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Los dirigentes opositores en el exilio están regresando a Venezuela

 

Varios dirigentes políticos de peso regresan al país bajo el amparo de la Ley de Amnistía y en el marco de la distensión del rodrigato, combinando el trabajo político de base con procesos judiciales para normalizar su estatus. Aeropuerto de Maiquetia.

El liderazgo opositor en el exilio empieza a volver a Venezuela.

Parte del liderazgo de la oposición en el exilio comienza a regresar a Venezuela. No son todos, faltan muchos, pero sí hay nombres importantes y conocidos. Algunos lo hacen por motivos personales y han mantenido el bajo perfil. Otros, la mayoría, parecen decididos a regresar a la política de inmediato. Con juicios penales abiertos, quieren normalizar su situación en los tribunales en el contexto de la Ley de Amnistía. Vetados por el régimen desde hace unos años, varios de estos dirigentes han ido a la radio y la televisión para relatar el proceso personal y el estatus legal que están cursando. No todas las historias son armónicas: Wilmer Azuaje, uno de los retornados, denunció que motorizados armados han hostilizado la residencia de su familia luego de su regreso.

En menos de diez días, volvieron a Venezuela, sin afrontar problemas con las autoridades, Carlos Ocariz, dirigente nacional de Primero Justicia; Yon Goicoechea y Lester Toledo, de la dirección nacional de Voluntad Popular; Roberto Marrero, exmiembro del gobierno interino de Juan Guaidó, hoy independiente; Richard Blanco, secretario general de Alianza Bravo Pueblo; Wilmer Azuaje, político opositor independiente; José Guerra, exdiputado, militante de Unión y Cambio; y Marcos Velasco, de Vente Venezuela. Goicoechea, Blanco y Marrero ya estuvieron presos en El Helicoide. Se trata de políticos profesionales conocidos y con años de actividad, que afrontan juicios legales con acusaciones muy graves, la mayoría de los cuales escapó por muy poco de un arresto antes de tener que emigrar.

Con mayor discreción, también ha anunciado su regreso Rocío San Miguel, activista civil y defensora de derechos humanos, directora de la ONG Control Ciudadano, quien pasó más de dos años presa bajo acusaciones de terrorismo y traición a la patria, y cuyo caso fue uno de los más conocidos y protestados en la opinión pública local de este tiempo.

Algunos de ellos, como Ocariz y Marrero, llegaron a Venezuela para quedarse de una vez. Otros, como Goicoechea y Guerra, están en el país, pero deberán irse y quieren regresar pronto. Goicoechea está haciendo gestiones para regresar definitivamente. Han estado haciendo política, reuniéndose con la militancia y visitando pueblos y barriadas populares del entorno capitalino.

El régimen chavista en los tiempos del llamado rodrigato distiende un poco más sus modales y tolera el regreso de algunos de sus más esclarecidos adversarios, interesado como está en proyectar una imagen que le permita mantener sus posiciones en el pacto con los Estados Unidos luego del 3-E. La mayoría de las veces, el retorno al país de estos dirigentes ha estado pactado previamente a través del Programa para la Paz y la Convivencia Democrática que promueve el Palacio de Miraflores. El eventual regreso de los políticos opositores más prominentes, como Leopoldo López, Julio Borges o la propia María Corina Machado, sigue luciendo muy remoto al día de hoy.

Pensé mucho en lo que quería hacer al volver a Venezuela, porque el momento político es otro, cuenta Carlos Ocariz, quien fue alcalde del municipio Sucre, uno de los cinco que integran la ciudad de Caracas. Estoy decidido a trabajar, desde abajo, en un proyecto político y social de reconstrucción. Apenas el 7 por ciento de la masa laboral del país está afiliada a sindicatos. Los colegios profesionales quedaron para atender emergencias. Más de 400 medios de comunicación están cerrados. Los partidos políticos están todos ilegalizados. Quiero trabajar para reconstruir el tejido de esta sociedad, tender puentes desde abajo. Y desde ahí, acompañar el proceso de democratización en marcha.

Ocariz pasó a la clandestinidad dos días después de las fallidas elecciones presidenciales de 2024, en las cuales quedó reelecto el presidente en funciones, Nicolás Maduro, bajo acusaciones de fraude. Organizó apuradamente su salida del país por la frontera con Colombia, acompañado de una de sus hijas, una vez que la propia María Corina Machado le alertara que debían hacerlo, y un día antes de la captura del secretario general de Voluntad Popular, Freddy Superlano. Tenía año y medio viviendo en España. Se mantuvo activo políticamente en el exilio. Estaba casi seguro de que su situación se extendería indefinidamente. Ingresó al país por la frontera con Colombia hace 15 días. Dice que se ha presentado en los tribunales para aclarar su situación.

Economista y político, profesor de la Universidad Central de Venezuela, José Guerra tenía una orden de arresto, acusado, junto a otros colegas, de difundir información falsa para crear zozobra en la población. Hoy vive en Washington. Guerra, exdiputado, militante de Unión y Cambio (la agrupación política creada por Henrique Capriles luego de dividirse Primero Justicia) era director del Observatorio Venezolano de Finanzas, una asociación civil que ofrecía reportes mensuales y anuales del comportamiento de la economía en plena crisis hiperinflacionaria, en un momento en el cual el Banco Central de Venezuela no lo hacía.

Me acogí a la Ley de Amnistía, y luego de conversar desde allá, obtuve un salvoconducto para entrar al país con el pasaporte vencido, cuenta. Me he presentado en los tribunales, buscando el sobreseimiento de mi causa. El trato de los funcionarios ha sido cordial. Saqué mi nueva cédula de identidad, mi nueva tarjeta bancaria y ahora voy a renovar mi pasaporte. A mí me dejaron sin nada. Guerra, que tiene que volver a los Estados Unidos para cumplir con las exigencias migratorias de aquel país, hizo un recorrido con sus compañeros por las barriadas de El Valle, en Caracas, y ya ha ido a la televisión y la radio a analizar el cuadro económico nacional. Esta semana presentará una propuesta académica para la reconstrucción del país en un acto en la Facultad de Ciencias Económicas en la Ciudad Universitaria de Caracas.

Acoso del régimen

No todos los retornos de dirigentes exiliados han sido armónicos. Luego de recibir una calurosa bienvenida en el Aeropuerto de Maiquetía, Wilmer Azuaje, un viejo adversario regional del chavismo que tenía siete años en el exilio, y que estuvo varias veces en la cárcel acusado de conspiración, denunció que un grupo de motorizados armados ha rodeado la casa de su hermana y de sus hijos en Caracas, destruyendo el vehículo familiar y profiriendo amenazas. Responsabilizo a los cuerpos de seguridad del Estado de cualquier atentado contra mi integridad física o la de mi entorno familiar. No van a sacarnos del camino de la reconstrucción democrática.

Fue una decisión difícil, había mucha polémica sobre si hacer o no uso de esa herramienta de la Ley de Amnistía, afirma Yon Goicoechea, quien también estaba exiliado en España. Yo decidí hacerlo porque quiero volver a mi país, así de sencillo. A mí me están persiguiendo desde que tengo 22 años. Cualquier herramienta que me permita recuperar mis derechos como venezolano para mí es útil. La Ley de Amnistía tiene muchas fallas, pero claro que ha sido un paso en la dirección correcta. Yo no sé si me voy a lanzar a algo, ni qué va a pasar en Venezuela, pero Venezuela es mi país y yo quiero regresar. Quiero rehacer mi vida allá y que mis hijos sepan que allá tienen un lugar.

Todo el tiempo que he estado fuera ha sido pensando en volver, afirma Roberto Marrero, abogado, expreso político, activista alguna vez cercano a Leopoldo López que hoy se define como un militante de la unidad. Marrero estaba exiliado en España. Acabo de llegar, no tengo ni casa en este momento, afirma. Los chavistas no querían hacer la Ley de Amnistía, fue una imposición de (Donald) Trump. Quienes creemos en la reconstrucción nacional, vamos al encuentro de esta política. He regresado porque creo en la necesidad de reinstitucionalizar al país. Para que este proceso arranque tenemos que regresar, esto no se puede hacer a distancia.

El regreso de estos dirigentes ha producido sorpresa en la opinión pública y ha sido recibido con algo de incredulidad en las redes sociales. Algunos internautas anónimos a veces desahogan su furia contra estos políticos opositores, colocando todo lo que hacen bajo la zona de sospecha. Los acusan de confabularse con el régimen para obtener mejoras y de olvidarse de la causa democrática. Ahora están preguntando que qué hice para volver, que de dónde saco para vivir acá, afirma Marrero. Nadie me preguntó nunca qué estaba comiendo en la cárcel, o cómo hacía para sobrevivir en el exilio. Tampoco les interesa cómo están los presos políticos ahora mismo. A veces cansa la falsa moralidad de algunos en este país, se lamenta.

Alonso Moleiro – El País de España

 

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