pancarta sol

Las mujeres pescadoras la historia que Ecuador ya está escribiendo

 

Puerto de pescadores en Isla Santa Cruz, Galápagos, Ecuador. Cuando pensamos en el futuro de los océanos, solemos mirar hacia el mar abierto: las embarcaciones, las redes, la pesca, las olas. Pero una parte esencial de la economía del mar ocurre también en tierra: en los muelles, en los mercados, en las plantas de procesamiento, en las asociaciones comunitarias y en los hogares donde se sostiene la vida diaria de las comunidades costeras.

Mujeres, océano y empleos: La historia que Ecuador ya está escribiendo.

En Ecuador, la economía azul no es un concepto abstracto. Es el uso sostenible de los recursos oceánicos para generar empleo, alimentos y crecimiento, al tiempo que se mantiene la salud del mar, y está siendo impulsada, en gran parte, por mujeres.

Sandra García, presidenta de la Asociación de Mujeres Estero Porteño, en la provincia de El Oro, y miembro de FENACOPEC, representa una realidad que pocas veces se visibiliza: Las mujeres no solo participan en la pesca artesanal, sino que también organizan, transforman, comercializan, cuidan y sostienen buena parte de la cadena de valor costera.

Su liderazgo refleja una transformación más amplia dentro de un sector históricamente masculino, donde las mujeres están ganando espacio en la organización comunitaria, la innovación productiva y la sostenibilidad del mar. Esta es también una de las ideas que recoge el próximo reporte del Grupo Banco Mundial: “Avanzando hacia la igualdad de género y la inclusión social en la economía azul de Ecuador”, que analiza cómo las mujeres participan, en distintas cadenas de valor vinculadas a la economía azul en el país.

No obstante, los datos del reporte muestran una paradoja. En la pesca artesanal en alta mar, la participación de mujeres apenas alcanza el 17%, mientras que los hombres representan el 83%. En actividades extractivas vinculadas a acuicultura y recolección, la participación masculina también supera el 80%.

Pero cuando se mira la cadena completa, la historia cambia. Las mujeres realizan cerca del 80% del procesamiento y casi la mitad de la comercialización de productos del mar. Son quienes limpian, transforman, venden, organizan redes familiares y comunitarias, y conectan el trabajo pesquero con los mercados. Buena parte del valor agregado y de los pequeños emprendimientos vinculados a la economía azul dependen de su trabajo y liderazgo. Aunque no tienen mucha presencia en alta mar, las mujeres están en el centro de la economía costera.

Y también lo están en la conservación. En Esmeraldas, son mujeres las que lideran 8 de las 14 asociaciones de REDAUMSLEA (Red de Integración Económica de Asociaciones de Usuarios del Manglar de los cantones San Lorenzo y Eloy Alfaro).

Desde esos espacios, participan en la custodia de 118.000 hectáreas de manglar, que constituyen hábitats clave para la pesca y la acuicultura, una barrera natural de protección costera, y una fuente de biodiversidad, alimento, captura de carbono y sustento económico. Cuando las mujeres participan en su gestión, también están protegiendo la base natural que sostiene el resto de la cadena.

Mujeres pescadoras Ecuador 1

Mujeres en Santa Cruz, Galápagos, transforman residuos de pescado en alimento avícola.

Fortaleciendo liderazgos y derribando barreras

Pero ese liderazgo convive con barreras estructurales. En Ecuador, el 69,8% de la población económicamente inactiva son mujeres, principalmente por la carga desigual del trabajo de cuidado no remunerado. Esta carga adicional no reconocida significa menos tiempo para capacitarse, participar en asociaciones, asumir cargos, viajar, negociar o acceder a mejores oportunidades económicas.

A ello se suman condiciones de seguridad que limitan la movilidad y el trabajo. En provincias costeras como El Oro y Esmeraldas, la violencia de género supera el promedio nacional, con niveles de 70,2% y 68,2%, respectivamente. Estos datos no son solo indicadores sociales. También son barreras económicas. Influyen en si una mujer puede trabajar de noche, desplazarse a un puerto, participar en una cadena productiva o asumir un rol de liderazgo.

Por eso, hablar del futuro de los océanos también exige hablar de cuidado, seguridad y movilidad: condiciones básicas para que las mujeres puedan participar plenamente en las cadenas productivas del mar.

La buena noticia es que ya se están dando pasos reales. En la Planta Piloto de San Mateo, en Manabí, el enfoque ha sido capacitar al sector pesquero artesanal para que logre ir más allá de la materia prima. Con un 52% de mujeres participando activamente en estos procesos de formación, el centro ha impulsado la creación de 70 productos nuevos: 60 para consumo humano y 10 para consumo animal. Así, ellas desarrollan marcas propias y profesionalizan su trabajo en tierra, más allá de la extracción.

Ese ejemplo muestra algo importante: cuando las mujeres acceden a capacitación, tecnología y redes, transforman la economía, agregan valor, diversifican ingresos, abren mercados y al mismo tiempo sostienen y conservan. Al reducir la dependencia de la captura diaria, fortalecen sus medios de vida y hacen que la pesca artesanal esté mejor preparada frente a cambios del mercado o del clima.

La economía azul ya no se trata solamente de cuánto se extrae del mar. Su futuro dependerá cada vez más de cómo se genera valor, cómo se cuidan los ecosistemas, cómo se organizan las comunidades y quiénes tienen voz para decidir. Ecuador puede ofrecer aprendizajes útiles para otros países de la región: avanzar hacia modelos productivos que conecten sostenibilidad, inclusión y acceso a mercados.  Iniciativas como AgriConnect Ecuador reflejan esa visión al fortalecer cadenas de valor para pequeños productores, incluidas las mujeres que ya transforman, comercializan y agregan valor a los productos del mar.

Cuando celebramos el Día Mundial de los Océanos este 8 de junio, queremos destacar las oportunidades para construir una economía azul que reconozca y valore el liderazgo real que ya existe en el territorio. Mujeres como Sandra, y muchas otras en comunidades pesqueras, asociaciones de manglar, plantas de procesamiento y emprendimientos locales, no están esperando ser incluidas en el futuro del mar, ya están ayudando a construirlo.

Banco Mundial – Erwin de Nys -Maurice Andrés Rawlins – Greta Granados de Orbegoso – María Soledad Requejo – Verónica Navas.

 

Tradución »