Escribo, en medio de la complicación de la vida en Venezuela hoy: escasez de casi todo, de dinero, de serenidad, de compañía, de salud y de juventud, entre las múltiples carencias que padecemos. Eso sí, sobra el humor, ganas de echarle ganas a todo, un inmenso amor por lo nuestro; desde hijos y nietos hasta el terruño. Aparte: Fe absoluta en nuestro amado Dios. Apoyo y sostén en medio de la locura cotidiana. Supero la angustia e inquietud al escribir. Decido no ocuparme de las decisiones locas de la caterva de individuos que dicen “gobiernan” el país. No obstante, sería otra persona, sino me preocupara: soy consciente, eso produce inquietud.
Intento aclarar mis ideas, también las de ustedes, a la vez. Explico, toda absolutamente toda tecnología es neutra desde el punto de vista ético. ¿Qué significa esto? No tiene la tecnología responsabilidad alguna desde el punto de vista moral-ético, de lo que se hace con ella; su actuación obedece a quien lo/a gestiona. No tiene ethos. Piénsese en la bomba atómica, por ejemplo. La ética de su creador y fabricante, hizo que no quedara en manos de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Gracias a la conducta de los inventores, se salvó la democracia y el mundo, del nazismo. Hay una terrible guerra en Medio Oriente: riesgoso que sustancias atómicas estén en manos de pueblos sin consciencia sobre lo que puede ocasionar. Se observa, la invención de la bomba atómica depende de quién la use; la energía atómica, igualmente, de doble uso: depende del ethos de quien la utilice y para qué. Todo el material radioactivo es lo mismo. La inteligencia artificial produce angustia, sí se piensa en sus posibilidades. Al saber, la bomba atómica está o puede estar, en manos de terroristas o salvajes, ¿cómo no preocuparse? De allí la trascendencia de la ética. Desde “que el mundo, es mundo”, dirían los antepasados, no podemos vivir sin ética. Los griegos, sabios siempre, muy pronto se dieron cuenta de ello, en occidente son los impulsores de la ética. Mientras en oriente, en China, Confucio y Menco son los filósofos que dictan los parámetros éticos, para el desarrollo, la subsistencia del humano y su progreso en convivencia. Se trataría entonces, de revisar y conocer la ética del creador, o productor de la IA. No existe el ethos, como manera de ser o carácter en la tecnología, sea ésta del tipo que sea. Desde la rueda y el cuchillo hasta la IA, causante del sobresalto en la mayoría de los usuarios. La IA, necesita energía eléctrica, ¿o no? Pues, se desenchufa. Se gasta la batería, si se la cargó. ¿Y entonces? ¿de qué trata esto? La ética del creador y/o de quien maneja esa tecnología, juntos o separados, depende del acuerdo-contrato que hayan establecido en los inicios del proceso de creación. A partir de allí se puede o no manejar con ética o sin ella, el proceso tecnológico. Muchos de los tecnólogos creadores, no necesariamente creativos, ceden su producción a quienes les suministran los recursos económicos para producirlos y sostenerlos; en oportunidades, resultan arrepentidos y no hay nada que hacer. Al ceder los derechos, la propiedad a otros, esos deciden.
Pensemos en otros inventos tecnológicos: las armas. A comienzos del siglo XX, fue común hablar “de la ley del revolver”. Una forma confusa de responsabilidad en el tema de pleitos armados: ¿peleaba el revolver? ¿o, quien lo manipulaba? Más complicado, en el siglo XIX en nuestro país, se hablaba de “leyes de imprenta”. ¡Era la imprenta la que cometía, los llamados “delitos de imprenta”! ¿Una manera de quitar responsabilidad al actor/a del hecho o delito? ¿Tal vez, no se había identificado la responsabilidad al manejar el instrumento? Revolver, imprenta, computadora, IA, o lo que sea, cuestionado por uso delictivo, llegamos a lo mismo: el instrumento lo guía y maneja un ser humano. Actualmente, se ha legalizado la Ley del Odio, como si ese sentimiento extremo puede actuar por sí solo. Nuestros legisladores tienen que tener cuidado a la hora de establecer normas, especialmente al etiquetarlas.
Regreso a “Magnífica Humanidad” la traducción del nombre en latín de la Primera Encíclica de Nuestro Papa León XIV. Nos quiere recordar el Santo Padre lo maravilloso del humano y de la humanidad. ¿Hace falta? Pues sí, a menudo lo olvidamos, somos la más grande creación de Dios: “a su imagen y semejanza”. No obstante, susceptibles a las tentaciones diarias, débiles frente a circunstancias pecaminosas, dispuestos por momentos y por largo tiempo, a olvidar a nuestro Creador, y lo más dramático, no recordar que somos su creación y dio su vida al ser Crucificado para salvarnos; por su amor infinito se hizo hombre y padeció por nosotros.
Mala memoria, tenemos, ¿también, ignorancia y prepotencia? desde allí, parece absolutamente pertinente la Encíclica Papal. “Magnífica Humanidad”. En medio de la locura, que parece dirigir a nuestro planeta, se les ocurre a los genios de la tecnología, (creen ellos) inventar la inteligencia artificial (IA) Tal vez, no lo sepan, les falta humildad: todo en la tierra y en el cielo es creación de nuestro Dios, Amado Padre Celestial. La reconvención de nuestro Papa León XIV, es un simple recordatorio, con suave y delicado amor, nos pone en contacto con lo trascendental de nuestra magnífica humanidad. No dejar de pensar en la necesidad de la moral y de la ética, además de la existencia de Dios, en cualquier intento, proceso, desarrollo o inquietud del humano. ¡Con la ayuda de Dios, todo posible! No lo olvidemos.
¡Aquietemos los egos!

