzo. Pero Kast tuvo que pagar un alto precio por su decisión de nombrar a ministros sin experiencia política.
¿Disposición al compromiso?
Es probable que Kast haya cometido un error al inicio de su mandato, al confiar principalmente en la experiencia de tecnócratas. No reconoció la necesidad de alcanzar compromisos políticos con los partidos aliados de la coalición electoral Chile Grande y Unido para superar los retos a los que se enfrenta Chile. La historia política reciente demuestra que la implementación de reformas solo es posible con el respaldo político del partido gobernante, de sus aliados y de sectores de la oposición moderada.
Ni el Partido Republicano del presidente ni la coalición de centroderecha Chile Grande y Unido cuentan con mayoría en el poder legislativo. Por tanto, el presidente depende de los votos de la oposición moderada para llevar a cabo las reformas necesarias. Esto solo es posible mediante habilidad política, diplomacia y disposición al compromiso, atributos que aún no han salido a la luz.
La falta de consideración hacia los representantes con experiencia política, del Partido Popular RN y de la UDI conservadora, para formar el gabinete ya provocó las primeras tensiones. Si bien no condicionan el apoyo de los partidos de la coalición, sí afectaron la comunicación, sobre todo entre el Partido Popular RN y el PR. En este sentido, Kast deberá reforzar la cooperación con la coalición electoral aliada en los próximos meses. Sin habilidad política y sin disposición al compromiso, Chile será difícilmente gobernable dada la actual distribución de mayorías en el Parlamento.
Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Chile.

