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Antonio Pérez Esclarín, el hombre que llegó con 18 años y decidió quedarse a enseñar, por Luis Perozo Cervantes

 

Más de seis décadas de obra, de aula y de convicción. FILMAR 2026 lo honra como merece.

Hay una pregunta que Maracaibo le debe a Antonio Pérez Esclarín desde hace más de cincuenta años: ¿qué hace que un joven español de dieciocho años, nacido en Berdún —un pueblo del Pirineo aragonés, casi en la frontera con Francia—, llegue a Venezuela en 1963 y decida no irse jamás? La respuesta no está en ninguna declaración solemne. Está en las escuelas de los barrios del sur de Maracaibo. Está en los salones de la Universidad Simón Rodríguez. Está en los más de sesenta libros que ha publicado a lo largo de su vida y que hoy circulan traducidos a varios idiomas. Está, sobre todo, en los miles de maestros que han pasado por sus talleres y que salieron de allí convencidos de que enseñar no es un oficio técnico: es un acto de amor.

Filmar 2026 Zulia

Feria Independiente del Libro de Maracaibo 2026 rendirá homenaje a Antonio Pérez EsclarínSon ciento un momentos distribuidos entre el 14 y el 20 de junio, en la Sala Principal, la Sala Alternativa, el Escenario Abierto y la Zona Infantil de lo que promete ser la edición más ambiciosa de la historia de la feria. FILMAR 2026 lo honra como el personaje central de su octava edición. Y no podría ser de otra manera.

De Berdún a Maracaibo: El largo camino de un educador

Antonio Pérez Esclarín —apodado cariñosamente “Pechín” dentro del Movimiento Fe y Alegría— es doctor en filosofía por la Universidad Católica del Ecuador (1970) y Master in Divinity por el Woodstock College of New York (1971). Pero su mayor título no está en ningún diploma: está en el hecho de que, cuando la mayoría de los intelectuales de su generación hablaban de educación desde los escritorios, él construía una escuela en El Manzanillo, entonces un barrio de invasión en el sur de Maracaibo.

Llegó al Zulia para quedarse. Fue subdirector de la Normal Nueva América entre 1975 y 1984, coordinador pedagógico de Fe y Alegría-Zulia y luego de Fe y Alegría-Occidente, director del Centro de Formación Padre Joaquín de Fe y Alegría Nacional y miembro de su Comisión Coordinadora Nacional. Trabajó como profesor de filosofía educativa en la Universidad Simón Rodríguez. Dirigió y escribió para revistas pedagógicas. Editó colecciones enteras de materiales para maestros que trabajaban en comunidades donde el Estado era apenas una promesa lejana.

Todo esto sin jamás abandonar la escritura.

Una obra que no cabe en un estante

Hablar de la bibliografía de Antonio Pérez Esclarín es hablar de uno de los catálogos más prolíficos y consistentes de la literatura educativa venezolana. Más de sesenta títulos que van desde la novela —La agonía del presidenteJesús de GramovénEl gran hueco negro— hasta el ensayo filosófico, la crónica histórica zuliana y los libros de valores que han entrado en aulas de toda Venezuela y de varios países de América Latina.

Entre sus obras de educación popular destacan Simón Rodríguez, maestro de América, una reivindicación apasionada del pensador que Venezuela tardó siglos en entender; la serie de estudios sobre pueblos indígenas venezolanos —los Barí, los Wayuú, los Yukpa, los Paraujanos— que documentó con rigor y sensibilidad cuando nadie prestaba atención a esas comunidades; y títulos como Educar valores y el valor de educar¿Es posible educar hoy en Venezuela? y Más y mejor educación para todos, que siguen siendo textos de referencia en programas de formación docente.

En FILMAR 2026 se presentan las reediciones de Cuentos para cultivar valores y Parábolas para vivir en plenitud, dos de sus obras más leídas y queridas, y se estrena Educar con espíritu, su más reciente reflexión sobre el alma que debería habitar todo acto pedagógico.

Lo que Pérez Esclarín le dice a este tiempo

En una época en que la educación venezolana atraviesa una de sus crisis más profundas, la obra de Antonio Pérez Esclarín no tiene nada de nostálgica. Tiene todo de urgente. Porque Pérez Esclarín lleva décadas diciendo lo mismo con distintas palabras: que educar sin alma es fabricar autómatas, que una escuela que no forma en valores es una fábrica de individuos desorientados, y que ninguna tecnología educativa puede reemplazar al maestro que mira a los ojos a sus estudiantes y les transmite la convicción de que el mundo puede ser mejor.

“Hoy hace falta mucho valor para educar”, dijo en una ocasión, “el mundo va a la deriva.” Lo dijo hace años. Suena como si lo hubiera dicho esta mañana.

FILMAR 2026 no solo lo honra: lo convoca. Y al convocarlo, le dice a Maracaibo que la educación y la cultura son la misma pelea. Que leer es también un acto pedagógico. Y que una ciudad que construye su propia feria del libro, independiente y autogestionada, está haciendo exactamente lo que Pérez Esclarín lleva toda la vida predicando: tomar la formación propia en las propias manos.

Bienvenido a la feria, Pechín. La ciudad que te adoptó te espera el 14 de junio.

El Maracaibeño

 

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