En diversas comunidades de Barquisimeto se han visto en la necesidad de recurrir a alternativas para fumigar y así evitar la proliferación de mosquitos, especialmente con la situación con la fiebre amarilla.
La presencia de zancudos en patios y viviendas se ha vuelto una constante. Debido a la ausencia de jornadas oficiales de fumigación y abatización, residentes de las comunidades de Barquisimeto se han visto obligados a recurrir a métodos caseros para prevenir las picaduras y proteger a sus familias de posibles enfermedades.
«Compramos insecticida (el de caracol) y hacemos «trampas» con los cartones de huevos, que aunque puede causar problemas respiratorios es lo que espanta a los zancudos», comentó Ana Palencia, vecina de La Ruezga, al norte de la capital larense.
No es sólo por la incomodidad del zumbido de los mosquitos en los oídos que interrumpen el sueño, además del picor en la piel, sino que ahora con la reaparición de la fiebre amarilla y el dengue, enfermedades trasmitidas por el mosquito Aedes aegypti, residentes de comunidades como La Ruezga, Atilio Ravicini, Santa Isabel y Santo Domingo temen ser afectados.
Fumigación como prevención y protección ante la fiebre amarilla
En algunas viviendas encienden cartones de huevos para que el humo «corra» a los zancudos, mientras que otros compran insecticida en forma de caracol, que no sea muy tóxico, para colocarlo en todos los ambientes de la casa.
«Como estamos cerca de la quebrada tenemos más zancudos y me ha tocado resolver. A mi hijo lo baño en alcohol y le pongo mono y suéter para evitar que lo piquen, porque se le hacen rosetas», indicó Juana Márquez, habitante del sector Atilio Ravicini.
En horas de la noche es cuando más atacan los mosquitos. Los vecinos contaron que sufren con los cortes eléctricos porque deben salir a la calle y es allí donde el «ataque» es más fuerte. Rafael Escalona, de forma jocosa, sostuvo que los mosquitos «le cantan reggaetón en el oído».
«Los zancudos están a toda hora y en todos lados, tengan o no una quebrada o buco cerca. Por ejemplo, en el barrio San José hay y por allá no han pasado fumigando», dijo Manuel Uranga, habitante de la parroquia Unión.
Aunque las personas realizan «trampas» en sus casas con vinagre y agua, alcohol, cartón quemado y aceites como el de citronela, reconocen que no reemplazan los programas de fumigación por parte de los entes oficiales.
Exigen control en todo el territorio
En las comunidades que no se encuentran en las parroquias priorizadas de Lara: Agua Viva (municipio Palavecino), Juan de Villegas y Guerrera Ana Soto (municipio Iribarren) y Gustavo Vega León (municipio Simón Planas), los habitantes exigen a la Dirección de Salud Ambiental y Contraloría Sanitaria que ejecuten planes de fumigación en todas los sectores para evitar la propagación de enfermedades.
«Recuerdo que hace años, cuando llevaba a mis hijos a consulta por tener dengue, de inmediato la Dirección de Salud enviaba una cuadrilla a fumigar la casa, pero hace seis meses tuve a mi papá con dengue y no llegó nadie», sostuvo la señora Ana, mientras tenía en sus manos un cartón para espantar a los mosquitos.
Hace dos semanas, la doctora Elizabeth Manzanilla de Valecillos, secretaria de Salud de Lara, informó que han estado realizando operativos de fumigación y abatización en las comunidades que pertenecen a las tres parroquias priorizadas, para la prevención, al evitar criaderos de zancudos.
Es por esto que los habitantes de las diferentes comunidades han pedido a la Alcaldía de Iribarren y a la gobernación que la fumigación sea para todos los sectores y que promuevan la eliminación de «cachivaches», es decir; objetos, adornos y utensilios viejos como medida de prevención.
Euseglimar González – La Prensa de Lara

