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Carolina Jaimes Branger: Christian Vásquez; La batuta que le habla al alma de Venezuela

 

Escribo este artículo al salir del concierto del viernes 22 de mayo en la Sala Simón Bolívar del Centro de Acción Social por la Música en Caracas. La Orquesta Juan José Landaeta y el solista Luis Santiago Rodríguez, bajo la batuta del Maestro Christian Vázquez, nos regalaron un concierto memorable.

Christian Vásquez

Conocí a Christian desde que comenzaba con la dirección orquestal. Recuerdo que en una entrevista que le hice me contó que empezó en el núcleo de San Sebastián de los Reyes, su pueblo natal en el Estado Aragua, después de haber pasado caminando con su padre por la acera del recinto donde los muchachos estaban ensayando. “Yo quiero estar ahí” le dijo a su papá. El resto ya pertenece a la historia. Éxito, tras éxito, tras éxito.

Pero hay seres humanos que no solo alcanzan el éxito, sino que lo transforman en un puente para que otros puedan cruzar hacia sus propios sueños. Y eso es exactamente lo que representa Christian Vásquez para cientos de miles de jóvenes venezolanos que todavía creen —a pesar de todo lo que han pasado— en el poder redentor de la belleza.

Porque Christian no dirige únicamente orquestas. Dirige esperanzas.

Me dicen quienes lo conocieron desde cuando apenas comenzaba a descubrir el violín en las filas de El Sistema, creado por el amado y admirado Maestro José Antonio Abreu, ya existía en él esa mezcla extraña y luminosa de disciplina, sensibilidad y fuego interior que distingue a los grandes artistas. Creció entre partituras, ensayos interminables y esa pedagogía milagrosa que convierte a la música en refugio y destino para generaciones enteras de venezolanos.

Pero lo verdaderamente admirable de Christian Vásquez no es solamente que haya conquistado escenarios internacionales ni que sea invitado con frecuencia a dirigir importantes orquestas en Europa y América. Lo extraordinario es que jamás ha perdido la humildad. Otra lección de vida del Maestro Abreu.

En un mundo donde tantos confunden el prestigio con la arrogancia, él sigue transmitiendo cercanía. Sigue hablando de la música con emoción genuina. Sigue mirando a los jóvenes músicos con la misma ternura con la que seguramente alguna vez fue mirado por sus maestros.

Y estoy segura de que allí reside el secreto de su grandeza.

Cuando Christian Vásquez levanta la batuta, no solo dirige sonidos, sino que convoca emociones, tanto en los intérpretes, como en el público. Sus conciertos tienen esa intensidad casi espiritual de quienes entienden que la música no es un lujo, sino una necesidad y un alimento —quizás el principal— del alma. La crítica internacional ha hablado de su carisma, de su fuerza interpretativa y de esa conexión profundamente humana que establece con las orquestas que dirige.

Pero quienes ven en él una inspiración no son únicamente los grandes conocedores de la música clásica, son también esos muchachos venezolanos que ensayan en núcleos humildes, que cargan un instrumento en autobuses abarrotados, que sueñan con tocar algún día en las grandes salas del mundo y que encuentran en Christian la prueba viva de que sí es posible. Pienso que por esa razón pasa tanto tiempo en nuestro país.

Él representa algo profundamente venezolano: la capacidad de levantarse desde las dificultades con talento, trabajo y pasión.

En tiempos donde tantas noticias parecen empeñadas en oscurecer el futuro, figuras como Christian Vásquez nos recuerdan que Venezuela sigue produciendo excelencia, sensibilidad y grandeza humana, que todavía existen hombres capaces de honrar el legado de sus maestros y de devolverle al país, multiplicado, todo lo que recibieron.

Hay directores de orquesta que marcan el compás. Y hay otros —muy pocos— que logran marcar vidas. Christian Vásquez pertenece a estos últimos.

@cjaimesb

 

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