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Jesús Rondón Nucete: Cristianos en el Medio Oriente

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El gobierno de Israel prohibió la asistencia del Patriarca Latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, a las ceremonias de la Semana Santa en la Iglesia del Santo Sepulcro, que tradicionalmente preside. Se anunció como medida –después revocada– para garantizar la seguridad del Prelado en tiempo de guerra. A juzgar por las reacciones de El Vaticano y del afectado, derivaba de la animosidad de algunos judíos hacia los cristianos. No terminan de cerrarse las heridas provocadas por errores históricos, a pesar de los esfuerzos, entre otros, del propio Patriarca, que tiene a Jerusalén como “casa de oración para todas las gentes”.

Juan Diego Avendaño 8 4 2026

Juan Diego Avendaño.

No existe plena libertad religiosa en ningún país del Medio Oriente, la región donde surgieron las grandes religiones monoteístas (y su expresión más antigua conocida, catorce siglos a. C.) y se desarrollaron sus fundamentos doctrinarios. En el caso de los cristianos, que fueron mayoritarios allí durante siglos, ahora son perseguidos en casi todos los lugares de lo que ellos tienen por Tierra Santa (incluso en algunos estados que se habían proclamado laicos, como Turquía). La Lista Mundial de la Persecución (elaborada por Puertas Abiertas, una ONG internacional) señala los países “donde seguir a Cristo implica riesgo, violencia grave o la muerte”. Los más peligrosos son: Corea (1), Somalia (2), Yemen (3), Sudán (4), Eritrea (5), Siria (6), Nigeria (7), Pakistán (8), Libia (9), Irán (10), Afganistán (11), India (12), Arabia Saudita (13), Myanmar (14) y Mali (15). En el mundo, en 2025 fueron asesinados 4.849 cristianos, detenidos 4.712 y agredidos 67.800.

La libertad religiosa es un derecho del ser humano, no un privilegio. Deriva de su naturaleza: ser social, racional y trascendente. Es uno de los pilares de la libertad: sin su reconocimiento, se niega ese origen de todos los demás. Porque la libertad –entendida como el derecho a ser, a desarrollar una personalidad propia– no sería completa sin el “derecho a creer en un origen divino de la existencia humana y a aspirar a la trascendencia espiritual”. El material se realiza en la sociedad, a través de acciones y obras. Nace, pues, con el hombre que lo ejerce como parte de sus derechos fundamentales. No es beneficio gracioso que otorga el poder de forma discrecional. No depende de la ley o de la autoridad: les toca reconocerlo y garantizarlo. No se regula ni se suspende (como puede ocurrir ocasionalmente con el derecho a practicar el culto, manifestación externa del derecho a creer).

Construir un sistema de creencias, que se traducían en actos que las reflejaran, fue una de las primeras manifestaciones intelectuales del ser humano. Independientemente de la validez que pueda darse a la hipótesis de la “trifuncionalidad”, en el desarrollo social (inicialmente postulada en relación con los pueblos indoeuropeos), se acepta generalmente que en todos los grupos humanos primitivos de diferentes lugares, una las funciones básicas era la guarda de sus creencias y la práctica de sus manifestaciones, normalmente vinculadas a las de dirección y autoridad (como lo expusieron en sus escritos Georges Dumézil y otros). Resulta casi imposible saber cuándo comenzó aquel proceso, pues no tenemos un testimonio directo que pueda datarse. Pero, es posible que el tiempo nos revele más sobre tales hechos, como ha ocurrido entre muchos con los referidos a la caza de animales, que muestran, entre otras, las paredes de las cuevas de Altamira y Lascaux.

No conocemos el momento de inicio de las creencias religiosas, pero sabemos que acompañaron al ser humano desde sus orígenes. En efecto, los antropólogos han encontrado rastros de las mismas –figuras, ritos funerarios– correspondientes a los primeros tiempos. Aquellos seres indefensos atribuyeron ciertos fenómenos naturales a una entidad poderosa: algo o alguien que dominaba sus vidas. Lo entendieron antes de la dispersión por el globo, la que a su vez provocó la aparición de variedad de interpretaciones. Las grandes religiones de hoy son recientes, pero antes hubo otras que, incluso, llegaron a organizarse en torno a templos (en Mesopotamia, Egipto, India). Las llamadas abrahámicas, monoteístas –judaísmo, cristianismo, islamismo– surgieron apenas en los últimos cuatro milenios. En algunos casos, los creyentes de distintas confesiones convivieron en forma pacífica, pero en otros se impuso la intolerancia y la negación. Algunos combatieron para imponer la suya, incluso a otros pueblos que adoraban el mismo Dios.

Pocas entidades estatales respetan plenamente la libertad religiosa. El último Informe bianual (octubre, 2025) de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia necesitada señala que 5,4 mil millones de personas (64,7%, casi dos tercios de la humanidad) viven en 124 países (cinco de ellos en América Latina) donde se niega sistemáticamente el derecho a profesar libremente una fe religiosa: en 62 de ellos (cuatro de los seis más poblados, incluidas India y China) se producen graves violaciones, en 24 ocurren persecuciones y en 38 actos de discriminación. La causa principal de la represión es el autoritarismo político: en efecto, en 54 países las autoridades adoptan estrategias para controlar o silenciar la vida religiosa (que suponen alienta la libertad). La situación se agrava donde persisten conflictos armados (como Ucrania, Sudán, Myanmar y Gaza). Además, en la actualidad, se observan actos violentos antirreligiosos por particulares en Europa y Norteamérica, donde antes eran escasos.

Según el informe de la fundación pontificia mencionada, la otra causa importante de persecución de los cristianos es el nacionalismo: en 15 países de África y Asia es la principal y en otros 10 lo es de discriminación. Ahora mismo, es factor influyente en los países del Sahel (donde, además, ha producido cambios políticos en fechas recientes). La historia muestra muchos ejemplos de la relación: el surgimiento de una nación, con frecuencia, se liga a la adopción o afirmación de una creencia religiosa. Lo fue en el mundo antiguo, a comienzos de la época moderna y aún hoy. También las guerras dan impulso a persecuciones religiosas. Con frecuencia la expansión o la defensa de una fe anima a los beligerantes. La difusión del islam se hizo a la voz de ¡Allahu akbar! como la reconquista española al grito de ¡Santiago y cierra! Los caballeros cristianos sentían al Apóstol a su lado.

En los países árabes y en general en los de religión musulmana, así como en India (donde 80% se adhiere al hinduismo), los cristianos son discriminados, cuando no perseguidos. En Medio Oriente, desde el siglo XIX, su número ha descendido por la emigración. En Líbano, los maronitas constituían la primera minoría; pero las amenazas y las guerras obligaron a miles a huir. En Siria, con mucha influencia en algunos lugares (especialmente en Alepo) todavía –a pesar de la partida de más de la mitad– representan alrededor de 16,2%. En Irak destacaban en muchos campos, pero las guerras afectaron su situación. Con todo, las iglesias en comunión con Roma (maronita, armenia de Beyruth, greco-melquita de Damasco, siria en Beyruth, caldea de Bagdad y copta) agrupan alrededor de siete millones de fieles. Dos vecinos del Cáucaso son cristianos: Armenia (94%) y Georgia (85%). Conviene agregar que los musulmanes no permiten el proselitismo religioso.

Los cristianos no solo son perseguidos en países de mayoría musulmana, sino, igualmente, en otros de distintas orientaciones. Según la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa internacional, más de la mitad de los casos documentados en 2024 ocurrieron en China (oficialmente atea) e India (de mayoría hinduista). En ambos, también se persigue al islam. Por otra parte, en el Mediterráneo Oriental, los católicos sufren discriminación. Turquía (de mayoría musulmán) abandonó el laicismo, oficial desde la revolución de Kemal Ataturk. La reconversión en mezquita de Santa Sofía lo mostró al mundo. Y en Grecia, donde la Constitución consagra como dominante la Iglesia Oriental Ortodoxa (90% de la población), no existe espíritu ecuménico: se recuerdan el gran Cisma (1054) y las barbaridades de la IV Cruzada (1202-1204). Los católicos (4%) no son considerados como verdaderamente griegos. El papa Francisco hizo notables esfuerzos (incluso audaces) para remediar las situaciones mencionadas.

El cristianismo fue durante siglos la religión mayoritaria del Oriente Próximo. Fue el lugar de la primera predicación y donde se produjo el desarrollo de su doctrina fundamental. Allí enseñaron los Apóstoles y los primeros Padres de la Iglesia. Pero, Pedro se estableció en Roma y la Iglesia se hizo universal. Más adelante se dividió (Cisma de 1054) y se debilitó (especialmente la rama dominante en el Imperio Bizantino). Eso permitió la expansión del islam y la disminución de los cristianos. Con todo, hasta hace poco el porcentaje de estos era importante en varios lugares (especialmente Líbano, Siria e Irak). Ahora, lamentablemente, decae.

X: @JesusRondonN

 

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