Las declaraciones de Donald Trump alejan cualquier posibilidad de sosiego y mínima certeza en las previsiones económicas. Las ruedas de prensa o las palabras del republicano en su avión presidencial parecen formuladas para generar movimientos especulativos –e ilegales– en los mercados. Esto ha motivado serias sospechas sobre declaraciones de Trump en cuanto a la evolución del conflicto y la relación con la compra-venta de stocks de petróleo, con claros resultados: su entorno más directo se ha enriquecido de forma notable en poco tiempo, en pocos días, en pocas horas. A su vez, los resultados económicos de sus medidas empiezan a mostrar signos de resquebrajamiento: precios al alza y nula creación de ocupación. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, señala que Estados Unidos ha generado, literalmente, cero empleos en los últimos seis meses. Y en un contexto en el que resulta difícil que la máxima autoridad monetaria recorte los tipos de interés, la gran obsesión de Trump.
Los aranceles, la expulsión de población inmigrante, el cerril proteccionismo geopolítico, las amenazas constantes, el cierre de partes significativas del sector público, la intervención en conflictos externos con el máximo exponente de la guerra de Irán, constituyen factores que están cristalizando en algo peligroso y desestabilizador para la Casa Blanca: las ya relevantes protestas ciudadanas y los resultados de algunas elecciones locales, en las que los republicanos han ido perdiendo por abrumadora mayoría.
La duración de la guerra es incierta. Unos analistas predicen que será larga (más de tres meses), y ello incidirá en un incremento del precio del petróleo hasta acercarse a los 150 dólares (otros, más extremos, hablan de 200 dólares, que es la propaganda que está haciendo el régimen iraní). Se habla entonces de estanflación. Otros expertos pronostican resultados más breves, que conduzcan a un precio del crudo entorno a los 72 dólares (al inicio de 2026 se situaba en poco más de 60 dólares). En ambos escenarios, la espada de Damocles es la actitud excéntrica de Trump, con exabruptos que se asemejan a juegos de un personaje narcisista, malcriado y cruel: cambios de opinión, coacciones, insultos, descalificaciones constantes, que reformulan cualquier estrategia inversora y que coloca al planeta en el marco de una distopía gigantesca.
Al shock energético (con más del 20% de la producción afectada), cabe añadir problemas en el acceso a fertilizantes y alimentos (un tercio del comercio general está bloqueado) y los semiconductores (menores accesos al helio y el neón). El alargamiento del conflicto agravará la situación. Según Polymarket, que explora 250 mercados de predicción en vivo de Irán (Irán predicciones y probabilidades), consulta realizada el 2 de abril), hay un 72% de probabilidad de que la guerra acabe antes de diciembre de 2026 y un 59% antes de junio, sin que ello implique una caída del régimen de Teherán, con un 60% de probabilidad de que haya una invasión terrestre por tropas estadounidenses. Estos porcentajes varían día a día; deben adoptarse con cautela. Trump y Netanyahu nos han metido en este avispero.

