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Papel Literario del 12 de abril de 2026, por Nelson Rivera

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Amigos lectores:

I. Volvemos tras la pausa de Semana Santa con una edición cargada de buenas lecturas y dos novedades: nuevas columnas. Materia de sueños, de Anakarina Fajardo -comentará hechos del teatro venezolano-, y Siete leguas de Fanuel Hanán Díaz, concentrado en la materia en la que es un reconocido especialista de proyección internacional: la literatura para niños. Voy con mi recorrido semanal.

II. 1926 fue un año capitular en la vida y las escrituras de Virginia Woolf. Tras la crisis de salud que sufrió en agosto de 1925, se inició un tiempo en el que su genio produjo algunas de sus mejores obras. Mientras mejoraba o recaía, Woolf escribió varios de sus más peculiares, libérrimos y brillantes ensayos (“Estar enfermo”, “¿Cómo debería leerse un libro?” y ese breve de atmósfera impresionista que es “Un colegio de señoritas visto desde afuera”); produjo un salto estilístico y conceptual en su narrativa con el paso de La señora Dalloway El faro, al tiempo que Las olas se configuraban en su pensamiento; y, fundamental, escribió párrafos o páginas memorables en su diario, en el que desentrañaba los tratos incesantes que ocurrían en su psique, entre enfermedad y creación. De estas cosas hablo en las notas que ocupan las páginas 1 y 2, que incluyen una ilustración de Virginia Woolf realizada por la joven artista venezolana Oriana Armand.

III. Miriam Reyes nació en Ourense y a los ocho años cruzó el Atlántico para vivir en Caracas. Una vez finalizados sus estudios en la Escuela de Letras de la UCV viajó a Europa, donde ha vivido en varias ciudades. En el volumen Extraña manera de estar viva (Mixtura Editorial) publicado en 2022, el lector puede encontrar reunidos los seis libros de poesía que publicó entre 2001 y 2021. La publicación en 2024 de Con (Editorial La Bella Varsovia) le valió el Premio Nacional de Poesía de España 2025.

IV. Todavía bajo la irradiación del Premio Nacional de Poesía, Miriam Reyes presentó La edad infinita (Editorial Tránsito, 2025), que marca su debut como narradora (Reyes también es video-creadora y traductora). El preciosismo de su fraseo y el uso milimétrico de cada palabra remiten a esta consideración: es la prosa de una autora con un sólido hacer poético.

V. En la entrevista que le hizo Isaac González Mendoza, dice Reyes: “Mi mayor fortuna fue haber sido alumna de la Escuela de Letras de la UCV en aquellos años. El nivel de profundidad con la que se trataba cada obra y el espacio abierto a la creatividad en la lectura y en la crítica, sin dejar de lado la rigurosidad, no he vuelto a encontrarlos. Tuve los mejores profesores que pudiera soñar y los mejores compañeros. A pesar de todas las mudanzas y de todo de lo que tuve que deshacerme por no tener recursos para transportarlo o guardarlo, he conseguido conservar, como un tesoro, algunos materiales de las clases de María Fernanda Palacios, como las versiones al castellano que hizo junto a Guillermo Sucre de Mandelstam y Akhmátova; o los guiones de Tarkovski que ella misma transcribió para nosotros; o el dosier de “Ballenas y balleneros” que preparó para la lectura de Moby Dick. Nunca le estaré lo suficientemente agradecida”.

VI. A continuación, en Miriam Reyes: escribir en el umbral, escribe Miguel Gomes: “La edad infinita persigue su propia forma a medida que nos imbuye en su mundo y nos obliga a imaginarlo, entenderlo, vivirlo con el amplio repertorio de que es capaz la buena escritura para glosar las sinuosidades de nuestra experiencia. Y acudo al plural porque un vistazo es suficiente para entender que el limitante pacto autobiográfico carece aquí de vigencia y la escritora apuesta por lo transpersonal”. Páginas 3, 4 y 5.

VII. El apocalipsis, el camino y el triunfo de la palabra sobre la nada, es el título de la lectura que Edgar Cherubini Lecuna hace de El camino, la perturbadora y extraordinaria novela de Corman Mc Carthy, Premio Pulitzer 2006. “El padre y su hijo viajan desde el norte hacia el sur de los Estados Unidos tras una explosión atómica que cambia el mundo para siempre: “los relojes se detuvieron a la 1:17. Un largo rayo de luz y luego una serie de pequeñas sacudidas”. En la historia, tras dar a luz al niño, la esposa del hombre, presa de la desesperanza de haber parido a su hijo en un mundo destruido, se suicida. Desde entonces, el hombre se hace cargo del niño y cuando ya puede valerse por sí mismo emprende con él una travesía plena de acechanzas”. Página 6.

VIII. El eros, en el deseo, jerarquiza, discrimina y llama a un vínculo exclusivo. La philia también discrimina, requiere constatar la «amabilidad» moral del otro, la reciprocidad, para que haya amistad. Queda como único sentimiento que puede acercase a lo universal: el ágapecaritas, el amor al prójimo de la cristiandad. El ágape llama a amar aun cuando el otro me disgusta, y no es amable. Es un sentimiento en el que se sale de la dialéctica prosaica del «dar por recibir» para entrar en la esfera «poética del don». En la poesis, que significa Creación, se pasa de la lógica de la equivalencia y nos acercamos a sobreabundancia del dar”: apenas un párrafo del ensayo de Helena Arellano Mayz, “Las pequeñas bondades” que viene en la página 7.

IX. En la página 8 se ofrece Una lectura cristológica de Dostoievski, ensayo de Israel Centeno: “Pero es en El idiota donde Dostoievski intenta lo más audaz: crear un personaje que encarne a Cristo. El príncipe Myshkin no es un símbolo, ni una alegoría, ni un moralista. Es un ser humano que ama con una transparencia dolorosa. Su presencia revela, sin acusar, las oscuridades ajenas: la envidia, la violencia, la hipocresía, el deseo. Myshkin es el Cristo posible en la historia humana y, por lo mismo, el Cristo condenado. Su fracaso no significa que Cristo sea imposible: muestra que el mundo no soporta la inocencia”

X. María del Mar Ramírez Alvarado nos entrega Umberto Eco: periplo por Venezuela y otros apuntes: “Umberto Eco pidió a sus anfitriones conocer a esa especie de anacoreta que era Juan Félix Sánchez. Había quedado fascinado con sus construcciones de piedra, madera y barro, elaboradas con técnicas tradicionales-artesanales, en una obra no institucionalizada integradora de lo popular con lo religioso. El encuentro duró entre diez y quince minutos dominados, sobre todo, por el silencio. Sánchez le preguntó si era italiano y le envió saludos al Papa. En su lecho de enfermo, el artista ya muy envejecido se quedó adormilado; Eco salió sin hacer ruido de la habitación para no despertarle”.  Página 9.

XI. Gabriel Payares comenta El rehén, novela de Gabriel Mamani Magne (1987), escritor boliviano: “Este retrato boliviano insiste en tres aspectos fundamentales: la música (cumbia, chicha, merengue, en ocasiones el k-pop), el fútbol (la liga boliviana, los equipos del mundial, la partida que juegan los jóvenes en el patio) y una cierta precocidad sexual, propia de las infancias que culminan muy antes de tiempo. Todo esto proyectado sobre el telón inexorable del racismo, del cuestionamiento constante respecto a qué significa ser boliviano, pues, como suele ocurrir, con el nombre de Bolivia se puede hacer alusión al mismo tiempo a distintos países”. Página 10.

XII. El reportaje de Victoria Velutini que viene en la página 11 se titula La narrativa de una década. Recorre las publicaciones que el sello abediciones (UCAB), ha publicado desde el 2015 hasta ahora, obras de José Napoleón OropezaFedosy SantaellaKarina Sáinz BorgoMoisés NaímOscar MarcanoVictoria de StéfanoMiguel GomesAntolín Sánchez LanchoCecilia GonzálezAntonio López OrtegaSofía AvendañoTeresa de la ParraFrancisco SuniagaEduardo LiendoNéstor Luis GarridoKarl Krispin, Ednodio QuinteroNorberto José OlivarIsabel ArcayaRubi GuerraChristian y Juan Fuentes SaloniaElisa MartínezCesia Hirshbein Jacqueline Goldberg.

XIII. Les cuento de las columnas:

Anakarina Fajardo escribe La escena, donde lo fugaz trasciende. Comenta el Festival de Jóvenes directores del Trasnocho Cultural, recientemente ocurrido en Caracas.

-La entrega de Fanuel Hanán Díaz versa sobre la Literatura infantil venezolana en la diáspora.

-Por último, agregué una breve nota mía dedicada a la narradora suiza Fleur Jaeggy, al cierre de la página.

XIV. Gracias por acompañarme hasta aquí, apreciados lectores. Les mando mis buenos deseos.

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