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Gloria Cuenca: ¿Quiénes somos?

 

Tal vez, pensaran los amables lectores y seguidores, también los contradictorios lectores, que tengo obsesión por saber ¿quiénes somos? He escrito bastante sobre el famoso dicho esculpido en las puertas de la antigua academia griega: “Conócete a ti mismo.” En efecto, me sorprende el desconocimiento que cierta gente tiene sobre sí mismo. Sobre su conocimiento de la vida y sobre lo que está estudiando. Recordé las sabias palabras de Adolfo L, (QEPD): “Hay una ignorancia mayor entre los ignorantes: son los que no saben que no saben.” Como todo lo cuento, ya he contado lo que hizo, con los alumnos que, no sabían que, no sabían. Subía 2 puntos a aquellos que, al finalizar el examen, se devolvían a los 5 minutos de haberlo concluido. Estos se debían acercar, expresar: “Me equivoqué, cometí un error, en tal pregunta”. A mí me sonaba extraña esa actitud. Lo comprendí mucho después. Ahora, al ver la actitud de ciertos personajes, no dejo de sorprenderme. Algunos parece que no saben quiénes son, además de no saber que no saben que no saben. ¿Será?

En mis largos años de “revolucionaria” había cosas impensables, entre ellas el “cambio” de bando con la misma cara, diciendo y prometiendo lo mismo, mientras se “sirve al imperio.” ¿Extraño? Así de complicadas son estas situaciones que observamos en medio de esta locura continuada. Tenemos que estar alertas para no complicarnos existencialmente, ahora convencida de que el desquiciamiento que notamos, puede contaminarse. Hablando con seriedad la contaminación proviene de querer creer que hay salvación para esa ideología. El problema sería para algunos de ellos; supuestamente, no se ha entendido bien el postulado marxista, otros creen, es una falla en los líderes y otros no saben cómo explicar este desastre. En fin, es complejo pretender encontrar razones ante el evidente y estruendoso fracaso. La ideología no sirvió en la práctica; eso es incuestionable en todo el planeta.   Vuelvo a preguntar con inquietud: ¿Quiénes son? ¿De qué se trata esta situación? En mis tiempos juveniles, seguro se hablaría de “traición a los principios”. Hoy, eufemísticamente, se la llama “primera etapa de estabilización, rumbo a la transición. No obstante, lo que más me impacta es el descarado cinismo con el que se presentan ante sus, ahora sí, “escuálidas huestes”. Cero rojo, ahora azul, de ateos convictos y confesos a creyentes en la Virgen Santísima, con rosarios guindados al cuello, ¿se parece a alguien? ¿quiere recordar algo o, a otra líder? Bueno les informo y comunico, la sorpresa no me deja a veces, ni reaccionar, cosa extraña, por cuanto siempre he sido reactiva, naturalmente. Todo es tan estrambótico, pudiera decir “churrigueresco”[1] para que se entienda el nivel de alarma, sorpresa e impacto que causa, especialmente, en quienes conocemos de cerca lo que implica “ser revolucionario,” (para bien o para mal de ellos, los conozco a fondo) y la conducta observada frente a lo ocurrido desde el 3 de enero.

Entiendo, recuerdo, la frase del General Llovera Páez al General Pérez Jiménez, en enero del año 1958. Resulta clave: “General recuerde, pescuezo no retoña.” Dicha en situación crítica, mientras el dictador-presidente, pretendía, ¡Válgame Dios! enfrentar lo que ocurría el 22 de enero para amanecer el 23 del mismo mes. Se trató en efecto, de una cuestión de supervivencia. ¿Y, hoy no? La sorpresa ocurre y se nota, obviamente, el comportamiento no va acorde con lo que está ocurriendo.

Me asaltan dudas: ¿no saben? ¿no saben qué no saben? ¿creen que son muy astutos y pueden burlarse? ¿creen, en efecto que pueden borrar de un plumazo, con una media sonrisa el horror de lo que, han decidido, compartido, estimulado y actuado? Les confieso no lo entiendo: ¿El poder es más importante que la vida? Tal vez, no son conscientes. A la hora de la muerte: tan democrática; ni dinero, ni lingotes de oro, ni euros, tampoco dólares, que tanto gusta, se puede llevar. ¿O, será como nuestros ancestros indígenas, quienes enterraban joyas, ropa y demás pertenencias junto al difunto? Todo es posible, en esas mentes, catalogadas como raras y extrañas, incomprensibles para nosotros ciudadanos comunes y corrientes. No quiero seguir en el análisis de esta terrible y gran confusión sobre quienes aún detentan una parte del poder político; quiero reflexionar sobre lo que se nos avecina a los demócratas. Fundamental, el auto examen. Diría que resulta imprescindible. Vuelvo a otro predicado de Adolfo L. Herrera E, (QEPD): “Lo peor que nos puede pasar es, volvernos como ellos”. Luego me decía, con convicción: “Sí eso ocurre, habrán ganado, aun cuando dejen el poder”. Ante mi cara y postura, de inmediato me reconvenía: “No, no es fácil. ¿Crees que hay algo fácil en la vida?” “Queremos justicia, no venganza.” “Aspiramos a una democracia activa, renovada, con libertad y verdad”. “Libertad de expresión en todas sus modalidades, para que se vigilen, con atención y preocupación los pasos necesarios para garantizar esa “nueva democracia”. Así reflexionaba. ¡Menuda tarea tenemos por delante! Sin embargo, lo más importante es ser conscientes de lo que implica la libertad, la democracia y la conducta de los demócratas. No lo podemos olvidar. ¡Con ayuda de Dios y la Virgen  seremos verdaderos y auténticos demócratas!

[1] Es un estilo, que impacta en algunos países de América Latina. Se trataría de la exageración del “barroco español” especialmente, realizado en Ecuador y Perú.

 

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