Hagamos las paces
Los primeros datos realmente preocupantes, se los escuché en un noticiero local de Barquisimeto, al profesor Carlos Melendez, del Observatorio de universidades y docente de la UCLA, y me dije “esto tienen que difundirse, estos datos hay que conocerlos”. Por eso esta columna sobre universidades en emergencia.
El Observatorio de universidades (OBU), se creo en el 2018, por los profesores Carlos Melendez y Yelene Salazar, ambos de la UCLA, y no sólo crearon ese programa para tener datos de la Universidad Centro Occidental. Recogen datos de todas partes. Compartiremos con ustedes algunos de esos datos que OBU nos aporta, para que veamos el problema de la educación universitaria en nuestro país. A veces se piensa que la educación está mal en preescolar y primaria y bachillerato, y que los maestros venezolanos – ya lo sabemos – son los peores pagados del América Latina…También los docentes universitarios venezolanos son los peores pagados de AL: Pues hoy, con esos datos de OBU veremos que la educación superior no escapa de esos problemas.
Empecemos por la alimentación: 3 de cada 10 profesores universitarios no comen las tres veces al día. ¿Qué les parece? Pero no cierren la boca todavía.
Sigamos: 4/10 han tenido que vender algún bien para poder comprar sus medicinas e incluso para poder alimentar a su familia.
Y así como los maestros de primaria, 7 de cada 10 tiene otro trabajo para ampliar sus ingresos. O sea que nada de aquella situación de antes que ser docente universitario era lo máximo que un educador podía por día soñar. Nada de que los ingresos de los que trabajan en educación superior cumplen con el artículo 91 de la Constitución: todo trabajador o trabajadora debe ganar lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. Y no creamos que esos otros trabajos son siempre de tipo académico, a veces, me comentaba un profesor activo, ¡Nooo! A veces son trabajos de limpieza, por ejemplo, o hacer carreritas con su auto, los que todavía pueden mantenerlos. En esta misma línea, el 10% recibe ayuda de amigos o familiares que están el país y 19% recibe ayuda de familiares o amigos que están fuera del país.
Continuemos. Veamos unos datos de salud. Las angustias tienen sus secuelas: 6 de cada 10 profesores y estudiantes, tienen 3 o más síntomas de depresión. O sea, la situación paga factura. Me comentaba un médico amigo, que atiende consulta en el servicio de salud de la UCLA, para el personal de esa universidad, que ve casos dolorosos, pacientes – profesores activos o jubilados – que no tienen para sus medicinas.
¿Y que tal las condiciones de trabajo? Pues también dan ganas de llorar. El observatorio nos dice que 8 de cada 10 estudiantes y trabajadores consultados dicen no tener luz de manera regular, y tampoco sanitarios que funcionen. ¿No es terrible? Y, además, hay que decir, que la situación se sigue deteriorando cada año, pues los presupuestos aportados por el gobierno para las universidades no alcanzan para lo mínimo.
Continuemos con esas condiciones necesarias para le educación superior. Reportan los consultados que 6 de cada 10 no tienen bibliotecas especializadas ni laboratorios. ¿Cómo formar profesionales universitarios sin bibliotecas ni laboratorios? No hablemos de las posibilidades de que profesores y estudiantes tengan computadoras personales.
¿Cómo llegan estudiantes a sus centros de estudio? Estdiantes de pregrado, el 50% llega caminando, y de postgrado, el 56%. Pensemos que ese servicio de transporte para estudiantes universitarios, antes tan eficiente ha venido decayendo, así como el servicio de comedores en las universidades. También hay mucho profesor que llega caminando a su lugar de trabajo.
Siguiendo con los estudiantes, 6 de cada 10 trabajan para poder seguir en las aulas. No nos extrañe que 6 de cada 10 estudiantes haya pensado en dejar de estudiar.
Y nos estamos quedando sin profesores – como nos estamos quedando también en la primaria y en el bachillerato – pues el personal envejeciendo y pocos desean ingresar. El 66% tiene 50 años o más. El 75% de los profesores ha pensado en dejar su trabajo de docente. Y por mucha tecnología, sin docentes no puede haber educación universitaria.
Para ir finalizando estos datos espeluznantes, no puede extrañarnos que la investigación se ha ya ido extinguiendo en nuestras universidades. Según OBU, el 59% de los profesores no tiene proyecto de investigación. El 49% no ha publicado ningún artículo de investigación en los últimos 5 años. Y para completar el encogimiento de la labor universitaria, el 82% no realiza trabajos de extensión universitaria.
Por supuesto que hay desigualdades. Hau universidades privadas que tienen mejores condiciones de trabajo, pero no todo el mundo puede estudiar ni trabajar en ellas. También hay desigualdades regionales.
Si usted quisiera ahondar en datos de esos que recoge OBU, puede visitar su página Observatorio de universidades. Por mi parte mi reconocimiento y agradecimiento por ese trabajo tan importante que hacen.
Y no sería justo terminar esta columna sin expresar nuestra admiración por los docentes que perseveran en educación superior a pesar de los bajos salarios y las condiciones de trabajo.

