Los restos mortales del Mariscal Antonio José de Sucre descansan en un mausoleo ubicado en la nave sur de la Catedral Metropolitana de Quito, Ecuador.
El 4 de junio de 1830, una conspiración que involucró a los generales José María Obando (granadino) y Juan José Flores (venezolano), acabó con la vida del Gran Mariscal de Ayacucho. Antonio José de Sucre es emboscado en la montaña de Berruecos, cerca de Pasto, en el sur de Colombia, tenía para entonces la edad de 35 años, retirado de sus obligaciones de Estado, se dirigía a Quito, al encuentro con su esposa y su pequeña hija.
Diez años después del crimen, en 1840, la fiscalía de la Nueva Granada investiga los hechos y el venezolano Apolinar Morillo resulta el único juzgado, condenado y ejecutado como autor material. El crimen político involucró a élites militares y personas que ocupaban o llegaron a ocupar espacios de poder en la Nueva Granada y Ecuador. El más beneficiado de la muerte de Sucre fue el General Juan José Flores, quien llego a ocupar la presidencia del Ecuador por primera vez, entre 1830 y 1834, señalado como uno de los autores intelectuales del asesinato, paradójicamente sus restos descansan hoy, a pocos metros de los de Antonio José de Sucre, en un mausoleo de la Catedral Metropolitana de Quito.
Bolívar al enterarse de la noticia en julio de 1830, exclamó… ¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre del inocente Abel!… La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida.

Recopilación y redacción: Arnaldo Pino

