Durante estos días, más que celebrar, conviene detenerse.
La gran música sacra, la verdadera, no comienza en la luz. Comienza en el silencio, en la espera, en ese territorio incierto donde el dolor no ha sido todavía redimido. Bach, Mozart o Haendel no escriben para consolar de inmediato, sino para acompañar ese tránsito.
Esta selección que he intentado recorrer, pretende seguir ese camino. No sé si lo logre pero lo intenté
Primero, la sombra: la música que mira de frente al sufrimiento sin adornarlo. Luego, un umbral casi imperceptible, donde la luz apenas se insinúa, frágil, contenida. Y finalmente, la afirmación: no como estruendo, sino como una alegría que ha pasado por la prueba.
La Resurrección, cuando es auténtica, no necesita exagerarse.
I. El silencio y la espera
Bach – Erbarme dich (Pasión según San Mateo): Janet Baker.
Bach – Wir setzen uns mit Tränen nieder: Klemperer.
Bach – Ruht wohl (Pasión según San Juan): René Jacobs.
Mozart – Lacrimosa: Karl Böhm, Berliner Philharmoniker, 1971.
Pergolesi – Quando corpus morietur: Cecilia Bartoli y June Anderson, Charles Dutoit.
II. La transición
Bach Magnificat: Gardiner.
Fauré – Agnus Dei (Réquiem): Herreweghe, Collegium Vocale.
Mozart – Tu virginum corona (Exsultate, jubilate):Kiri Te Kanawa, Colin Davis.
Schubert – Sanctus (Misa en sol mayor): Gardiner.
Mozart – Alleluja (Exsultate, jubilate): Regula Mühlemann.
III. La resurrección
Charpentier – Prélude (Te Deum): William Christie.
Bach – Kommt, eilet und laufet: Herreweghe.
Handel – Hallelujah (El Mesías): Colin Davis.
Handel – Worthy is the Lamb: Gardiner.
Bach – Dona nobis pacem (Misa en si menor): Blomsted.

Emilio Figueredo – Analítica.com

