A lo largo de la historia los seres humanos hemos tenido siempre la acuciosa disposición de procurarnos cada vez más cosas.
Ha sido una carrera desenfrenada, sin límites.
Los asuntos tal vez impensables, apenas dos decenios atrás, en la actualidad son cotidianos.
Los seres humanos buscamos por encima de lo que sea y a cualquier riesgo y precio abrirnos horizontes; y admitamos que todavía esa perspectiva sigue abierta como el primer día.
Vivimos pensando cualquier cantidad de alternativas existenciales.
Sin lugar a dudas, uno de los instrumentos expeditos para formalizar y sistematizar todo cuanto reflexionamos y deseamos ponerlo en práctica es la educación.
Con este exquisito vehículo de enseñanza-aprendizaje hemos hecho maravillas; sí, pero también hemos cometido bastantes desaciertos.
Sin embargo, hemos ocupado suficientes horas teorizando cómo acceder y consolidar un “proceso” educativo exactamente para los tiempos que nos toca vivir, y que trace una línea auspiciosa a futuro.
Precisamente, en relación al factor tecnologizante actual –implícito en la dinámica de la enseñanza-aprendizaje– deseamos detenernos para explicar que, en los últimos 37 años, que es el tiempo que tiene de vigencia la www (word wide web), estamos enganchados en ese extraordinario instrumento de educación continua y permanente.
Nos ha atrapado esa Red de redes.
Internet llegó para quedarse, sin la intención de desplazar nada ni a nadie; sino para complementar las funciones y procedimientos de aprehensión y comprensión de las realidades.
Internet y todo lo que ello arrastra se ha constituido en un elogiable medio electrónico para los aprendizajes virtualizados, para buscar “saberes” on-line a conciencia; donde cada quien asume su densidad ética.
Se está volviendo como un hecho inescurrible e inevitable que cada quien diga: “me conecto, luego soy”. Algo así, como parodiando a Descartes: “pienso, luego existo”
Pareciera que queda rezagado en la actualidad, quien no intente manejar y capacitarse en Internet, intranet, cdrom, producciones multimedia, habilitar estrategias de e-learning, inteligencia artificial y un largo etcétera; no obstante, hay que tener mucho cuidado de no entramparse, y pensar que basta que tengamos cierto domino tecnológico de los procesos educativos virtualizados para apelar a tales mecanismos con la finalidad de salir de cuanto atolladero se nos presente.
Debemos comprender, conscientemente, que este dispositivo constituye, apenas, un instrumento electrónico, un vehículo de imbricación digitalizada, un medio de interconexión de alcance mundial, para potenciar nuestras capacidades; para vincular la tecnología de la comunicación y la información con el autoaprendizaje.
Aceptemos tal desafío.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua – Docente universitario de posgrado – abrahamgom@gmail.com

