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Lara bajo sed la eficiencia hídrica se desplomó a 50% y bajando en los últimos 20 años

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La eficiencia en el suministro de agua potable en el estado Lara ha sufrido una caída drástica, pasando de un 75% de operatividad a niveles críticos que oscilan entre el 40% y 45%. Así lo denunció el ingeniero Julio Gutiérrez, presidente del Colegio de Ingenieros del estado Lara, quien calificó la situación actual como «por debajo de la media» necesaria para cubrir la demanda regional.

Desde el año 2002, la hidrológica regional se ha visto obligada a implementar planes de racionamiento y maniobras de sectorización en Barquisimeto y Cabudare, ante la incapacidad de ofrecer un servicio continuo de 24 horas. Sin embargo, el problema estructural va más allá de la distribución.

El impacto de la obsolescencia: Una fuga de miles de beneficiarios

Uno de los puntos más críticos señalados por Gutiérrez es la pérdida constante de caudales debido al deterioro de la red matriz. Se estima que las filtraciones y fugas visibles principalmente en horas nocturnas por el aumento de presión alcanzan los 350 litros por segundo (lps).

Para dimensionar la magnitud del desperdicio, el especialista planteó un ejercicio técnico basado en los estándares de consumo: Si con 100 lps se abastece a una población de 34,560 habitantes.

La pérdida de 350 lps implica que aproximadamente 120,960 personas dejan de recibir el servicio debido a la ruptura de tuberías que debieron ser reemplazadas desde el año 2000.

«La política pública y la capacidad presupuestaria para estas inversiones dependen del Ejecutivo Nacional. Las hidrológicas actualmente solo cuentan con recursos para mantenimiento preventivo y reparaciones menores», explicó el presidente del gremio.

El «efecto dominó» entre Corpoelec e Hidrolara

La crisis se agudiza por la falta de sincronía entre la administración de carga eléctrica y el sistema de bombeo. Según denuncias que coinciden con los movimientos Unidos por el Agua y Gente del Agua Carabalí, los cortes eléctricos en los municipios Iribarren y Palavecino están desmantelando la operatividad de los pozos.

El ingeniero detalló un escenario técnico recurrente: cuando se suspende el flujo eléctrico en un «anillo» que alimenta la estación de producción, pero se mantiene la energía en el sector de rebombeo (o viceversa), los motores deben apagarse obligatoriamente para evitar que se quemen o comiencen a cavitar.

«Esta descoordinación entre la generación de energía y las estaciones de producción deja en una vulnerabilidad extrema a los ciudadanos, especialmente en el municipio Palavecino», enfatizó Gutiérrez.

 

Nira López – El Impulso

 

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