Hagamos las paces
Primera estación: Hoy no se pudo dar clases, varios días sin agua… ¿Cómo limpiar los baños? Se necesita agua para tener la escuela aseada, y para que los niños se laven… Esta es una de las primeras causas de suspensión de clases.
Segunda estación: hoy tampoco hubo PAE, Programa de Alimentación Escolar. Ya sabemos que muchos niños no están teniendo las 3 comidas en sus hogares, tampoco el personal, sabemos que la letra con hambre no entra. Cuando hay desayuno o merienda, los salones se llenan…
Tercera estación: renunció otro profesor de bachillerato, el de refrigeración, dice que con dos días haciendo servicio a aires acondicionados gana más que en 15 días dando clases, y necesita mantener a su familia. Los bajos, bajísimos salarios no permiten a los docentes mantenerse en un trabajo, aunque tengan mucha vocación. Loa educadores, héroes sin capa, que perseveran, se ven obligados a buscar uno o dos trabajos más para poder seguir en aula.
Cuarta estación: renunció otra maestra en la escuela pública vecina y no le han puesto suplente, los niños de ese grado no están teniendo clases. Así hay muchos casos, y sobre todo los pequeños, necesitan a sus maestras, olvidan con facilidad lo que van aprendiendo si no tiene refuerzos.
Quinta estación: ¡Otra vez sin electricidad! No se puede prender la bomba para el agua, tampoco los ventiladores, y ya está haciendo mucho calor. Los servicios públicos son necesarios, razón tiene la LOPNNA de contemplar como un derecho de los NNA de tener un “nivel de vida adecuado”, como lo dice el Art. 30, y ello supone servicios
Sexta estación: Faltaron otra vez William y Valentina, dos pequeños cuyos padres se fueron a Colombia buscando cómo mantenerlos. Los niños se quedaron con la abuela, que está muy mayor. Como ellos, hay muchos “niños dejados atrás” en las escuelas. Necesitan atención especial, se entristecen con frecuencia, les cuesta más rendir en la escuela.
Séptima estación, hubo una pelea violenta en el patio. Se cayeron a golpes dos estudiantes de primer año, y otros chicos en vez de separarlos, los aupaban. Afortunadamente, como a Jesús le ayudó el Cirineo a cargar la cruz, un profesor que estaba de guardia vio la situación e intervino.
Octava estación: Vanessa no quiere ir a la escuela, es gordita y le hacen mucha burla en su salón. El acoso escolar, ese que es silencioso reiterado, intencional, es muy dañino. Hay que poner atención cuando un alumno no quiere ir a la escuela varias veces… La violencia escolar tiene muchas caras.
Novena estación: volvieron a robar a la escuela, se llevaron hasta los techos de los pasillos, y por supuesto, las computadoras que estaban en el salón donde se enseña a los jóvenes informática. No hay vigilancia policial para los centros educativos, y aunque unos vecinos, cuando escucharon ruidos extraños llamaron a la policía, estos llegaron muy tarde.
Decima estación: el profesor guía llegó tarde, es como no le alcanza el sueldo para pagar pasaje, se viene caminando desde su casa y queda lejos. Como él otros también caminan. Se le está pidiendo mucho a los docentes que trabajan en las escuelas públicas y subsidiadas.
Undécima estación: hay varios chicos del segundo año que decidieron no volver a clases, dicen que se aburren, que no ven la importancia de seguir estudiando… Hay docentes que no están actualizados, los alumnos se aburren, se necesitan clases participativas, animadas, que se parta de los intereses de los educandos.
Décima segunda: los estudiantes están saliendo de 6 grado, y a veces del bachillerato, y no todos saben leer bien, ni comprender lo que leen, ni ubicar a Venezuela en un mapa, a veces ni sumar, restar y multiplicar, esto es, las competencias básicas.
Décima tercera: asaltaron a varios alumnos en el bus cuando venían al liceo, la inseguridad también es una cruz para las escuelas con entornos violentos, no permite educar en paz. Y casi que se pone peor cuando hay operativos buscando delincuentes. Todo el mundo en peligro. Hay heridos y detenciones arbitrarias.
Décima cuarta: hay escuelas que han cerrado por falta de alumnos y de maestros. Aunque tengan vocación por la educación, hay maestros que no pueden sobrevivir con esos salarios indignos. ¿Cuántas escuelas no han reducido su número de secciones por causas similares? Y sin maestros no hay escuela.
Hay más cruces, unas más pesadas, otras más livianas. Agregue o quite las que no vea, pero ayude a cargar las cruces de la escuela donde trabaja o donde estudian sus familiares. Pidamos a Dios que nos enseñe a ser Cirineos.
La Semana Santa no termina el viernes santo con la crucifixión de Jesús, sino el domingo de resurrección, y entonces conviene que veamos algunos signos la escuela de hoy que nos da esperanza. Resucita una escuela cuando hay docentes que perseveran a pesar de los bajísimos salarios y de las múltiples dificultades; resucita una escuela cuando se crean grupos juveniles que dan oportunidad de formación y de participación a niños, adolescentes y jóvenes, como Huellas para diferentes edades; hay signos de resurrección cuando el personal da acompañamiento psicoafectivo a los alumnos, cuando se preocupan y se ocupan de su entorno familiar, de su ánimo; resucita una escuela cuando se fomenta la fraternidad y se enseña a los alumnos a resolver sus problemas por vía pacífica; resucita una escuela cuando madres, como las Madres Promotoras de Paz, se vuelven comadres de las maestras y convierten a los niños y niñas en sus ahijados y hasta suplen a maestros en emergencias… Agregue usted los signos re resurrección que ve en las escuelas que conoce.
Esta columna la escribí hace un par de años. Pero este Vía Crucis escolar sigue vigente.

