La situación laboral en Venezuela es el resultado de un modelo que destruyó la productividad y el salario. Hoy el Estado refleja un desorden total: 5.803.000 pensionados frente a 5.500.000 trabajadores activos. Hay más personas dependiendo del sistema que produciendo, lo que hace inviable el pago de pensiones y jubilaciones.
La productividad está por el suelo. El país se sostiene sobre una economía paralizada, donde millones esperan ingresos que el Estado no puede garantizar.
El caso PDVSA es crítico: una nómina de 85.000 trabajadores, pero solo 15.000 sostienen la operación. El resto conforma una sobrenómina que asfixia la empresa y destruye sus finanzas.
A esto se suma un sindicalismo controlado por el poder, que eliminó la representación real y los derechos laborales.
Esto no es crisis… es un sistema que empobrece al trabajador y destruye la nación.
Secretario General del SUTPGEF

