pancarta sol

Neuro Villalobos: Tratando de entender las revoluciones (Parte 2)

 

Mientras la vejez física acusa síntomas indudables ‘canas, temblores y arrugas’ la vejez política es cosa que no advierten quienes la padecen. Walter Montenegro.

Según algunos estudiosos de las doctrinas político económicas, a las revoluciones las caracterizan tres elementos esenciales: análisis crítico del pasado y del presente; programa para un futuro ideal; y el método o plan de acción mediante el cual se hará la transición del presente hacia ese futuro ideal.

Si en algo existe coincidencia, es el diagnóstico y evaluación de una sociedad enferma como la nuestra, cuyos síntomas esenciales son: la pérdida de valores; la quiebra de las instituciones; el pragmatismo y perversión en el uso del poder, por nombrar los de mayor gravedad.  La gente viene exigiendo un  cambio, aún cuándo no precisa su carácter ideológico, para que le ayude a superar el estado de pobreza material y espiritual que lo aflige.

Distintos gobiernos se han sucedido históricamente, manteniendo las características estructurales del Estado, cambiando sólo la forma y estilos de gobierno: dictadura-democracia imperfecta-dictadura. Todos cargados de remedios para “curar” los males del pasado y del presente, aprovechando el descontento con lo que se tiene y la esperanza en lo que se quisiera tener, en una especie de ciclo de amargura, ilusión y desilusión.

Los programas políticos se sitúan dentro de tres  grandes categorías, según sea el énfasis o importancia que se asigne al individuo, la colectividad o al Estado. De lo cual dependerá entonces, la aplicación del método, que según sea el tiempo y lugar, podrá ser gradual o evolutivo o de forma violenta o revolucionaria.

Este apretado resúmen es necesario para entender algunos fundamentos sobre los que se sustentan las distintas corrientes de pensamiento: el individualismo, cuya expresión máxima es la democracia liberal, y el colectivismo, que incluye las distintas formas del socialismo, en oposición a la doctrina anterior. En éstas, la propiedad privada pierde el carácter que le asignan los individualistas y pasa a ser una propiedad de tipo colectiva. El Estado, como concepto jurídico y a la vez político, entra a jugar un papel perturbador y agresivo, según algunos o necesario y salvador según otros, ya que él no servirá al individuo sino a la colectividad.

De modo que podemos expresar que hay tres elementos esenciales que distinguen a lo que conocemos como sistema de vida capitalista, de los sistemas socialistas: el concepto de propiedad; el rol del Estado y el método utilizado para poner en práctica los programas sociales, según éste sea gradual o acelerado.

El sistema socilista pone el énfasis en la propiedad de carácter colectivo utilizándose como un medio para lograr una supuesta justicia social y la igualdad entre los miembros de una sociedad. La figura del Estado, como concepto jurídico y político, pasa a jugar un papel definitorio como instrumento de dominación, bien sea de una clase económicamente rica y poderosa, también conocida como plutocracia, o una clase políticamente fuerte, también conocida como oligarcas, de modo que en nombre del capitalismo individualista, el poder del Estado está en manos de los ricos o de una clase acomodada, también conocida como burguesía.

En el socialismo, los miembros de una misma clase con fuerza política, asumen todos los poderes del Estado. Pasan a ser los nuevos oligarcas, los cuales en nombre de los desheredados, de los pobres o del pueblo, utilizan los mecanismos e instituciones del Estado para ir restringiendo la libertad individual, convirtiéndo a éste en motor del desarrollo económico y social. Los pobres toman así, el camino de la servidumbre.

Profesor universitario.

 

Tradución »