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Luis Alonso Hernández: Pantallas, atención y ciudadanía

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Hace unas semanas, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, instó a los jóvenes de su país a desconectarse un día al mes de las redes sociales y dedicar ese tiempo a la lectura. La preocupación no es menor: en plena era digital, la atención de niños y adolescentes está cada vez más fragmentada, desplazando hábitos fundamentales como la lectura profunda, clave en la formación de ciudadanos críticos.

Ya hemos advertido en textos anteriores sobre esta urgencia. La exposición constante a pantallas no solo altera los patrones de concentración, sino que también impacta la capacidad de análisis y reflexión. Diversos estudios han señalado cómo el consumo acelerado de contenido dificulta los procesos cognitivos asociados al pensamiento crítico. El problema resulta gravísimo y plantea un desafío serio para las sociedades contemporáneas.

Las respuestas comienzan a surgir desde distintos frentes. En Francia, el propio Macron ha planteado restricciones al acceso de redes sociales para menores de 15 años y ha impulsado evaluaciones técnicas sobre el uso de pantallas en la infancia, incluyendo recomendaciones de evitar su uso en edades muy tempranas. El debate no es exclusivo de ese país: varias naciones europeas estudian medidas similares, mientras otras, como Australia, han avanzado en regulaciones más estrictas sobre el acceso de menores a plataformas digitales.

En paralelo, instituciones educativas de alto nivel han comenzado a limitar el uso de teléfonos móviles dentro de sus espacios, promoviendo en su lugar actividades como la lectura, el teatro y otras expresiones artísticas. Estas iniciativas buscan recuperar entornos de aprendizaje que favorezcan la concentración, la creatividad y el pensamiento reflexivo.

El reto, sin embargo, es mayor en regiones como América Latina, donde la agenda pública suele estar dominada por la coyuntura política inmediata. La discusión sobre el impacto de la tecnología en la formación de las nuevas generaciones no puede seguir siendo secundaria. Formar ciudadanos implica también proteger su capacidad de atención, criterio y discernimiento.

Más que una cruzada contra la tecnología se trata de recuperar el equilibrio. De entender que no todo avance implica progreso si debilita las bases del pensamiento crítico. En esa tensión entre lo digital y lo humano, se juega buena parte del futuro de nuestras sociedades.

 

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