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Gehard Cartay Ramírez: El cambio en Venezuela es urgente

 

Los venezolanos reclaman urgentemente un cambio. Lo dicen las encuestas y sondeos de opinión, se siente en las calles y se escucha en cualquier conversación a lo largo y ancho del país.

Quienes están en el poder desde hace 27 años no pueden seguir ejerciéndolo porque ya ni siquiera gobiernan, están agotados en todo sentido, su tiempo se les acabó y el país los rechaza abrumadoramente, como quedó fielmente demostrado el 28 de julio de 2024 cuando fueron derrotados de manera aplastante. La interina y su grupito sólo están ocupados en maniobrar para quedarse un tiempo más. Los demás funcionarios siguen “raspando la olla” y gobernadores y alcaldes carecen de ideas y de ganas de trabajar por la gente, sin disposición ni ánimo para servirle a sus regiones.

El país está definitivamente cansado y harto del chavomadurismo y del rodrigato. Han estado mandando demasiado tiempo y su obra de gobierno es casi inexistente. Llegaron ofreciendo que todo iba a mejorar y todo empeoró en estas casi tres décadas. Llegaron ofreciendo resolver los problemas de Venezuela y no lo hicieron: por el contrario, los agravaron todos y crearon otros nuevos, aún mayores, a pesar de que nunca antes Venezuela obtuvo tantos petrodólares. Mientras mayores fueron esos ingresos, mayor fue la corrupción de quienes los despilfarraron, así como su ineficacia e incapacidad para enfrentar nuestros problemas de todo orden.

¿Qué pueden ofrecer ahora y qué pueden hacer luego de este gigantesco fracaso creado por ellos mismos? Nada, desde luego. Se han hecho indignos de seguir en el poder por su corrupción infinita y su incapacidad monumental. Arruinaron y saquearon uno de los países más ricos del mundo y lo han africanizado, convertido en un océano de dificultades, empobrecido a la gran mayoría de sus habitantes y retrocedido al menos cien años desde el punto de vista de su desarrollo político, social y económico, mientras su cúpula podrida se ha enriquecido como nunca antes lo pudo haber hecho alguna en la historia universal. Esta es la desgraciada verdad que casi todos lamentamos hoy y que los hace indignos de continuar en el poder.

Venezuela no puede esperar más. Cada día que pasa, empeora nuestra situación política, económica y social y la presión aumenta a todos los niveles, aunque el régimen se desentienda de los reclamos y exigencias populares y crea que todo está bien. Pero hay que ir al mercado para darse cuenta de que el costo de la cesta básica sigue en aumento creciente e insostenible, los servicios públicos son un calvario, especialmente el suministro y costo de la energía eléctrica, cada día peor y racionada de forma tal que en las comunidades su suministro es casi inexistente, así como la crisis en hospitales y centros asistenciales, absolutamente pavorosa. Y ello para no referirnos a la tragedia de nuestra educación y el maltrato a nuestros educadores, lo cual conforma un problema antropológico que apenas comienza y que el país sufrirá en los próximos años, si esto continúa igual.

No es verdad entonces lo que dice el inefable presidente Trump: que aquí después del tres de enero “todos estamos bailando en las calles y ganando mucho dinero”. Se trata, sin duda, de una burla intolerable frente a la penosa situación de la gran mayoría de los venezolanos o de una ignorancia inaudita del líder del país mejor informado del planeta. Vaya usted a saber.

Por supuesto que tampoco ha variado la situación de los presos políticos y los atropellos, así como las violaciones de los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad que aún subsisten como mecanismos de advertencia de que el poder continúa en manos de quienes lo detentan desde hace 27 años.

En medio de este infierno creado por el chavomadurismo y el rodrigato, lo lógico es que se vayan y dejen el camino abierto para que otros, con ganas y proyectos, ocupen sus cargos e inicien la reconstrucción de Venezuela en todo sentido. Pero no sólo sería lo lógico, sino lo que manda la Constitución y a lo que están obligados. Como se sabe, quien ocupaba la presidencia de la República está siendo juzgado en Estados Unidos y, por lo tanto, su ausencia es absoluta en todo sentido. Quien lo suple lo hace con carácter interino y provisional por 180 días que terminan el próximo dos de julio.

Ante esta circunstancia indudable y conocida por todos, los artículos 233 y 234 obligan a la Asamblea Nacional a declarar su ausencia absoluta de Maduro y convocar elecciones presidenciales en 30 días, en virtud de que su falta se produjo en los primeros cuatro años del actual período presidencial, iniciado en 2025, sin entrar a considerar siquiera las circunstancias fraudulentas que ocasionaron su llegada al cargo.

Será la única manera constitucional y democrática de iniciar la transición pendiente y lograr el cambio urgente que reclamamos en esta hora los ve

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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